Recuerdo mis veranos de principios de los años setenta del pasado siglo en Fregenal de la Sierra (Badajoz) como un tiempo maravilloso, donde disfrutaba de las caminatas al alba hasta la ermita de los Remedios, los baños en las albercas al mediodía, la lectura de Julio Verne y Alejandro Dumas en las horas de la siesta, los paseos calle arriba, calle abajo, las tertulias vespertinas en el mesón o en el jardín, los guateques nocturnos con el tocadiscos, el cine de verano, y, cómo no, ese primer amor que suele brotar en torno a los quince o dieciséis años, y casi siempre en julio o agosto.
Me llamó la atención el saber que su castillo pertenecía al ayuntamiento de Sevilla, y que entre sus hijos más ilustres se encontraba Benito Arias Montano, ilustre humanista del siglo XVI cuyos restos descansan en el panteón de sevillanos ilustres, en la cripta de la iglesia de la Anunciación en Sevilla, y es que, según me contaron, Fregenal “había sido antes” de Sevilla.
Fue gracias a Don Alfonso Pérez Moreno, mi profesor de Derecho Administrativo, cuando supe que la división provincial (y regional) de España tuvo lugar en 1833, recién inaugurada la regencia de María Cristina de Borbón, y que fue precisamente un andaluz afrancesado, de Motril, Javier de Burgos, quien la diseñó.
A partir de ahí, descubrí que Sevilla había sido reino desde la conquista de Fernando III el Santo (1248) hasta ese momento, es decir, ¡casi seis siglos!, y que dicho reino comprendía las actuales provincias de Sevilla, Cádiz, Huelva y parte de Málaga, Córdoba y Badajoz. ¡Ahora me cuadraba la sevillanía de Fregenal, y que mi abuela, natural de Puente Genil (Córdoba) me dijera en ocasiones que su pueblo había pertenecido a Sevilla! “Mi abuela chochea”, pensaba yo.
Todo me cuadraba, y entendía que los sevillanos nos sintiéramos como en casa cuando nos bañamos en las playas gaditanas u onubenses; que los nacidos en el condado de Huelva o en la sierra de Aracena quisieran estudiar en las universidades hispalenses como primera opción; que desde la sierra de Ronda prefirieran ir a Sevilla para que los trate un especialista médico; que las carabelas de Colón, como dijo nuestro anterior alcalde, salieran de Sevilla; que en la feria de abril se brindara con manzanilla de Sanlúcar y gambas o jamón de Huelva, o que hubiera tantas y tantas semejanzas entre la semana santa jerezana y la hispalense.
Ya no veía como una pérdida de nuestros privilegios el que el monopolio del puerto de Sevilla en el comercio con las Indias pasara a Cádiz en 1680, por las dificultades que entrañaba para los grandes buques la navegación por la barra de Sanlúcar de Barrameda, ni que la devoción a la Virgen del Rocío de Almonte contara con tantos fieles entre los sevillanos de la capital y su provincia, pues aún era reino de Sevilla cuando tuvo lugar el famoso milagro por el que las tropas napoleónicas abandonaran su intención de destruir Almonte aquel 17 de agosto de 1810, que dio origen al Rocío chico.
Sí señor, Reino, categoría que no alcanzaron algunos de los auto denominados territorios históricos, esos que exigen que se les compensen supuestos agravios, y que no pasaron de ser condados (Barcelona) o señoríos (Vizcaya), y Sevilla fue Reino no de forma esporádica, sino durante casi seis siglos: ¿por qué no se nos explicó esto en los colegios o en los institutos de enseñanza media? Francamente, no me imagino al ayuntamiento de Sevilla ni mucho menos a la consejería de Educación de la Junta de Andalucía, promoviendo el conocimiento de la Historia de nuestra comunidad autónoma, en la que durante siglos hubo cuatro reinos: Sevilla, Córdoba, Jaén y Granada.
Y es que quizás el sevillano medio es alguien embriagado de sus anales cuando camina por las calles de su ciudad, y es tan morigerado, que no ve necesario proclamar lo que para él es algo evidente: que ser español es una responsabilidad, sobre todo cuando estás en el extranjero; sentirse andaluz, un motivo de orgullo, desde Tarsis hasta el logro de su autonomía, pero haber nacido en Sevilla, es una gracia de Dios: ¿para qué más?
No quisiera cerrar este último artículo de 2020 y primero de 2021, cuando llegue a nuestros lectores, sin dar las gracias a SevillaInfo por haberme incorporado a su nómina de articulistas hace unos meses, ni sin desearle a todos aquellos que me honran con unos minutos de su valioso tiempo, que en este 2021 se vean cumplidos todos sus deseos. Feliz año nuevo.
Email Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






5 Comments
Querido Alberto: Viva la madre que te paríó, que es mi prima hermana Carmeluchi.!,
Te escribiré dentro de poco.
Abrazos para toda la familia y para Sevilla, incluyendo ar Betis, que casi nos hace una grasia mu poco .
grasiosa.
Pepe, desde la otra orllia de la Mar Oceana.
Alberto, esto del reino de Sevilla hasta casi el siglo XIX no lo sabía, gracias por ampliar mis conocimientos. Un saludo
Su abuela, la que según comenta era de Puente Genil, llevaba razón. La parte sur de ,la población separada por el río Genil, pertenecía al marquesado de Estepa. El río era el límite de las dos provincias, Córdoba y Sevilla, incluso hasta la década de lo años 40 del siglo pasado, eclesiásticamente, pertenecía al obispado de Sevilla. A mi me confirmó el Cardenal Segura. Así pues Miragenil, pertenecía al susodicho marquesado de Estepa (Sevilla) y más alla del rio, a Cordoba, el llamado el Pontón de D. Gonzalo, señorío de la casa Aguilar. Ambas poblaciones en 1834 se unen para formar Puente Genil, perteneciente como provincia a Córdoba. Pero como he comentado la parroquia de Santiago, de Miragenil. hasta 194…y tantos perteneció a Sevilla. Me gustaria saber el nombre de su abuela. Un saludo.
Saludos desde la parte pacense del reino de Sevilla. Un abrazo desde ese mismo Fregenal con el que iniciaste el escrito!
Hola, he buscado mucho en libros y en internet pero no consigo averiguar si la ciudad de Zafra perteneció alguna vez al reino de Sevilla. Alguien podría decirme a qué reino pertenecía esta ciudad? Muchas gracias!