La ley de la selva es la ley del más fuerte: la ley del león; si es que el león es el más fuerte de la selva. Y es la ley que sigue rigiendo entre los animales porque, pese a algunas idealizadas concepciones irracionales sobre ellos, pero que en nada afectan a la naturaleza animal, los animales se mueven por sus instintos… animales.
Por el contrario, una de las leyes fundamentales de la humanidad y de la civilización es la ley del control de los fuertes sobre los débiles y/o la ley de la protección y el respeto a los débiles por los fuertes. Estas leyes caracterizan la evolución de las sociedades humanas, aunque en ocasiones padezcamos dolorosos parones y retrocesos en su aplicación. Como sucede hoy en la mayoría de sociedades occidentales precisamente con los más indefensos entre los más débiles: con los que carecen de voz, voto y representación para siquiera denunciar su letal situación.
Con emotivos mensajes al principio nos decían que, en situaciones límite, su derecho a vivir podía entrar en conflicto con otros derechos; para finalmente pasar a ignorarles y machacarnos con la idea de que sus muertes significarían un gran avance para el progreso de la humanidad. Y como por nuestro egoísmo y comodidad nos interesaba creérnoslo, nos lo creímos. Pero esto nos ha devuelto a la ley de la selva. A una sofisticada selva donde impera un instinto aun más salvaje que el de los animales; porque ellos no matan a sus crías en el vientre de sus madres.






2 Comments
«La corrupción de lo superior es la peor corrupción». La especie humana es la superior en el reino de la naturaleza, en consecuencia cuando se equivoca o transgrede las leyes naturales las consecuencias son potenciadamente patéticas. El aborto «voluntario por moda» es daño individual, social y a la propia estirpe. Entre los animales «el hombre suele ser el peor animal».
Felicito a Miguel Ángel Loma por su esclarecimiento público y le saludo cordialmente.
Muchas gracias por el comentario, Claudio.
Un saludo.