
¿Dónde están los amigos y conocidos de izquierda afines al PSOE y sus socios de gobierno de Podemos y otros? Esos que tengo cerca de mí y agregados en las redes sociales. Esos que dicen que no les gusta hablar de política cuando la mínima brisa les sopla en contra de sus camaradas pero que cuando el oponente la pifia, acaban con agujetas en la lengua y desmiembran de cuello para arriba a todo títere oponente.
No leo ninguna publicación de las que habitúan a escribir diciendo lo «maravilloso» de sus ideologías y de sus partidos progresistas. La «honestidad» con que defienden la honradez y la justicia social que dicen siempre abanderar y que luego brilla por su ausencia históricamente allí donde gobiernan. Su «integridad» y por ende la «capacidad de tomar drásticas decisiones» ante la corrupción cuando se trata del prójimo pero no «como así mismos».
Ni una crítica. Ni una dimisión. Ni una ruptura de pactos. Más callados que un guardia de una garita de Buckingham.
Como siempre la izquierda, el socialismo y el comunismo, utiliza el poder para acabar con la pobreza. Pero no la del pueblo que lo vota y al que representan, sino la suya. La de los dirigentes de estos partidos, las de sus familiares, amigos, allegados y subordinados. Estos últimos que se ofrecen voluntarios como incansable herramienta birladora y que, en caso de ser descubiertos, proceder obedientemente a inmolarse por amor a la patria, perdón, a la pasta.
Está más que comprobado, y aún así, no sólo callarán estos defensores «según se tercie» de la integridad política ante el caso de corrupción más grave de la historia de España que haya sido descubierto, sino que seguirán votando a las mismas siglas. Con lo cual, serán eternos cómplices necesarios de la corrupción. Porque esta izquierda que abandera tiene la capacidad de modificar la historia y las sentencias, como hemos visto en estos últimos años en la ley de «la desmemoria histérica» y la absolución de los artífices y cómplices del caso ERE.
Una cosa más como autocrítica a los que estamos hasta las narices de tanto despropósito y tanta autocracia, no hacemos nada para que todo esto termine más pronto que tarde y evitar más daños. Los de la corrupción y los colaterales como los decretos ley para cerrar bocas y la invasión continua de las instituciones para salvaguardar posibles situaciones adversas. También los continuos chantajes de sus miserables socios. Los ya anteriormente concedidos y los últimos como la derogación de la mal llamada «ley mordaza», y la injusta y aberrante descarcelación de los malditos asesinos de inocentes. Esos que, recordemos, también son socios del Gobierno.
Estamos sentados en nuestros sillones muy indignados viendo las noticias pero sin hacer nada más que eso. Esperando que otros solucionen la situación. Como si fuera a venir Superlópez a solucionarnos el asunto. De esta pasividad se aprovechan estos bandidos y sus cómplices. Esos que callan o machacan según, sin, so, sobre ,tras… Esos que hibernan en las redes mientras sale la basura de los suyos, esperando como hienas ávidas de carnaza a que los oponentes cometan alguna irregularidad por pequeña que sea para entrar a saco y descuartizar sin piedad a la «diestra» y los «diestros», ya que los «zurdos» gozan de su bula y siempre estarán a salvo de sus carnicerías.
Y desgraciadamente ocurrirá. La oposición cometerá cualquier tropelía, porque la oposición es más torpe que cualquier personaje de los interpretados por el malogrado Peter Sellers y más chapucera que Pepe Gotera y Otílio.
Por ello, ganarán siempre. Porque la calle y las redes sociales son suyas, de los del puño en alto. Y mientras permitamos que eso sea así con nuestra pasividad y la falta de precisión y eficacia de la oposición, le ocurrirá a España lo que siempre digo en el cierre de mis artículos:
«Entre todos la mataron, y ella sola se murió…»





