En el «Barrio Sésamo» del globalismo mundial de Joe Biden y de Greta Thunberg (perdón, quise decir Kamala Harris), se ofrecen clases gratuitas de Matemáticas en las portadas de los medios de comunicación, si bien en la línea de aprobado general de la Ley Celáa.
Así, la revista Time, que cada mes de diciembre dedica la tapa a quién es el «Person of the Year» («persona» o «personaje» del año») para su equipo editorial, este año se la ha regalado a una ecuación absurda que se resuelve del siguiente modo: 1+1=1, de tal forma que un 1 y el otro 1 se tachan y se anulan, y entonces te queda el 1 final, que son dos, pero que en realidad es sólo una. Se entiende, ¿no?
Y es que en la América de «la nueva normalidad» las matemáticas tienen número (claro), pero también género y disforia, porque, como le recitaba retrechero Don Sebastián a Don Hilarión al inicio de la zarzuela «La verbena de la Paloma», con música de Tomás Bretón, «Hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad», y el presidente electo en votación popular con la mayor cifra de la Historia en EE.UU., no logró llenar ni un sólo auditorio durante la campaña electoral. Pero eso ya se explica por sí mismo.
Tan milagroso prodigio aritmético sólo opera a partir de las 03:42 de la madrugada del día 4 de noviembre, claro está, momento en el que los sistemas de un ejército de máquinas de recuento se desploman al unísono como androides de «Star Wars» a los que se les hubiera desvanecido de repente la energía que les llega de la «Estrella de la Muerte».
Cuando se restablece el suministro, el influjo del «Lado Oscuro de la Fuerza» ha cambiado de lugar los planetas, y las papeletas, y «El Halcón Milenario» viaja en dirección opuesta y marcha atrás, realizando caballitos colosales que asombran incluso al maestro Yoda.
Poco a poco, si Trump y la Cámara de Representantes no lo remedian, descubriremos que detrás de la voz oscura y sulfatada de Darth Vader aparecerá el rostro inconfundible de Hillary Clinton confesándole a Joe Biden: «Yo-soy-tu-padre…», y luego le ordenará que se marche a tomar el sol a una playa de las Bahamas mientras la Princesa Leia-Kamala Harris asume el cetro reunificado de todas las galaxias y Obama Skywalker parte raudo a su mansión de 16 millones de dólares en Martha’s Vineyard para llegar a tiempo a la cena con Michelón Obama, de los Obama de Naboo de toda la vida de dios.
Toda la historia moderna del Partido Demócrata norteamericano está marcada por esos Wonderland’s de fantasía que inició el príncipe JFK, cuando reunía bajo las mismas sábanas a dos princesas de leyenda, como Marilyn y Jackie, en su Camelot particular.
Una bruja de fusil desconocido puso fin al cuento en Dallas un 22 de Noviembre de 1963 y luego un pistolero inútil de la mafia remató la faena con su sucesor, el bello Robert…
Hubo que esperar a que un chicote de Arkansas llamado Bill Clinton refundase la saga de apolíneos figurones embadurnados con la luz de las estrellas y levantara otra vez un Xanadú de ilusiones para la inmisericorde fantasía colectiva americana.
Hasta que un mal día, que lo tiene cualquiera, créanme, el nuevo príncipe refundador de dinastías arrojó por la ventana todos los tesoros acumulados durante dos legislaturas por un ‘trompetazo’ atroz que atravesó las paredes del Despacho Oval y derribó los palacios que se disponía a heredar su pitonisa de cabecera, conocedora de todas las pócimas, saberes y venenos acumulados durante varias generaciones.
Otra vez la demora inefable en la saga de petronios de los del burro…, hasta que se les apareció un virginal Fray Escoba, el más Tío Tom de todos los ‘tiotomes’ de la galaxia, con aquella voz estatuaria que redondeaba los discursos y no hubo más remedio que otorgarle un Premio Nobel antes de empezar.
Debieron haber ensayado entonces un cruce de dinastías al estilo de los viejos reinos de Aragón, de Navarra o de Castilla, donde los Infantes y princesas matrimoniaban con sus primos y sobrinas de primer grado sólo por el interés hereditario que legitimara al futuro sucesor.
O sea, que pudieron haber probado un intercambio swinger de parejas entre Hilaria y Bill con los Obama, a ver qué habría salido de todo aquello, porque tal vez hubiera dado origen a una verdadera saga de emperadores y ‘emperaoras’ empoderadas para el resto de la Eternidad.
Pero todo se demostró imposible cuando Otelo se le presentó a Michelle en forma de rubia en el funeral de Nelson Mandela, personificada en la figura de la primera ministra danesa Helle Thorning Schmidt que le levantó la pasión a Silvio Berlusconi, le amargó la jornada a la Primera Dama y ahogó en el fantasma de los celos cualquier posibilidad de refundación dinástica. Hilaria recibió el consuelo de la Vicepresidencia y nada más.
Luego vino el poderoso druida Donald Trump con una princesa del brazo que arruinó las expectativas de la aspirante al trono y ya no hubo otro remedio que delegar la sucesión en un dudoso aspirante, bastardo y desechable, «el tocador de señoras», al que habría que ayudar con la poderosa magia de Smartmatic y Dominion y del voto por correo para establecer la nueva normalidad.
Sólo cabe esperar que, si llega al trono, aunque sólo sea unos minutos, no le dejen a solas con Greta Thunberg en el Despacho Oval de la Casa Blanca… o arrancará la III Guerra Mundial.
He dicho.





