En unos tiempos en los que parece que dar por sentada la igualdad de género es lo que procede en toda conversación, y pocos son los que la ponen en duda, encontrarte con un reportaje que pone el acento sobre las diferencias entre hombres y mujeres, parece que va contracorriente, y por eso quería compartir con ustedes lo más llamativo de un estudio que firmaba Daniel Méndez este pasado verano.
Sabido es que ni los cuerpos masculinos y femeninos son iguales, ni lo son sus enfermedades. Las hormonas, la constitución física y la sensibilidad al dolor varían según el sexo, hasta el punto de que ha surgido una nueva disciplina médica: La medicina de género.
Pongamos un ejemplo: cada año mueren en España 9.000 mujeres más que hombres a causa de enfermedades cardiovasculares (fuente INE), pero seguimos relacionando el infarto con un mal masculino, y los síntomas que se conocen son los asociados a ellos: un dolor intenso que se extiende hasta el brazo, cuando en las mujeres se manifiesta con náuseas, vómitos, dolor en la nuca y en la mandíbula, indigestión… Lo cual hace que pase inadvertido o que se detecte tarde, resultando así que la tasa por mortalidad por infarto sea el doble en mujeres que en hombres.
El infarto no es la única enfermedad que hace distinción entre hombres y mujeres: las migrañas, la osteoporosis, los trastornos de ansiedad o depresión son mucho más frecuentes en mujeres que en hombres. En la menopausia desaparece el efecto protector de los estrógenos, aumenta el riesgo de obesidad, de hipertensión arterial y los niveles de lípidos. Muy a menudo la medicina parece haber olvidado que los cuerpos reaccionan de manera diferente, desde la investigación básica hasta la práctica hospitalaria.
El patrón oro de los síntomas de las enfermedades comunes sigue siendo el hombre, y así se enseña tradicionalmente en las Facultades de Medicina. Podemos constatar como en los ensayos clínicos sobre nuevos fármacos apenas hay mujeres, cuando hasta una simple aspirina es metabolizada de manera distinta por un hombre que por una mujer, debido a las diferencias enzimáticas en el hígado y a la mayor presencia de grasa en el organismo femenino.
Hay motivos genéticos, hormonales y sociales que explican por qué los síntomas difieren entre distintos sexos y por qué los cuerpos reaccionan de manera diferente a los tratamientos: el embrión XX produce estrógenos, mientras que el XY es fuente de testosterona. Las hormonas de ellas son mucho más cambiantes y desarrollan más anemia hasta la menopausia, con síntomas como cansancio o baja concentración, que pueden asociarse erróneamente a una cuestión psicológica. También padecen más migrañas y osteoporosis.
En el plano mental, los trastornos de ansiedad y la depresión son el doble de frecuentes en mujeres que en hombres. La anorexia afecta más a la mujer, así como las fobias. Es conocido que la digestión es más lenta en la mujer que en el hombre, lo cual afecta a la absorción de medicamentos, como por ejemplo los somníferos, que tardan más tiempo en ser absorbidos por la sangre.
Las mujeres son más sensibles al frío, y al mismo tiempo su cuerpo muestra una temperatura mayor, entre 0,3 y 0,8 grados, dependiendo entre otras cosas, del momento del ciclo menstrual en que se encuentren.
El organismo femenino combate mejor las infecciones, pues reconoce antes que el masculino al patógeno, y activa el sistema inmune mucho antes que los hombres, debido a que la testosterona masculina retrasa la activación, aunque en compensación, es más agresivo.
Ellas metabolizan peor algunos fármacos y el alcohol, lo que las hace más propensas a desarrollar cirrosis biliar primaria o hepatitis C. Aunque los hombres padecemos más fracturas de caderas, las mujeres, tras la menopausia, tienen mayor riesgo de osteoporosis por la pérdida de masa ósea producida por la disminución de los niveles de estrógenos.
Por último, también la pérdida de hierro derivada de la menstruación facilita la absorción de sustancias como el cadmio, o dicho de otra forma, ellas son más fáciles de envenenar.
Ejemplos todos ellos que nos llevan a concluir que la igualdad entre hombres y mujeres en el plano de las enfermedades es una entelequia, cosa que todos sabíamos, pero que no está mal considerar cuando hablemos de tan manido tema.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






2 Comments
Excelente revisión de patologías ! Biológicamente somos muy diferentes como bien has averiguado , y justo eso ha permitido la evolución de la especie, la maternidad , la protección a la familia y tantas facetas de nuestra vida , que más bien deberíamos estar orgullosos no solo de ser diferentes sino complementarios .
Un cordial saludo
Un magnífico artículo. Muy, muy interesante. Y que conste que yo, como mujer, he aprendido mucho con él.
Gracias Alberto.