¿Es posible que en un país de la UE se esté coaccionando al ciudadano para que se vacune con una vacuna que no inmuniza? Sí lo es, y aunque el asunto parezca de novela de ciencia ficción está ocurriendo en Italia donde para realizar cualquier actividad cotidiana de lo más elemental exigen un Pase Verde, nombre con el que han bautizado el salvoconducto para vivir en esta nueva era de la guerra verde que han declarado contra la humanidad los de la Gobernanza Mundial, según ellos para salvar el Planeta Tierra.
Mientras escribo escucho como los locutores del programa de música clásica de las mañanas de Radio Nacional de España van desgranando con meliflua voz el relato verde del día, que hoy versa sobre que en la tierra ya no caben más plásticos, ni por supuesto su producción, y dicen que el Planeta está también en peligro por culpa de los antibióticos. Con esto de los antibióticos ya me di cuenta hace un par de meses, al ver el anuncio televisivo del Ministerio de Sanidad, que la idea que tienen es la de ir quitándolos de circulación y hacer que los médicos receten cataplasmas de mostaza en lugar amoxicilina. Las cataplasmas de mostaza no son peligrosas y los médicos pueden recetarlas por teléfono, y si el médico no contesta tu llamada te las puede recetar tu abuela o la vecina de enfrente.
Volviendo a Italia, en la ciudad de Pagani, en la provincia de Salerno, un médico se juega su licencia por haber atendido en sus casas a más de tres mil pacientes aquejados del virus chino y no habérsele muerto ninguno. Está claro que este doctor de Pagani ha dejado con el culo al aire al Ministerio de Sanidad italiano. ¿Se imaginan a un médico español haciendo lo mismo que este médico italiano? Yo no, aunque sería estupendo que hubiera alguno dispuesto a hacer su trabajo sin pedir permiso al sistema. Ya veremos qué hacen cuando no les dejen recetar antibióticos y les obliguen a volver a los vapores de eucaliptus para los resfriados y al permanganato de sodio para las ulceras, dos remedios que junto a las cataplasmas de herbolario, van a ser rompedores en el nuevo mundo verde y feliz que nos están montando y en el que el remedio a todos los males serán las inyecciones de proteínas de los virus que vayan sacando hasta que tengan a todo el mundo domesticado y solo sea precisa una dosis de recuerdo para tener adormecido al personal antes de hacer galletas con él para alimentar a una humanidad, que tras varios años de vacunas vacuas y de comer alpiste hervido y cucarachas secadas al sol, las galletas de abuelo liofilizado les van a parecer chuletones de ternera.
Ya sé que son muchos los que piensan que estas cosas que digo son bromas, pero no lo son. No es broma lo que está pasando en Italia y en Austria, país este último donde quienes se niegan a inyectarse las proteínas del virus chino serán, sin nadie lo remedia, multados y coaccionados con un sinfín de perversidades, incluida en ellas la de registros intempestivos en los domicilios de los disidentes.
Tampoco son bromas las cosas que ha largado Macron, ni nada de lo que viene sucediendo en los dos últimos años en los que se ha ido minando poco a poco la sociabilidad, con el experimento vírico que se han sacado de la manga para ir acabando, más temprano que tarde, con nuestra forma de vida.
A pesar de todo esto, de vez en cuando, surgen signos de luz como los que se dieron en un conocido programa de Cuatro Tv el jueves 20 de este mes, en el que el coronel Luis Enrique Martin Otero, dijo – sin que por una vez nadie le cortara – que el virus chino que nos ha quitado la libertad se creó en un laboratorio para fines bélicos o sanitarios o para las dos cosas al mismo tiempo, ya que no están reñidas.
A esto que dijo el coronel Martin Otero, yo añado que no solo no están reñidos los dos fines para los que este virus fue creado sino que si se crea un arma biológica al mismo tiempo se busca un antídoto del mal. Lo que dijo el coronel Martin Otero lo escucharon y vieron 876.000 personas, de las que yo espero que por lo menos la mitad se hayan enterado de lo que dijo el coronel y les haya quedado claro que la guerra biológica existe y que las conspiraciones en política no son ciencia ficción sino una realidad cotidiana que en la actualidad anda disfrazada de buenísmo amenazante y verde que va tejiendo una tela de araña gigantesca que poco a poco va atrapando a millones de ciudadanos incultos y por lo tanto crédulos e incapaces de rebelarse contra los liberticidas del Nuevo Mundo Feliz de la Agenda 2030 y de las que vendrán tras ella; agendas todas ellas muy preocupantes, que amenazan la supervivencia de nuestra sociedad.
A las amenazadoras Agendas hay que unirles el conflicto de Rusia contra Ucrania – contra Europa – que está dejando clara la nueva alianza de Rusia con China e Irán, alianza que, al menos , debería servir para que los gobiernos europeos en general, y el nuestro en particular, dejaran de hacer el imbécil, de mentir y de faltarnos al respeto. De Biden hablaré otro día, hoy solo digo que un memo en la Casa Blanca es un peligro para el mundo.

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