Sólo quienes han pasado largas temporadas lejos de su tierra saben que el exilio es el padre del arraigo. Es como si fuera necesario que nos alejáramos de nuestras costumbres habituales, de nuestro entorno más próximo, o, como se dice ahora, de nuestra zona de confort, para valorar lo que tenemos y por ello no apreciamos, pues nos parece que todo el mundo lo disfruta y puede compartirlo, para tomar conciencia, en definitiva, de que lo “normal” es la forma de vivir en otras latitudes; lo “extraordinario” es lo nuestro.
Así me lo aseguraban hace poco unos amigos de Barcelona que habían pasado unos días en Ronda y ahora disfrutaban de unas jornadas en Sevilla: “No sabéis lo que tenéis. De donde venimos nosotros no hay colas para ver belenes, escaparates adornados con motivos navideños, grupos cantando villancicos a coro por las calles, cartero real por el centro de la ciudad, y toda una capital contando los días para disfrutar de la cabalgata. No cambiéis nunca”.
Me hablaban de ese patrimonio inmaterial mientras observábamos una larga cola de chiquillos con sus padres esperando a ver el Belén de la Fundación Cajasol, o como decimos en Sevilla, el Belén de la Caja, porque ese edificio fue sede de la extinta Caja San Fernando desde 1982 hasta 2011, en que con el nombre de Cajasol tras la fusión con el Monte (que rivalizaba con un gran Belén en su central de la plaza de Villasís) pasó a ser propiedad de la recién creada Fundación, que sigue presidida catorce años después por el mismo señor que la promovió.
Por un momento pensé que muchos de esos jóvenes padres también fueron niños en los años ochenta y probablemente recordarían con una sonrisa el globo y los caramelos que recibían a la salida, y podían apreciar como allí seguía el mismo patio con sus arcos y sus flores de Pascua renovadas Navidad tras Navidad.
Un palacio al que aún le seguimos llamando el palacio de la Audiencia, que ya existía en tiempos de Fernando III (1250) con el nombre de la Casa Cuadra (Cuadra o sala del alcalde, Cuadra del Cabildo y Cuadra de la Justicia). Este edificio original se fue ampliando paulatinamente incorporando las fincas colindantes, hasta llegar a tener una capilla sede de la Cofradía de los pobres de la Cárcel. Allí fue juzgado y condenado Miguel de Cervantes por no aclarar algunos desajustes en su recaudación de impuestos entre septiembre y diciembre de 1597 (la cárcel se encontraba en la actual sede de la Caixa en calle Sierpes, de ahí el lugar que ocupa su busto en la calle Entrecárceles).
Quiero pensar que algunos padres le contarán a sus hijos el por qué figura allí ese recuerdo al príncipe de los ingenios mientras hacen la cola, y que una vez dentro del edificio admirarán el maravilloso patio, que no tiene parangón en toda Sevilla con sus dos plantas, con arquerías semicirculares que apean sobre columnas de orden toscano sobre plinto en planta baja, y de orden jónico en la superior. Quizás les dé tiempo a fijarse en su escalera y sus exquisitos azulejos.
La penúltima remodelación del siglo XX fue la que se llevó a cabo en 1918 según proyecto de Aníbal González y la última la de Rafael Manzano, previa a que el edificio se convirtiese en la sede central de la Caja de Ahorros Provincial San Fernando de Sevilla (luego de Sevilla y Jerez) en diciembre de 1982.
Fue a raíz de la desaparición de esta Institución y la consiguiente creación de la Fundación Cajasol en torno a 2011 cuando adquirió su actual configuración y uso. Para los que tuvimos la fortuna de trabajar en este palacio siempre nos quedará el recuerdo de su patrimonio artístico: pinturas, esculturas, grabados, muebles de época, arcones, bibliotecas, sillones, chimeneas, espejos, arañas de cristal, tapices, alfombras, herrajes, azulejos, piezas de cerámica, etc.
El teatro se sigue utilizando para eventos como el certamen de tunas del distrito universitario de Sevilla; su sala de presentaciones en la segunda planta ha acogido debates literarios y lanzamiento de libros, y su biblioteca es utilizada por muchos estudiantes y lectores de forma cotidiana.
Para muchos turistas que pasan por delante de su fachada, el Palacio de la Audiencia es un edificio renacentista que les recordará ese tono granate que domina en muchos edificios italianos; para los que fuimos empleados de la Caja San Fernando, el lugar donde conocimos el esplendor y posterior caída de una institución con casi noventa años de antigüedad, pero para el conjunto de los sevillanos el Palacio es un portal que, año tras año, una Navidad tras otra, causa admiración y mantiene una tradición secular, como es la visita a un Belén de la mano de los padres. Que no cambie nunca.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






2 Comments
Que no cambie nunca respecto a sus costumbres.
Precioso artículo y como siempre excelentemente documentado . Esperemos que Sevilla no cambie !!!
Felices Reyes