O de la ex estación.
A veces se da una buena noticia en la ciudad, o, si no noticia (ya que este tipo de cosas, de bienestar visual, no suele figurar como “noticia” en los medios) al menos un hecho agradable para muchos: tras un período larguísimo, larguísimo de obras, o al menos de estar tapadas, por fin reaparecen en todo su esplendor las hermosas cuatro fachadas del centro Plaza de Armas (antigua “Estación de Córdoba”)…
Poder volver a mirarlas produce un gran placer realmente, visual e incluso intelectual (no es lógico que unas obras se prolonguen tanto. Más allá de la pérdida de belleza, es algo que no es buena señal: indica desidia, falta de interés, y quién sabe qué más cosas ocultas. Un ciudadano que reforma una parte de su casa tiene interés en finalizarla cuanto antes. ¿Por qué nos hemos acostumbrado a que una obra municipal sea diferente- que a veces parece que hasta se deleitan en prolongarla?).
Pero centrémonos en lo bueno: ha finalizado la obra, o al menos el ocultamiento. Cierto que éste se atenuó, al seguir el venturoso procedimiento de cubrir los andamios con telas que imitan el propio edificio en fase de reforma; pero en fin, no puede compararse al gusto de ver el edificio en sí, tan hermoso, alegre, tan inconfundible de Sevilla.
Y al detenernos a admirar la fachada principal, reluciente en estos días claros de otoño, ¡ay!, ya ha de haber un disgusto. Pese a tantos y tantos años de “reforma y restauración” (o al menos de ocultamiento)… el reloj que preside dicha fachada sigue tan parado como antes.
Pues sí; ni lo recordábamos, debido al andamio. Pero efectivamente, haciendo memoria, es verdad que una lacra de tan armonioso edificio era que el reloj principal no funcionaba. Los insensibles podrán decir que qué más da, que todos tenemos hora, y más con los teléfonos móviles. Pero un mínimo sentido de armonía y estética, de amor al funcionamiento de las cosas, es que un reloj público ubicado en tan bello y simbólico lugar, por ende en lo que antaño fue estación de tren, marque la hora buena por lo menos. Es casi como si “el reloj del Ayuntamiento” no funcionara. Ahora que todo es “imagen, imagen, imagen” y “marca España, marca Sevilla”, y en “imagen” vemos cómo las administraciones públicas invierten lo que tan abundantemente recaudan con tan pródiga alegría, ¿no hay unos euros para reparar un reloj público ubicado en un edificio icónico y señero…?
Referente a este tema, un malicioso aventuró, como explicación, que probablemente claro que habría una partida para reparar el reloj, y aun seguramente cuantiosa, pero que sencillamente dicha partida acabaría siempre en los bolsillos de alguien sin tomar medida alguna (siempre se podrá decir que el reloj se ha vuelto a estropear, o que “se está en ello”). Triste escuchar tan cínica explicación, por desgracia verosímil. Y si es cierta, pues esto lamentablemente viene a apoyar la intuición de que un reloj público parado no es algo menor, es un detalle que indica muchas cosas negativas… que daña no sólo a la vista, sino a la inteligencia (indica o desidia o corrupción, o ambas cosas… Aparte del desprecio a la belleza, desdén hacia los ciudadanos, desprecio de lo público. Una que no es socialista y resulta que ama lo público infinitamente más que los que viven de ello…).
Los aspirantes a alcalde de esta ciudad hablan de “sus grandes proyectos”, y de sus magnas ideas y enormes ambiciones para la ciudad, para transformarla y elevarla y reformarla profundamente… Y oyendo esto muchos nos echamos a temblar. Yo preferiría que el alcalde fuera como una buena ama de casa, que no tolera nada sucio ni en desorden, ni que la engañen en el mercado… (¡enseguida iba estar el su casa parado el reloj del salón!)
Pero, por no ahondar en los tristes temas de siempre (el afán recaudatorio, la prodigalidad derrochadora en lo ostentoso e inútil…), volvamos a lo hermoso que resulta, en algunos lugares, un gran reloj. Una estación de tren parece que lo “pide”. Es algo que le falta a la estación de Santa Justa, obra de laureados y premiadísimos arquitectos, cuyos méritos no discuto… pero creo que no le dañaría un reloj grande, hermoso, centralizando el espacio. ¿Difícil de encajar en un espacio moderno? Puede ser, pero esos son los retos de la arquitectura. Una estación de tren sin un gran reloj pierde algo de su identidad.
En cualquier caso, la fachada principal de Plaza de Armas, recién restaurada, enormemente visible, simbólica e icónica, se organiza en torno a un gran reloj. Que funcione, por lo menos.






1 Comment
No sé cuantos años lleva parado el reloj del ayuntamiento de Osuna.La última vez que lo arreglaron creo que fué por iniciativa de Juan Ramón Malo