La fecha del 28 de febrero está marcada en rojo en todos los calendarios de nuestra comunidad autónoma, pues, como sabemos, se celebra el día de Andalucía para conmemorar el aniversario de aquel referéndum celebrado en 1980 para conseguir la autonomía andaluza. Anteriormente la fecha que servía de nexo de unión a todos los andaluces era la del cuatro de diciembre de 1977, cuando tuvo lugar la macro manifestación que solicitaba la plena autonomía en todas y cada una de las capitales de provincia.
Es normal que con este evento se celebren actos protocolarios, que se le dediquen horas de clase en algunas asignaturas escolares, y que la bandera blanca y verde ondee al viento en lugares donde habitualmente no lo hace, pero es menos común que se tome como referencia para celebrar fiestas en los pueblos con un carácter familiar y entrañable, donde todos (niños, jóvenes, personas de mediana edad y los abuelos) participen del mismo.
Es el caso del tostón de Chucena (Huelva), una velada popular que se viene festejando desde hace más de una década a las afueras del pueblo el día de Andalucía, después de otra festividad típica como es la fritá: el calendario festivo chucenero se abre en el mes de febrero con la tradicional fritá, una jornada campera que la Hermandad del Rocío de esta población celebra para recaudar fondos, en el sitio conocido como la Dehesa del Perú, un paraje natural de incomparable belleza, poblado de encinas y alcornoques.
Invitado por unos amigos oriundos de esta localidad, me acerqué en un soleado día, lleno de colorido, a un paraje repleto de carpas familiares, mesas y sillas plegables, leña preparada por parcelas para ser utilizadas como brasa para parrillas, una gran caseta donde se servían caballas (manjar propio de la fiesta) y bebidas varias, en la que la barra estaba gestionada este año por la Hermandad del Cristo de Burgos, todo ello junto a un campo de olivos
El tostón es una comida típica que parte de una pieza circular de dos cuerpos de pan, que se corta por el centro para separarlo en dos, se le hacen cuadrículas con un cuchillo, y se pone al rescoldo de unas brasas por ambas caras sucesivamente. Se le unta un diente de ajo y se le echa un huevo a la plancha y melva con pimientos de piquillo a una de las partes, y con la otra se frota un ajo previamente puesto en papel de plata junto a la candela, otro huevo a la plancha junto a bacalao ahumado, caballa y, de nuevo, pimientos de piquillo. El resultado es un bocado exquisito que se puede saborear regado con mosto de la tierra y unas aceitunas gordales que le sirven de complemento.
Entre sevillanas cantadas y bailadas en los distintos grupos, vasos y más vasos de mosto, risas y ambiente familiar, me trasladé con el recuerdo a aquellas veladas de hace muchos años donde la relación entre vecinos, amigos, compañeros de trabajo, se hacía de forma natural, sin móviles por medio, como decía Jarcha, aquel grupo musical de Huelva que en los años de la transición cantaba aquello de “… gente que tan sólo quiere vivir su vida, sin más mentiras y en paz”.
Bendita camaradería la de estas humildes celebraciones de los pueblos andaluces que cuidan como un tesoro sus costumbres y viven en armonía sus festejos como este tostón de Chucena, un pueblo situado en el antiguo “Campo de Tejada”, que formó parte del Reino de Sevilla (es el primero de Huelva cuando venimos desde la capital de Andalucía) desde su conquista en 1253 por Alfonso X hasta 1833, cuando tras la división provincial de España, pasó a depender de la provincia de Huelva y más concretamente del partido judicial de La Palma del Condado.
Desde sus inicios hasta hoy, Chucena ha sido un núcleo eminentemente agrícola. En su centenaria historia, hemos de recordar la existencia de un gran pino de varios siglos de antigüedad, talado en 1988, que había sido declarado en 1954 Monumento de Interés Local (el Pino del padre Jacinto), y que figura en su escudo heráldico, presidido por una estrella, evocación de la Virgen que lleva ese nombre y patrona de la villa, que ya contaba en 1547 con una Cofradía para su culto y mantenía un hospital de pobres.
No basta con leer las bondades de estas celebraciones, hemos de vivirlas; por ello, les animo a visitar esta bonita localidad y a participar de sus fiestas patronales el día 15 de agosto, con el pasacalle de la Virgen de la Estrella, el festejo al que acuden multitud de vecinos de los pueblos colindantes, atraídos también por el llamado toro de fuego, que se disfruta sobre las tres de la madrugada de los días 14, 16 y 17 de agosto. Allí estaremos, Dios Mediante.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com





