Hoy me van a hacer el favor de permitirme comenzar haciéndoles una pregunta: ¿desde cuándo no disfrutan de jugar una partida de ajedrez? Doy por hecho que saben jugar y que en alguna ocasión se han deleitado con este milenario juego, tantas veces llevado al cine y del que podríamos escribir más de un tratado.
Por supuesto, me estoy refiriendo a ese encuentro vis a vis con otra persona, no contra una máquina en una aplicación bajada en su móvil, ese rato que compartimos durante un tiempo indefinido con alguien conocido, o no, y que nos aporta los placeres propios de los buenos juegos de mesa.
Viene al caso esta pregunta a raíz de una reciente película española, “Menudas piezas”, que trata sobre los avatares de una profesora venida a menos (de dar clase en un colegio de élite pasa a impartir clases de recuperación en un instituto de la periferia) y que se sirve del ajedrez para encauzar a unos alumnos díscolos, basada en una historia real acaecida en Zaragoza capital, que ha dejado huella en aquella ciudad y en toda España.
Formo parte de una generación que encontraba en el ajedrez el modo de pasar esas horas muertas del verano en torno a la siesta o veía en él una forma de hacer amigos cuando llegaba de vacaciones estivales a Fregenal de la Sierra (Badajoz) donde arribé por primera vez con quince años, sin conocer a nadie. Tanto disfrutaba con él, que mi maestro de bachillerato (lo cursé en una academia de barrio por libre) me regaló al casarme un ajedrez en madera noble.
Con el paso del tiempo he descubierto los numerosos beneficios que aporta el ajedrez y que, sin ánimo de ser exhaustivo, paso a referirles tomando como referencia un artículo de Fernando Goitia:
- Aumenta el rendimiento escolar. Como psicólogo debo decirles que el jugarlo a edades tempranas potencia áreas cognitivas que serán claves en el desarrollo posterior de los estudiantes, de ahí que esté fuertemente implantado en los colegios de muchos países de Asia.
- Estimula la capacidad de análisis y de síntesis. Supone un entrenamiento para la concentración, tan necesaria en muchos momentos de la vida, obligación de analizar las distintas alternativas, fomento del pensamiento crítico y autocrítico, llevándonos a buscar la mejor opción en cada caso.
- Entrena la memoria visual, la espacial y la asociativa, en la medida en que nos lleva a recordar movimientos o estrategias usadas con anterioridad.
- Fomenta la creatividad. Los dos hemisferios cerebrales trabajan por igual: el izquierdo con el análisis intelectual, el razonamiento lógico y la abstracción, y el derecho con la creatividad y la imaginación.
- Ayuda a convivir con las reglas y enseña a asumir las consecuencias de nuestros actos, pues aquí no interviene el azar, ni hay postes, compañeros de equipo o árbitros a quienes culpar de la derrota.
- Obliga a buscar una intención detrás de cada movimiento, al plantearnos por qué elegimos un movimiento y no otro.
- Facilita la socialización, y lo sé por experiencia propia. El ajedrez no deja de ser un juego que es gratis, no requiere de conversación y además se puede jugar a distancia.
- Desarrolla la autoestima (la práctica aporta progresos adquiridos por uno mismo), la tenacidad (cada partida es un paso hacia delante), la resiliencia (las derrotas y los contratiempos fortalecen el carácter) y la capacidad de sacrificio (el coste de oportunidad de jugar una partida se mide por el valor de aquello a lo que hemos renunciado con tal de dedicar un tiempo a ello).
- Reduce la impulsividad. El ajedrez es magnífico para frenar esas decisiones no meditadas que el ritmo de vida que llevamos nos obliga a tomar en más de una ocasión. Cada movimiento va precedido de una reflexión y quién duda de que es importante acostumbrarnos a pensar antes de decidir.
- Es una excelente terapia para el tratamiento del Trastorno por Déficit de Atención o Hiperactividad (TDAH) y que sufren algunas personas con dificultad para prestar atención y padecen una conducta impulsiva.
Razones todas ellas tomadas en su conjunto o de forma individual que deben hacernos mirar este juego como algo único a nuestro alcance, si bien hay una lección para nuestra propia vida que no aparece entre las diez antes enumeradas, que se produce siempre que terminamos de jugar una partida y que personalmente veo como la más importante: que todas las fichas (reyes, reinas, alfiles, caballos, torres y peones) van al mismo cajón. Que lo disfruten.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






2 Comments
Gracias Alberto, magnífica actividad este verano con todas las ventajas que tiene!
Horas para disfrutar !
Feliz verano
Empecé practicar y amar el ajedrez, allá por los años 80. En la barriada de Santa María de Ordas había un pequeño bar llamado Hispalis ( para nosotros el bar de Marino ), cuyo duelo era aficionado y un excelente jugador. Frecuentábamos mucho el sitio, porque era uno de esos lugares donde podías eater con amigos sin necesidad de quedar previamente con nadie. Ibas cualquier día y siempre te encontrabas con alguien conocido. El caso es que el dueño nos fue contagiando el gusanillo por el ajedrez y llegamos a organizar pequeños torneos y muchas veces jugábamos partidas por el simple placer de jugar, conversar mientras tomabas la cervecita. Jugar al ajedrez resultó un elemento de unión entre amigos y que daba pie a la posterior charla y afianzar relaciones amistosas, en un mundo sin móviles, internet ni whatsapps, impensable hoy en día.
Desde entonces siempre me ha gustado el ajedrez aunque no haya tenido ocasión de jugar con frecuencia. Cuando mi hijo regresó de su período en la Academia, me trajo la grata sorpresa de su afición por el ajedrez y entre los volvimos a practicarlo, lo que supuso un motivo más de satisfacción paternal para mí.
Sin duda el juego tiene todas las características que mencionas y es una excelente herramienta mental. Te obliga a planificarte, a nos hacer un movimiento porque sí y cuando llegas al medio juego, en un momento determinado, tienes que tener también decisión, arrojo, un punto de valentía para hacer una jugada arriesgada. Me gusta el valor que puede llegar a tener un simple peón hasta el punto de decidir una partida. El concepto de que una sola pieza no puede ganar nunca por sí sola, sin la acción coordinada con todas las demás. Su origen en remotos tiempos y antiguas civilizaciones, y posteriormente expandida por los árabes, a veces me hace pensar si intelectualemente hemos avanzado, o más bien retrocedemos…
PD el pensamiento final es demoledor…….. En realidad » sic transit Gloria Mundi »
Un abrazo