En los años 70, en mi adolescencia, dos elementos afianzaron mi “necesidad” de ser médico: la lectura de un libro, Hospital de sangre, y mis vivencias y convivencia con la medicina rural del 73 en la sierra de Huelva.
El primero, traslucía la semblanza del cirujano de éxito, la medicina prestigiosa.
La medicina rural, la trinchera que combatía con los escasos medios, los de entonces, la asistencia pura con la dureza del cuerpo a cuerpo. Sin horario, la maestría y destreza empuñaba el “arte” de la medicina que en ese tiempo se consideraba una parte que resaltaba el quehacer diario del médico, del médico de pueblo. Por aquellos años los recursos eran extremadamente escasos y aderezados con ingenio y el sobrenadante del sacrifico y entrega, sin miramientos en el sacrifico del médico.
Hablo siempre del médico, no de los sanitarios, no por corporativismo, sino porque en esos años y en esas zonas, no había en la mayoría de las poblaciones ni farmacia ni personal de enfermería, sólo el médico las 24 h. Pacientes subsidiarios de asistencia hospitalaria tenían que trasladarse a más de 100 kms por sus propios medios o en taxi (nuestra “ambulancia”) … ¿Telemedicina?
Mis maestros médicos me enseñaron que el paciente, el enfermo, lo era desde la cabeza hasta los pies. Aunque fuera una dolencia aparentemente banal. Conllevaba y conlleva, dos elementos fundamentales: la anamnésis y la exploración sistemática. Desde que entraba en la consulta, su andar, la lectura de su cara, el apoyo en su acompañante, el olor…Sí, el olor también nos dice de la enfermedad. El olor a “paja mojada” de una brucelosis (fiebre de Malta), al olor a manzana en la cetosis. ¿Telemedicina?
Debo confesarle que, en cuarenta años, hemos pasado del bolígrafo-estilográfica al “ratón “de un ordenador, y de la hoja de historia a una aplicación informática.
Permitan REIVINDICAR EL ESFUERZO que ha costado la transformación y el ser médico autodidacta del aprendizaje de la informática. Me sigue costando “teleatender”.
La asistencia a distancia de una patología no es nueva. Barcos en alta mar, lejanos de la costa o enclaves distantes de la civilización, han utilizado estos medios desde hace años. Nosotros mismos, también desde hace años, sobre todo en dermatología, usamos la telemática siendo de una altísima rentabilidad. Es la imagen, la fotografía que hacemos llegar al dermatólogo para el diagnóstico de enfermedades en que la imagen es suficiente para hacer una criba que nos hará indicar si debe o no de la presencia del paciente ante el dermatólogo.
No quiero ni debo quitar importancia a este medio de apoyo, porque lo tiene, pero… en su medida. Es importante para descargar consultas presenciales para solo renovar medicación; informar de resultados de laboratorio (al final, posiblemente, tendremos que decir al paciente que acuda a consulta); determinadas pruebas de imagen (radiografías, resonancias…) que queramos consultar con el especialista correspondiente…pero no olvidemos nunca que “la clínica siempre manda “sobre una prueba complementaria. Tras esa imagen está la singularidad de ese paciente, la imagen tiene que ir respaldada siempre por la anamnesis y la exploración… ¿telemedicina?
La atención primaria está empapada, demasiado, de trabajo administrativo. Todas las áreas sanitarias descansan parte de sus burocracias en el médico de cabecera: derivaciones de repetición ,renovación de parte de baja laboral, control de visado de recetas, hacer de tutores asumiendo el justificar la ausencia de un alumno a clase, dar “fe” de que un anciano vive para poder cobrar la pensión en el banco, certificar el estado de salud para practicar un deporte o para poder ser interino para la administración, pasando por justificar el traslado para cuidar a un familiar durante la pandemia o el estar exento del uso de mascarilla por una causa médica.
Por todo esto, lo primero el suprimir todo lo administrativo de la consulta haría una asistencia más eficiente.
El Covid ha dejado al desnudo el verdadero estado de la sanidad, y sobre todo del sanitario: las carencias sobre todo de personal y de coordinación de las “distintas sanidades “del país.
La falta de personal es una rémora de años. Hace ya más de una década que venimos sufriendo la falta de sustituciones y el reponer lo imprescindible, las plazas libres, por ejemplo, por jubilaciones. El maltrato al personal con contratos al 25, 50 y 75% mes a mes a lo sumo, de lunes a viernes, para volver el lunes y así ahorrarse el fin de semana. Destrozando el menor atisbo de conciliación familiar y de estabilidad económica y emocional. La propia administración que perseguía a la empresa privada que hacía contratos basura y encadenamientos de contratos temporales. Nuestra compañera la Dra. M Jesús Montero en sus andanzas como consejera de Salud y de Hacienda puede dar cumplida cuenta de esto. Sí, es la misma que forma parte del gabinete que de forma súbita quiere derogar la reforma laboral, “los aspectos más lesivos” de la misma porque, en Andalucía, se “cuidó” mucho al hermano obrero sanitario, a punta de fusta administrativa
Esta humillación ha traído consigo el éxodo de médicos y enfermeros a otros países, y que se dé la paradoja de realizar homologaciones urgentes a médicos extracomunitarios para poder hacer frente a la pandemia… ¡buena planificación! Por cierto, sanitarios a los que se aplaudieron y a los que se siguen agrediendo todos los días y se les sigue insultando con mentiras de la administración.
En España hay distintas sanidades, y por tanto, pacientes que pueden ser de primera y otros de segunda.
Les voy a poner tres características que hacen que no exista una misma sanidad. Su tarjeta sanitaria no es válida para poder retirar medicamentos en cualquier región española; su calendario de vacunas no es el mismo, no está unificado; el sueldo de los médicos difiere de una comunidad a otra. Significativo, ¿no?
Efectivamente la pandemia ha sido “el introductor de embajadores” para poner en práctica de forma generalizada la telemedicina , amparada por la necesidad de que los pacientes acudieran lo menos posible a los centros de salud y hospitales pero también, bajo mi punto de vista, como una forma de atajar a la falta de personal, pero sin mirar la verdadera realidad que debe ver hacia el paciente: uso adecuado y racional de las prestaciones sanitarias por parte de los mismos y que la sostenibilidad del sistema sanitario no se puede basar solo en el sanitario a consta del sacrificio tanto social como económico de los mismos.
Sí a la telemedicina que no suplante la relación de médico-paciente con el contacto físico, con la relación de sensibilidad, comprensión, empatía que siempre ha caracterizado al médico de cabecera. No a lo espurio de una política sanitaria producto de lo inconsecuente del desconocimiento aceptado de la realidad.





