Las recientes elecciones en el país germánico nos dejan lecciones que vuelven a repetirse de manera constante no sólo en el mundo occidental sino en el hemisferio sur, tal fue el caso de Brasil.
Estos últimos comicios han puesto fin a la legislatura de gobierno de Olaf Scholz, que lideraba la coalición de socialdemócratas, liberales y verdes, lo que en Alemania se conoce coloquialmente como “coalición semáforo” (en base a los respectivos colores de cada uno de sus integrantes), fruto de la heterogeneidad de sus actores políticos, que ha tenido su expresión en la política económica que debía seguir la nación. En este sentido, en un escenario de recesión como el que vive el país, los liberales del FDP propugnaban una agenda de bajada de impuestos, recorte de subvenciones y relajación de la agenda climática, mientras que los socialdemócratas del SPD, en consonancia con Los Verdes, abogaban en su lugar por subir los impuestos, aumentar el déficit y la deuda públicas, así como incrementar la inversión pública.
Ante planteamientos económicos difícilmente conciliables, el FDP optó por dejar el gobierno, y ante la quiebra de la mayoría gubernamental, el canciller Scholz se sometió a una cuestión de confianza en torno a su continuidad, en la que contó con el único respaldo del SPD, su propio partido, ante el voto en contra de los liberales y la abstención de Los Verdes.
La convocatoria de elecciones anticipadas en el ecuador de la legislatura se convirtió en la única alternativa para desbloquear la situación de un gobierno en minoría.
Dichos comicios se han saldado con la victoria de los democratacristianos de la CDU (el PP alemán), quedando en segundo lugar los identitarios de Alternativa para Alemania, que, salvando las distancias, sería la formación más similar a VOX en el país, lo que ha supuesto la quiebra del bipartidismo nacido de la posguerra, pues han relegado a los socialdemócratas del SPD (que venían de ser el partido del gobierno) a la tercera posición. Por otro lado, Los Verdes han salvado los muebles al mantener el cuarto puesto, mientras que el liberal FDP se ha quedado fuera del Bundestag (como le sucedió en 2013 tras una legislatura de coalición con Merkel), situación análoga a la de la Alianza Sarah Wagenknecht (BSW), partido nacional-populista de izquierda escindido de la extrema-izquierda de Die Linke, por lo que sería similar al Frente Obrero de Roberto Vaquero.
Se pueden extraer valiosas lecciones de estos comicios en torno a la idiosincrasia de un país dividido entre una zona oriental en la que siguen ganando la CDU y el SPD, es decir, los partidos tradicionales, mientras que en la zona oriental se vota masivamente a las alternativas al clásico bipartidismo, siendo el caso de AfD, Die Linke y BSW, siendo peculiar el caso de Berlín, ya que en la capital ha ganado Die Linke, los herederos del Partido Comunista de la Alemania Oriental, los mismos que en 2011 celebraron el aniversario del muro de Berlín, lamentando que fuese derribado.
Atendiendo a las diferentes encuestas se puede observar que los electores de la CDU han votado movidos por la economía, mientras que los del SPD y Die Linke han hecho lo propio en base a las políticas sociales, los de AfD por la inmigración y los electores de Los Verdes por el medio ambiente. No obstante, un factor a tener en cuenta es que los votantes que han perdido en estos comicios los socialdemócratas han sido por la cuestión migratoria.
En lo que a los trasvases de votos se refiere, se puede observar que el crecimiento de votos de Alternativa para Alemania procede en un 40 % de la abstención, un 20 % de la CDU y un 20 % del FDP. Por otro lado, la mayoría de los votos que ha perdido el SPD ha ido a la CDU, aunque también a AfD, Die Linke y BSW, del mismo modo que la pérdida de sufragios de los liberales ha ido a las arcas de los democratacristianos, y en menor grado a AfD y la abstención, mientras que los desencantados de Los Verdes se han refugiado en Die Linke y a menor escala en la CDU, a lo que se suma el caso de la izquierda identitaria de BSW, que pese a quedarse sin representación, ha crecido a costa del SPD, Die Linke y la abstención.
En definitiva, se ha apreciado un desgaste y consiguiente retroceso electoral de los partidos integrantes de la coalición gubernamental, es decir, SPD, FDP y Verdes, creciendo en su lugar, los partidos de oposición CDU, AfD, Die Linke y BSW. Cabe añadir como hecho reseñable que ha sido el mayor triunfo electoral de un partido histórico como la CDU en siete décadas, siendo la ocasión en la que ha recogido más votos del SPD, su principal competidor por el gobierno.
Un dato que puede pasar desapercibido es el relativo al voto LGTBI, ya que Alternativa para Alemania es el partido que más apoyos ha recogido entre este colectivo, con casi el 30 % de los sufragios, seguido a gran distancia por Los Verdes, con un 20 %, mientras los que menos apoyos ha recibido ha sido el FDP, es decir, el partido equivalente a Ciudadanos, que al igual que la izquierda abandera causas como la ideología de género.
Lejos de tópicos absurdos y burdas manipulaciones, a muchos debería llamarles a una reflexión tan elocuentes estadísticas: ¿por qué el partido que tachan como extrema-derecha es mayoritariamente votado por las personas LGTBI? La respuesta es sencilla: la izquierda no se preocupa de sus problemas reales, que son los mismos que los del resto de los alemanes, pero agravados. Éstos son los derivados de la inmigración masiva y el proceso de islamización en un país en el que por la llegada de un millón de refugiados se han producido ataques con hacha en trenes y 30.000 violaciones en Colonia, poniéndose en no pocas ciudades carteles para que no se viole a las mujeres y la televisión pública teniendo que pedir disculpas por ocultar tan escalofriante realidad.
Frente a una izquierda que sólo crea chiringuitos ideológicos afines a minorías agresivas que no representan a los homosexuales, muchos de ellos temen por su seguridad y su libertad, viendo peligrar su estilo de vida por parte de aquellos que en sus países de origen los persiguen, propugnando culturas incompatibles con los valores occidentales.
No debe olvidarse que el partido al que mayoritariamente han votado, por mucho que lo demonicen, está liderado por una mujer, Alice Weidel, lesbiana, casada con una inmigrante de Sri Lanka, agnóstica y procedente de los liberales, rechazando a Hitler al considerarlo comunista, y su partido hoy es votado masivamente en los barrios obreros de la antigua República Democrática Alemana (la Alemania soviética).
¿A qué obedece la debacle del BSW, el partido nacido para recoger el voto de izquierdas de AfD? Si bien es cierto que recoge tanto voto de izquierdas (por la políticas económicas y sociales) como de derechas (por la cuestión de la inmigración), para diferenciarse de Die Linke, ha priorizado el componente nacional y la cuestión migratoria, pactando con la CDU en Parlamentos regionales, para lo que ha tenido que hacer concesiones a la derecha en cuestiones clave, algo que no ha gustado a su votante de izquierdas, que ha votado contra la globalización y que considera que su pacto con los democratacristianos supone asumir el capitalismo.
El FDP ha sido junto a la BSW la nueva formación convertida extraparlamentaria tras los comicios, ya que su votante se vio atraído por el partido liberal a causa de sus propuestas reformistas, en especial, las relacionadas con el sistema de pensiones, dada la preocupación que les genera la sostenibilidad futura del mismo, pero en su lugar, se aferraron a su recetario clásico de austeridad del gasto público y bajada de impuestos, que no pudieron implementar al compartir gobierno con dos fuerzas de centro-izquierda, en sus antípodas ideológicas. ¿A qué se debió un pacto a simple vista contra natura? Simplemente al descarte, ya que, pese a que el votante liberal prefiere pactar con la CDU (su aliado natural), cuando hicieron lo propio fueron fagocitados por Merkel, quedando fuera del Bundestag una legislatura, y tras volver en 2017, optaron por quedarse en la oposición sin entrar en el gobierno, algo que también les pasó factura.
El nuevo canciller, el líder de la CDU Friedrich Merz, no es similar a Feijóo sino a Casado, ya que ha representado un giro a la derecha en su formación tras el liderazgo de una Merkel que era perfectamente equiparable a Rajoy al aplicar una política muy alejada de su base social y acorde con las tesis de la izquierda, ya que llevó una errática política de puertas abiertas ante la crisis de los refugiados, desmanteló las centrales nucleares, aprobó el matrimonio homosexual e implantó el salario mínimo.
Merz ha criticado abiertamente la ejecutoria de Merkel en materia migratoria, defendiendo en campaña la necesidad de reforzar el control de las fronteras. No obstante, 24 horas después de su victoria electoral, al más puro estilo de Pedro Sánchez, se ha desdicho de sus propias palabras al afirmar que “no quiere cerrar las fronteras, aunque lo dijera en campaña”, lo que le retrata como el populista que es, ya que no dudó en comportarse como un actor que le dijo al electorado lo que quería oír en un país en el que la inmigración se ha convertido en una de las principales preocupaciones, para frenar el crecimiento de su rival AfD.
En efecto, Merz es perfectamente homologable a lo que en su momento fue Pablo Casado, alguien que se presentó como un nuevo Aznar y resultó ser otro Rajoy, dando la espalda al mandato mayoritario emanado de las urnas, ya que más de la mitad del cuerpo electoral del país ha votado a la CDU, AfD y BSW, es decir, a partidos que propugnaban en su programa una política de inmigración más restrictiva.
Desde las terminales mediáticas de la izquierda ya se han apresurado a señalar como modélico al centro-derecha por no querer pactar con la “ultraderecha”. Es evidente que dichos elogios obedecen a la tan manida estrategia de dinamitar los puentes del PP con VOX, avivando sus complejos y alejándole del único partido con el pueden pactar para acabar con esta reedición del Frente Popular de 1936 que lidera Pedro Sánchez. No obstante, ocultan la otra cara de la moneda: que el PSOE alemán ha dejado gobernar al partido más votado y no ha pactado con la ultraizquierda de Die Linke pudiendo hacerlo.





