Entrevista a Pablo Colón Perales, párroco en Coria del Río
"Vivimos en una realidad secularizada y descreída, y frente a ella, tenemos que salir a los foros de debate, y la salida debe ser en base a las preferencias sociales y culturales de la vida como nos invita el Papa"

Pablo Colón Perales (1962, Tánger) ha sido sacerdote en Brenes, Écija y Villamanrique de la Condesa, vicario parroquial en la Parroquia de San Lucas Evangelista de Sevilla y posteriormente, párroco en Castilblanco de los Arroyos. Desde 2022, es párroco de la Iglesia de San José de Coria del Río.

– La primera pregunta que le planteo es fundamental: ¿Cómo recibió la llamada del Señor?

Fue un proceso dilatado en el tiempo, de modo que no fue una llamada en el sentido directo de la palabra, ya que entré en el Seminario Mayor con 37 años, pero antes me dediqué al teatro, cursé Filología Hispánica y fui durante mucho tiempo catequista de confirmación.

En ese proceso hubo diferentes momentos de fuerte reflexión sobre lo que Dios quería de mí, pero fue en el año 2000 cuando respondí para formarme como seminarista de nuestra diócesis.

– ¿Podría hablarnos sobre la vida en los seminarios? ¿Qué se hace y qué se estudia en ellos?

– Un seminario es una casa de formación durante un periodo muy prolongado de seis años, durante el cual se trabajan todas las dimensiones, y a diferencia de lo que dice el tópico, un seminario no es una casa de curas sino una ocasión para la formación propicia y de ese modo, discernir si se tiene vocación, trabajando con el seminarista todas las dimensiones que le capacitan para ser sacerdote. 

En el seminario el estudio es fundamental, aunque también la vertiente comunitaria (al vivir en comunidad), pastoral (al tener presencia en las parroquias) y humana, ya que se valoran las relaciones humanas en el desempeño del sacerdocio. 

La formación académica dura cinco años y en el sexto año, se verifica si se dan las condiciones por medio del diaconado, es decir, se ordena diácono pese a seguir siendo seminarista, manteniendo esa condición hasta que es ordenado sacerdote. 

– ¿Cuál ha sido su experiencia con los diferentes arzobispos de Sevilla?

– Por mi edad, ya que era niño y adolescente, tengo referencias del Cardenal Bueno Monreal, aunque he tenido un trato y una cercanía muy estrecha con el Cardenal Amigo Vallejo, que fue el obispo de mi seminario y mi formación, y también de la mitad de los años que llevo como sacerdote. Luego, he sido párroco con sus dos sucesores: Asenjo, que es nuestro Arzobispo Emérito, y Saiz Meneses, que actualmente es nuestro Pastor. 

– ¿Cuáles son sus Papas de referencia? 

– Más bien por mi padre he seguido con mucho interés el Concilio Vaticano II, y mi familia se desarrolla en un ambiente muy deudor del Concilio, por lo que tengo recuerdos de niño de Juan XXIII y Pablo VI, aunque como joven crecí muy marcado por el pontificado largo y fecundo de Juan Pablo II, y con él vine al seminario. 

– ¿Qué cree que puede aportar a la sociedad la Teología del Cuerpo de San Juan Pablo II? 

– Sobre todo, unicidad en una sociedad radicalmente secularizada que ha puesto en el centro a la persona y no a Dios por medio de la autonomía de la persona y el voluntarismo en el contexto social y cultural en el que vivimos, aportando, por tanto, unicidad en la dimensión material, espiritual y moral en un contexto en el que el relativismo que profetizo San Juan Pablo II ya está entre nosotros. 

– ¿Cómo cree que debe ser la evangelización del siglo XXI a la luz de los cambios culturales y las nuevas tecnologías?

– Siguiendo la llamada del Papa Francisco. Venimos de un grandísimo teólogo con enorme lucidez como era Benedicto XVI, que ya profetizo una situación que está entre nosotros, y actualmente, con el Papa Francisco, se está debatiendo una evangelización que interpele a la realidad y complejidad del mundo actual. 

Vivimos en una realidad secularizada y descreída, y frente a ella, tenemos que salir a los foros de debate, y la salida debe ser en base a las preferencias sociales y culturales de la vida como nos invita el Papa Francisco. Tenemos que comunicar lo que vivimos, y más que el número, tenemos que potenciar el testimonio y ser testigos. 

– ¿Qué opina del ecumenismo? ¿Cree que se podría llegar a la plena unión con las iglesias ortodoxas?

– El ecumenismo es una aspiración que está en el mismo corazón de Cristo, y hay momentos en los que hay más o menos avances, de hecho, el Concilio apostó por el ecumenismo, como hizo Pablo VI.

Al estar en el mismo corazón de Cristo, la unidad significa presentar ante el mundo el único rostro de Cristo, pero en la práctica hay dificultades, ya que existen planteamientos dogmáticos e históricos que son muy difíciles de unir. 

Como he indicado antes, se han hecho gestos desde el movimiento crucial del Concilio de la mano de Pablo VI, ya que, si no hay unidad plena, que no haya fractura entre hermanos, tendiendo los puentes que sean posibles en torno a lo que nos une y no a lo que nos desune. 

– ¿Qué opina de la situación de Tierra Santa y de los cristianos en Oriente Medio?

– Es una situación martirial, sin duda, y desde la Iglesia sufrimos por todos los inocentes, sean de la condición, raza o religión que sean. Tenemos el testimonio de nuestros hermanos de Tierra Santa desde la realidad y la cierta desesperanza de no poder encontrar una solución a medio plazo. 

Los cristianos de allí viven su espiritualidad en medio del conflicto, con una guerra de consecuencias devastadoras. No hay víctimas de primera o de segunda, todas son iguales y tienen el mismo valor, otra cuestión son los verdugos, y en esta situación, como Iglesia, nos interpelan las víctimas y los hermanos que dan su vida en una situación de conflicto. 

– ¿Qué es lo más duro de ser sacerdote?

– Lo más duro es ser fiel a las exigencias de este ministerio, a las cruces de la vida, abrazar las cruces de los demás y ser fiel al testimonio del Cristo en un contexto que, si no es enemigo, es, desde luego, muy contrario a lo que tú propones. 

– ¿Tiene usted alguna devoción especial?

– Soy hermano de varias, pero tengo una especial devoción por el Cristo del Amor, cuya imagen tengo sobre mi mesa, que fue para mí la primera semilla y mi primera escuela cristiana. 

En cuanto a figuras de santidad destacaría a San Francisco de Asís, ya que soy muy deudor de todo el espíritu franciscano, y Santa Ángela de la Cruz, de hecho, muchos sacerdotes son devotos de las Hermanas de la Cruz.

En lo que a lugares se refiere, hay uno que descubrí en mi etapa como seminarista, que fue un lugar ecuménico, como es la comunidad de Taizé en Francia, que se encuentra, en concreto, en el sudeste del país, cerca de Lyon, siendo una comunidad ecuménica que tiene en su seno a personas consagradas de origen católico y protestante, acogiendo semanalmente en sus retiros a jóvenes y adultos.

Taizé bebe mucho del monacato occidental, se reza la liturgia de las horas, ofrece talleres bíblicos y fundamentalmente se vincula a la oración, y jamás desean que nadie permanezca allí, ya que se concibe únicamente como retiro, acogiendo a personas durante una semana para que luego vuelvan a su parroquia o su vida ordinaria, contando con toda la aprobación de la Iglesia Católica, de hecho, el primer Papa que le dio el amparo de la Santa Sede fue Juan XXIII, que, además, fue el primero que la visitó cuando todavía estaba emergiendo. Fue un lugar que me dejó mucha huella en mi etapa como seminarista. 

– ¿Qué nos enseña San José a día de hoy?

– Sobre todo, como Custodio de Jesús, nos enseña a cuidar del mandato del Señor como él mismo hacía y la confianza de un hombre prudente y confiado en los planes de Dios incluso en una época tan ideologizada, ya que San José confía y acepta los planes de Dios aun sin comprenderlos del todo, siendo un hombre prudente que se abandona a los planes de Él. Yo destacaría, por tanto, esas dos facetas. 

– Por último, para cerrar tan fructífera entrevista, le planteo una pregunta que, a diferencia de las anteriores, es muy trivial: ¿es usted bético o sevillista?

– Siendo totalmente sincero, yo sigo la tradición de todos los párrocos de San José y soy sevillista.




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