En los últimos meses me vengo diciendo que no voy a hablar de un tal Sánchez, ese que pretende tenernos la mente ocupada con sus discursos de aparente bondad pero que en realidad son discursos de un odio tedioso. No hay nada más tedioso que un inútil que odia a todo el que le lleva la contraria. Odiar siempre me ha parecido una pérdida de tiempo y nunca he mezclado el opinar con el odiar, y eso que a veces te ponen muy difícil el no odiar, pero el odiar es de cobardes y eso, la cobardía nunca fue lo mío.
Cierto es que la historia de la humanidad está plagada de cobardes, pero también es cierto que los valientes se nos hacen más presentes que los pusilánimes. Lo que no habíamos visto hasta ahora en el gremio de los cobardes es hacer negocio atacando a millones de ciudadanos que no están de acuerdo con los cobardes. El nuevo negocio que acaba de montar, con dinero público, la reunión de inútiles que lo maneja lleva el nombre de HODIO, unas siglas que al parecer quieren decir Huella del Odio y la Polarización y es una herramienta con la que pretenden espiarnos en las redes, aún más de lo que ya lo hacen, y pasar de bloquearnos a multarnos, y puede que algo más.
La plataforma de la nueva censura es una amenaza contra la libertad de expresión, una amenaza más que lejos de evitar la polarización de la sociedad, institucionalizará la división entre españoles, esos dos bandos, las dos Españas del 36, que a ellos, los cobardes, les interesa mantener vivas para siempre, ya que su negocio depende de ello, su inteligencia no da para más. Les da miedo Internet, las redes y la libertad que facilitan a sus usuarios, sean quienes sean estos, y ven en la libertad de expresión una amenaza contra su dictadura. Los dictadores siempre son cobardes. Odiar, ya digo es un sentimiento inútil, no una herramienta política como piensan los cobardes. El odio entraña una falta de inteligencia preocupante y crear una plataforma contra el odio es una estupidez supina que solo busca enfrentamiento, una herramienta de defensa de quien se sabe torpe y necesita crispar la sociedad, dividiéndola en buenos, los suyos, y malos todos los demás.
El odio, lo han tipificado como delito en el Código Penal, Articulo, 510, tras las modificaciones realizadas en 2015 y en 2022. Modificaciones del Código Penal de 1995, promovidas por los odiadores de todo el que les lleve la contraria y siempre con la anuencia, por silencio, de los odiados. Si nos atenemos a lo que dice el Artículo, 510 de ese código que les cito, veremos que los creadores de la herramienta HODIO lo incumplen en varios puntos, cada vez que abren la boca. Ellos pueden llamar fascistas, nazis, franquistas a cualquiera que no siga su ideología; son antisemitas declarados y atacan e insultan constantemente a todos los partidos políticos de derechas o liberales, a los que odian profundamente. Estas leyes y herramientas contra el odio crean y van seguir creando situaciones delirantes, a veces cómicas, de una comicidad que actualmente también está perseguida. A mí, todo esto me recuerda a las Leyes de Protección de la República, de aquella II República que duró poco y acabó muy mal, porque las falacias nunca pueden terminar bien. No olviden que para los odiadores de HODIO, hay un odio ilegal, el de usted, y otro legal, el suyo.





