Dogma fundamental del progresismo de uno y otro signo es que nada es verdad ni mentira; conceptos que pretenderían cancelarnos por estar contaminados de «maximalismo fascista». No obstante, y dada la desvergonzada incoherencia que les caracteriza, tras defender esa negación, enseguida pontifican y anatematizan sus particulares verdades y mentiras, que aplican incluso a la Historia y a lo que debemos considerar como cierto o falso, según las leyes que dictan desde su sesgadísima memoria.
Un elemento fundamental para sembrar tal confusión es la imposición de un manipulado neolenguaje, ya sea acuñando nuevas palabras y expresiones o cambiándoles el significado común a las existentes. Mediante este instrumento nos fabrican unos relatos de fácil comprensión y asimilación para enredar nuestras conciencias hasta no saber distinguir el bien del mal; lo bello, de lo feo; lo útil, de lo superfluo, y en definitiva, lo que es para ellos lo más determinante: lo facha, de lo progresista.
Así consiguieron normalizar el crimen del aborto elevándolo a la categoría de un nuevo y avanzado derecho sexual reproductivo (sic), denominándolo interrupción voluntaria del embarazo. O presentarnos como muerte dulce o digna, lo de darle matarile a ancianos y enfermos para evitar molestias y gastos «superfluos». Y así nos intentan vender algo tan tremendo como utilizar a mujeres necesitadas para aprovecharse de sus carencias, embarazando sus vientres mediante un precio: inhumano invento que denominan gestación subrogada, porque suena como más jurídicamente elegante. Ahora, por ejemplo, no se les cae de la boca lo de la polarización y los polarizadores: descalificativos que lanzan sobre quienes no se les doblegan y osan rebelarse a sus imposiciones.
Y estos días, ante la grave situación que padece Ceuta, se afanan mucho en construirnos un relato donde no se le llame invasión a la invasión, ni efecto llamada al efecto llamada que ellos mismos provocan con sus políticas homicidas y suicidas. Porque lo correcto, lo progresista y lo no polarizante es hablar de incidentes de flujos migratorios que generan crisis humanitarias, de la que son culpables los fachas xenófobos. Y lo peor de todo es que aún les sigue funcionando ese rollo y que cerca de media España, cuando un rey se pasea ante ellos luciendo su desnudez, lo ven ataviado de un traje maravilloso, pero sólo perceptible a los ojos de ilustrados progresistas.






2 Comments
Casi todos sabemos que la historia es «relato» y depende del relator. A los niños fue costumbre decirles: les voy a contar «un cuentito». ¡Y vaya si lo hizo el marxismo! El «Eurocomunismo», siguiendo las indicaciones de Antonio Gramsci se empeñó en desarrollar «la contracultura» logrando trastocar las palabras, los conceptos y la mente de demasiados ingenuos y oportunistas.
Valiosas las alertas emitidas al respecto por mi amigo epistolar Miguel Ángel Loma, a quien felicito y saludo.
Claudio Valdez
Así es, Claudio.
Muchas gracias de nuevo.
Y un afectuoso saludo.