Algo comen, o fuman, o beben que les dota de ese desparpajo inalcanzable para echarse las manos a la cabeza cuando el PP pacta con Vox mientras sus socios de gobierno, a traición y mediante engaño, son radicales comunistas, filoterroristas, golpistas, indepes, malversadores, indultados de delitos gravísimos y hasta candidatos con delitos de sangre a sus espaldas.
Es por esto que van a perder las elecciones, por muchos millones que se gasten en retuiteos automáticos y en aplanar cada mañana la red del pajarito a base de cartuchazos argumentales que parecen extraídos de una reunión de talibanes en Jalalabad.
Lo de Sumar es una broma, porque cada sumando de la operación aritmética es una nueva división que sólo resta apoyos y les multiplica los problemas y cuyo resultado incierto es que no muy lejos acabarán integrados en una especie de absorción masiva por el PSOE y otra vez la travesía del desierto de una izquierda unida en desunión. O sea, el Frente Popular.
Pero Sánchez y sus secuaces parecen que se cayeron en la marmita de esa poción mágica de efectos lisérgicos que les acusa cada vez que muestran asombro por los pactos del PP… Y entonces aparece ZP, completamente venido arriba, para arrogarse que él y su Gobierno acabaron con ETA, olvidando incluso que el al día siguiente de anunciar que estaba muy feliz por el proceso de diálogo, el 30 de diciembre de 2006, un comando acabó con la tregua y con la vida de dos personas (19 heridos) mediante un bombazo atroz que derrumbó las cinco plantas del edificio de la T-4 en el aeropuerto de Barajas.
La única salida que le queda a Sánchez ante semejante ‘panodrama’ es ensayar la trampa del recuento, incendiar a los casi nueve millones de votantes que no se acercan a una urna desde hace 16 años y desincentivar por cualquier método el voto que no les favorezca. No les queda otra y no hay ninguna opción intermedia de aquí a finales de julio (recuerden que el escrutinio general, único acto de validación de resultados en cada circunscripción electoral provincial, tendrá lugar entre los días 28, 29 y 30 de julio: viernes, sábado y domingo del final de mes, con más de la mitad de España en desbandada hacia las playas).
El inefable Alfredo Pérez Rubalcaba rompió con Sánchez por toda esta miseria casi indescifrable en la que Sánchez ha convertido a su partido y le avisó de que ese plan de pactar con los salvajes «podría no salir bien», que fue la forma más endeble que encontró el acerado Rubalcaba para confesarle a la lamentable Susana Griso, ante cientos de miles de espectadores, el motivo del desacuerdo con «su persona»: «El PSOE no se puede permitir el lujo de chapucear en un país como España», exclamó.
Con los peores resultados en la historia del PSOE, «el objetivo de Sánchez -llegó a confesar Rubalcaba ante las cámaras de TV- era sentarse a hablar con dichos partidos para ver si acabarán siendo buenos, pero cabe la posibilidad de que te sientes con ellos y acabar siendo malos y que no te hagan caso. Además, hay un problema de principios, porque no puedes hacer depender la estabilidad de España con alguien cuyo objetivo político es romper España». Y hasta aquí puedo leer, porque ese fue el testamento político del ex secretario general del PSOE. «Principios», dijo el angelito Rubalcaba, ¡qué cosas!
De todo ello, el insidioso y narcisista Sánchez sacó una sola conclusión que vendría a enunciarse del siguiente modo: «De acuerdo, Rubi, te haré caso y en la próxima campaña negaré a toda costa que estoy decidido a formar gobierno o a pactar con toda esa morralla, pero que sepas que al día siguiente de las elecciones lo haré y pactaré hasta con el demonio si hace falta por subirme al Falcon».
Y bien que pudo haber añadido no sólo eso, sino también: «Que sepas que indultaré a los golpistas, eliminaré la malversación, cederé a lo que me pidan Otegui y los pistoleros que le aconsejan, excarcelaré a violadores a mansalva y reduciré sus condenas, obedeceré a todo lo que me impongan desde Bruselas, cederé a los chantajes de Marruecos, mentiré hasta la extenuación de los votantes, les diré que la pandemia ha logrado que los niños se laven las manos a menudo, insultaré lo que me plazca a la oposición, provocaré a la inmensa mayoría de los españoles con leyes absurdas como la de memoria democrática, asaltaré el poder judicial a toda costa, me ciscaré en el Rey y en el anterior jefe del Estado, firmaré contratos millonarios opacos por las mascarillas, manipularé las cifras de muertos y de vacunados, me sacudiré toda responsabilidad por la gestión de la pandemia, ocultaré las cifras del paro, no responderé jamás a Transparencia, gobernaré por decretos como un Napoleón del siglo de las resiliencias, destruiré los embalses, arrasaré la agricultura y arrastraré a España por el fango de la delincuencia internacional con Delcy y con quien se me ponga en las narices… Ah, y luego lamentaré mucho que te hayas muerto, pero por dentro me sentiré feliz de que te hayas ido de una puñetera vez y dejes de ser el pepitogrillo que me amarga y me discute mis omnímodas decisiones».
El pueblo no te olvidará, Sánchez. R.I.P.
He dicho.





