Señala Rosa Díez que «el PSOE organiza desde la Moncloa un golpe contra la Constitución el año en el que se cumplen 42 de su aprobación».
Puede uno pensar que lo dice en genérico y sin apuntar a nada concreto, pero también cabe esperar que, dados los ataques continuados que se vienen desarrollando contra el espíritu y la letra de la Carta Magna por parte del Gobierno, algún momento llegará que le sirva a la Historia para fijar el antes y el después de aquel destrozo y no tengamos que preguntarnos un día, como en la novela de Vargas Llosa, en qué momento se jodió el Perú…
De todos modos no hará falta consultar a los astrólogos ni a quiromante alguno para saber que nuestro Perú se jodió el mismo día que «la bestia» vino al mundo y quizás alguna vez, en alguna eternidad oscura, las estrellas maldecirán aquel parto ineludible.
Bien pensado, algo sospecharían los astros al parir a ese animal y consultaron entre sí, reunidos en sus órbitas y en sus galaxias, cuando decidieron asignarle como fecha de su advenimiento no sólo un año bisiesto, sino un impropio e improbable 29 de febrero, lo que les permitiría sostener, con la habitual marrullería que gastan Marlaska, Marichús y el propio Sánchez, que si cumple un año por cuatro de legislatura, entonces tiene asegurado el BOE hasta dentro de 16 años más.
Tengo la convicción absoluta de que Pérez Royo y la constitucionalista Calvo encontrarían argumento jurídico suficiente que avale la cuestión y a los que opinen diferente los calificarán de trastornados y golpistas.
Hay un «Club Mundial de los Bisiestos» cuyo fundador y presidente, un donostiarra nacido también un 29 de febrero pero de hace 84 años, asegura que este año ha cumplido 21, así que por ahí pueden empezar a tirar del hilo los insignes juristas mencionados para construir doctrina que aportar al Tribunal Constitucional, que para entonces estará presidido por una representante de Bildu con el flequillo cortado con hacha o una imparcial representante de ERC con lacito amarillo en el cintillo de la braga. Y todos los presos de la ETA amenizando las fiestas de su pueblo con la Goma-2 sobrante, que alguna habrá en un zulo.
Carga la suerte Rosa Díez y sostiene que «Sánchez es un «patriota» cuyo modelo es Otegi», y luego los maldice a todos, pero acierta plenamente cuando nos recuerda que el empeño en modificar el delito de sedición «no es para dar satisfacción a sus socios separatistas sino para protegerse ellos, para que el delito que están organizando, un golpe a la democracia desde el Gobierno de la nación, les salga gratis» porque «el golpe de Estado -anota- se está dando desde la Moncloa».
No sé si los reflejos de Abascal y de Casado les alcanzan en previsión de males mayores para empezar a plantearse dormir cada noche en un lugar distinto, pero, según están las cosas, con el Marqués de la Moñeta al frente del CNI, yo me tomaría esa hipotética medida muy en serio, por el bien de España.
Cuando más de 70 militares retirados se dirigen al Capitán general de todos los ejércitos para proclamarle su lealtad a la Corona y avisar de los peligros que corre la unidad de España no están haciendo nada que a nadie le pueda resultar extraño. A nadie salvo a aquellos, claro está, que tienen la sensación de que les han encendido la luz del cuarto cuando andaban con las manos en la masa trapicheando a oscuras en los cajones a espaldas de los demás.
Eso no es «ruido de sables», sino algo a lo que el Marqués de Caracacas le teme mucho más: se llama libertad de expresión y los que la ejercen están en su pleno derecho de pronunciarse y dirigirse a quien tengan por conveniente para advertir de los riesgos que corremos todos. Y si fueron militares de alto rango al servicio de la patria, mucho más.
Pero no es casualidad, parece obvio, que a propósito de dicha carta, un «topo» (y los «topos» de estas cosas viven todos en el CNI) haya mezclado el asunto de la carta con un chat privado en el que otros militares retirados comentaron la situación de la Nación con el desparpajo propio que creyeron en el ámbito de la confidencialidad.
Apuesto a que cosas parecidas y mucho más rotundas se encuentran ahora mismo en millones de teléfonos de los españoles, que ven derrumbarse de capricho la estructura nacional y expresan su temor a que les caigan encima los cascotes de una aventura imprevisible dirigida por golpistas declarados, terroristas con condena y diletantes comunistas de salón, todo ello bajo el paraguas rojo vuelto del revés de Pedro Sánchez, que es toda una metáfora de la situación española y como si al libro que contiene el texto constitucional se le hubieran descuajeringado la urdimbre y las pastas por culpa de un huracán.
Si los panfletos varios de Nachete Pre-escolar publican que «Felipe González explica que tiene «un sentimiento de orfandad» con el PSOE actual e insta a «no permitir, ni pactar ni admitir que se desguace España», la cosa entonces es que está muy mala y coincide con los militares retirados.
Lo mismo interviene hasta la Fiscal General y abre una investigación contra el ex secretario general que refundó un partido cuya historia era golpista y criminal.
He dicho.





