Cuando junto a la corrupción confluyen crisis y amenazas diversas hay que priorizar de mayor a menor gravedad, ya que centrarse en lo anecdótico, olvidando lo sustancial, puede ser suicida en términos globales.
Y me parece que el foco de corrupción detectado en Murcia es mucho menos preocupante que la enorme corrupción institucional de un gobierno sustentado por golpistas, populistas de extrema izquierda, ex terroristas no arrepentidos, gestores incapaces y, por supuesto, también con grandes corruptos (EREs en Andalucía como caso de corrupción más importante en la historia de la democracia).
Un gobierno que acumula en solo un año un catálogo de atentados al Estado de Derecho, a la ética y a la estética (la tesis mas que dudosa de Sánchez sería razón suficiente para descartar a ese hombre de cualquier responsabilidad pública) que ninguna sociedad sana debería aceptar. Enumerar una lista detallada de esos atropellos sería un trabajo notable, pues no ha habido un solo día en el que el gobierno y sus aliados no hayan vulnerado algún derecho básico (libertad de expresión, reunión, …), minado las instituciones (poder judicial, fiscalía general, cooptación de medios de comunicación, Guardia Civil, CESIC, …) o actuado como mafiosos de medio pelo (el intento de asalto de la embajada de Bolivia, las maletas de Delcy y su entrada ilegal en territorio de la UE, el blanqueo del bolivarismo por Zapatero, …). Y todo a golpe de chequera y de Decreto-Ley, mientras el control del Congreso se amordaza usando de forma injustificada y desmesurada el Estado de Alarma.
Un gobierno incapaz, irresponsable y cosmético, responsable directo en un solo año de 100.000 víctimas del Covid, de una caída del PIB de casi el 11% y de mas de 6 millones de desempleados (ERTE incluidos). Quieren que lo olvidemos o que diluyamos su responsabilidad en eslóganes que son humo y en un damero de iniciativas regionales que para poder ser operaritas necesitan del apoyo de un gobierno central que solo es eficaz para obstaculizar, emponzoñar y confundir con sus cambios de rumbo y su falta de liderazgo.
Minimizar todo esto es un grave error, pues la estrategia de demolición del Sanchismo va sin frenos. Han quemado sus naves. Saben que es ahora o nunca, todo o nada, y no van a perder la oportunidad de subvertir el orden constitucional que es su objetivo declarado (Podemos esta en el gobierno).
Y en esta tesitura quien se rasgue las vestiduras mirando a Murcia (y no a Cataluña o la Andalucía de los EREs) e ignore la demolición del Estado de Derecho por obra y desgracia del Sanchismo es o ciego o es hincha.
Algún día los echaremos, pero hasta entonces hay que resistir a sus desmanes y seguir vigilando para que los próximos no actúen igual.





