Es normal que cuando tratamos en un artículo una cuestión que da de sí como para escribir un libro, nos embargue la sensación de que se nos quedan muchas cosas en el tintero, y es por ello que no me he resistido a la tentación de añadir unas pinceladas al artículo de la semana pasada para enriquecerlo con algunos matices.
Uno de esos matices es la complicación que encuentran los egresados de las facultades y escuelas hispalenses para poder quedarse en la ciudad a ejercer el grado que han estudiado. De hecho, el 43 % encuentran trabajo fuera de Sevilla (informe “El impacto socioeconómico de la Universidad de Sevilla en su entorno”, publicado por el Consejo Social hace unos meses), y de estos últimos, el 20 % se va fuera de la comunidad autónoma andaluza, siendo Madrid el principal destino dentro de España.
Este dato viene corroborado por el último informe anual del Banco de España, que pone de manifiesto el “efecto aspirador” que las grandes ciudades ejercen sobre los empleados muy cualificados del resto del país, y que se debe a los ecosistemas que generan las grandes urbes, con mayores sueldos, una productividad más alta y empresas y actividades de mayor valor añadido. Madrid y Barcelona, entre 2005 y 2018, atrajeron 10.000 y 4.400 empleados muy cualificados, respectivamente, del resto del Estado, de media cada año.
El informe “La despoblación de la España interior” de la Fundación FUNCAS, alerta de que 23 provincias, perdieron la mitad de su peso demográfico, económico y laboral en los últimos 70 años, por lo que una de las soluciones que se proponen para atajar esta sangría es la de potenciar las ciudades medianas, como por ejemplo Jerez de la Frontera y Dos Hermanas, donde se da un buen equilibrio entre nivel y calidad de vida.
Desde fuera de España se nos alerta de que una de las posibles causas de las dificultades para encontrar trabajo para los jóvenes, radique en el elevado número de “ninis” (jóvenes que ni estudian ni trabajan) en nuestro país: un 23 %, sólo superado por Grecia (26 %) e Italia (27 %). Según el estudio “Learning for Life” (junio de 2021), que analiza los datos de los países de la OCDE sobre cómo se estructura el aprendizaje a lo largo de la vida en cada país, llama la atención de que en el caso de España, sus alumnos pasan de los 15 a los 27 años con el mismo grado de comprensión lectora, o dicho de otro modo, nuestros jóvenes no leen lo suficiente como para avanzar el grado necesario en su desarrollo intelectual.
El informe también corrobora algo que ya sabemos por experiencia y es de sentido común: por un lado, el crecimiento de los logros es más pronunciado entre los jóvenes cuyos padres tienen un alto nivel de educación respecto a aquellos con menor educación (con o sin título universitario); por otro, los alumnos con profesores con vocación docente, enamorados de su asignatura, que más inspiran y que más entusiasmo desprenden, motivan mejor a sus alumnos hacia la lectura, y, por ende, a conseguir un empleo de calidad.
En cuanto a los jóvenes que encuentran un trabajo, lo hacen en el marco de una contratación temporal, casi el doble de la tasa general, con un salario medio que ya era un 12 % inferior al de diez años antes de que comenzara la pandemia, y también con una duración media inferior, por eso se debe favorecer la transición hacia los contratos indefinidos en beneficio de los colectivos más vulnerables, en especial de los jóvenes, que tienen menos derechos a la percepción de prestaciones sociales, están abocados a una provisionalidad que se prolonga en el tiempo más de lo necesario, a que su talento se malogre y con el riesgo de que su ánimo se envenene (muchos sufren depresión, e incluso se producen suicidios, y no son pocos los que están desmotivados, atascados en la vida o han dejado de soñar con un mundo nuevo).
Esperemos que el “Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia” remitido por el Gobierno de España a Bruselas no sea una mera declaración de intenciones en lo que al empleo se refiere, e implemente una simplificación de la normativa laboral que nos haga albergar esperanzas de un cambio a mejor con respecto a la situación actual.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






1 Comment
Mucha fé hay que depositar en el Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia del Gobierno, para que sea la panacea que solucione este problema. Además el origen de todo, la madre de la criatura, es la educación ( en un sentido integral de familia y escuela ) y la formación como competencia exclusiva de las instituciones académicas sobre todo públicas y que es imposible de armonizar sin el utópico pacto de Educación que nunca llegará y condena a los programas públicos a someterse a la ideología de turno. El hábito de leer y de estimular la comprensión de lo que se lee como herramienta para formarse una opinión propia, ha desparecido hoy en día, fagocitado por la inabarcable cantidad de información imposible de asimilar muchas veces y que hace preferir las cabeceras de noticias o el reducido texto de un twitter antes que leerse un artículo de más de media página y mucho menos un libro sea de la clase que sea. Pero la esperanza es lo último que se pierde.