Uno de los grandes logros de Aznar fue dar un giro liberal al PP, articulando una política económica alternativa al socialismo mientras que Felipe González (del mismo modo que luego hizo Rajoy) decía que la suya era la única política posible. El ex presidente acabó con la tradición proteccionista de la derecha que Cánovas había inaugurado, algo que venía de su etapa como presidente de Castilla y León, que se convirtió en el campo de experimentación de la labor que luego llevaría a cabo en el gobierno de la Nación, de hecho, en la región destacaron dos contundentes medidas: suprimió las tarjetas VISA Oro de los altos cargos y puso en marcha un Plan de Empleo de Joven, rechazando sumar a la región al PER en la senda marcada por Andalucía y Extremadura, tras lo cual subyacía una filosofía política de fondo: el empleo deben crearlo las empresas y no las Administraciones Públicas. Por otro lado, llevó a cabo una reducción de 400 millones de pesetas en el gasto estructural y sólo tenía cinco consejeros, y aunque se podrá alegar que muchas competencias aún no habían sido transferidas, con esa filosofía, habrían sólo ocho ministerios.
Aznar era el verso suelto liberal de Alianza Popular, llevando a cabo una política muy diferente a la que su propio partido practicaba en los ayuntamientos, basada en el déficit, la deuda y el clientelismo, es decir, la misma política que los socialistas, pero mal copiada, ya que, en lugar de enchufar a los suyos, enchufaban también a los socialistas.
En el plano económico, la etapa de Aznar fue de una extraordinaria prosperidad económica: España no cumplía ninguno de los criterios de convergencia para entrar en el euro, de hecho, Felipe González tiró la toalla y dejó pactado con Romano Prodi que España e Italia se abstendrían ante la moneda común, incorporándose en una segunda fase, de modo que si de los socialistas hubiera dependido, los españoles hubieran tenido pesetas en los bolsillos hasta 2012, y el PP cumplió contra pronóstico en sólo dos años. Se redujo el déficit público del 6.6 al 0%, logrando en 2003 el primer superávit en las arcas públicas de la democracia y el primero desde 1968, se crearon 4,3 millones de empleos, siendo España la locomotora económica de Europa, creando el 80 % del empleo de la Unión Europea. Se redujo la tasa de paro en un 53 %, del 22.8 al 11.2 %, mientras que Felipe González decía que el paro estructural era del 16 %, una afirmación que quedó refutada por la realidad. La deuda pública bajó del 70 al 45 %, el número de ocupados creció de 12 a 18 millones, cuando se había llevado dos décadas estancado en los mismos niveles de 1976 (creando empleo neto en años de aumento de la población activa), del mismo modo que la convergencia real con Europa, por primera vez en democracia aumentó, del 78 al 87%.
Entre 1996-2004, la riqueza neta de los hogares se duplicó, de 2.16 a 4.33 billones de euros y 8 millones de españoles pasaron a ser accionistas, una revolución silenciosa que entronca con el capitalismo popular que siempre propugnó Thatcher, se bajaron los impuestos: dos veces el IRPF y se suprimió el Impuesto de Actividades Económicas para el 93 % de los contribuyentes, un tributo que se pagaba literalmente por trabajar. Con Aznar, se inauguró la cultura del déficit cero y el equilibrio presupuestario a través de la Ley de Estabilidad Presupuestaria, se liberalizaron sectores como el gas y la electricidad, bajando un 30 % el precio de la luz, y en este sentido, la liberalización fue consustancial a la privatización, ya que el propio Aznar consideraba que privatizar sin liberalizar daba lugar a un capitalismo de amiguetes y liberalizar sin privatizar abría la puerta a la intervención del Estado. Ya no se llevaban a cabo privatizaciones parciales como las que había hecho el PSOE, de un 7 % para cubrir un déficit del 2 % en una empresa. En esta ocasión, la privatización era una filosofía política, bajo la consideración de que el sector privado gestiona mejor por la cultura de optimización en la gestión de los recursos inherente a él. En este sentido, las privatizaciones proporcionaron unos ingresos de 27.000 millones de euros, dando lugar a que las compañías se internacionalizaran, pasando la inversión española en el extranjero de 1600 a 26.000 millones de euros, floreciendo en esa época empresas españolas líderes en el mundo en sus respectivos sectores como Barceló, Inditex, el Banco Santander y BBVA, de hecho, Aznar recuerda que le recomendaron literalmente que vendiera Iberia por una peseta cuando ahora es una empresa muy rentable.
Bajo el aznarismo, España se convirtió en una de las economías más abiertas y dinámicas del mundo, posicionándose como la octava potencia mundial, de hecho, se pasó de una prima de riesgo con más de 600 puntos básicos a estar el bono español durante un tiempo incluso más valorado que el bono alemán, y en la crisis de las puntocom (las empresas de Internet), una crisis internacional entre 2001-2002, mientras que las economías de Francia y Alemania se hundían, España crecía por encima del 3 %. Nuestra nación había pasado de ser el enfermo económico de Europa a ser un referente mundial estudiado en facultades de todo el orbe. Para cuestionar esta realidad, se ha extendido el topicazo de la burbuja inmobiliaria, señalando a la construcción como el motor de aquella prosperidad, pese a que de más de cuatro millones de empleos que se habían creado, sólo 800.000 correspondían a la construcción, a lo que cabe añadir que el pico de la burbuja fue con Zapatero en 2006, y en concreto, Andalucía lideraba la burbuja, con el 20 % del total de España. En este sentido, la liberalización del suelo que Aznar impulsó hacía que todo el suelo fuese urbanizable salvo una serie de criterios arqueológicos, históricos y paisajísticos, lo que permitía aumentar la oferta de suelo, y por ende, abaratarlo, pero esta ley de corte liberal no llegó a entrar en vigor por el recurso de Castilla-La Mancha, entonces gobernada por el socialista Bono, y el Constitucional resolvió considerando el proyecto como una invasión de competencias de las comunidades autónomas, por lo que no llegó a entrar en vigor, a lo que se suma la ley de Zapatero, que introducía nuevos elementos distorsionadores como la obligación de ceder más suelo a los ayuntamientos para construir VPO, lo que encarecía las restantes. Por último, la burbuja inmobiliaria fue consecuencia de la política de tipos de interés negativos de los bancos centrales, dando lugar la expansión crediticia a que muchos se lanzasen en barrena a comprar viviendas.
La política antiterrorista fue el otro gran hito histórico que marcó el Ejecutivo de Aznar, ya que aisló a ETA internacionalmente, impulsando la Euroorden y que el terrorismo fuese tipificado como delito en la Unión Europea, ya que de ese modo no tendría escapatoria en ninguno de los Estados Miembros, pues no pocos de ellos no habían sufrido el terrorismo y no lo tenían recogido en sus Códigos Penales. No obstante, el principal logro en esta área fue la Ley de Partidos, que se reveló como la medida antiterrorista más eficaz de la historia, apoyada por el 93 % del Congreso y una de las pocas leyes orgánicas que cuenta con el respaldo de los dos partidos, la cual permitió ilegalizar Batasuna, que era parte integral de ETA, y que al estar presente en las instituciones, tenía acceso a direcciones, datos económicos y bancarios para poder llevar a cabo su extorsión, de hecho, no hay que olvidar que en base a una información de un concejal de Herri Batasuna fue asesinado Miguel Ángel Blanco. Bajo el gobierno de Aznar, sin componendas ni negociación de ningún tipo, ETA llevaba más de un año sin matar porque no podía hacerlo, habiendo sido desarticulada varias veces y evitándose grandes masacres como la de la caravana de la muerte, cuando una furgoneta con 538 kilos de explosivos fue detenida en Cuenca, además de desarticularse la kale borroka. Se endurecieron las penas por terrorismo, elevándose de 30 a 40 años, y bajo el espíritu de Ermua emergió de la sociedad civil una reacción voluntaria contra ETA, con un gobierno que la capitalizaba con una clara filosofía: había que combatir a los terroristas con la ley, con todos los instrumentos que da la ley, pero sólo desde la ley, y en este sentido, el PP vasco de Mayor Oreja, Carlos Iturgáiz y María San Gil se convirtió en un ejemplo de dignidad y en un referente de valores. Por otro lado, y como signo más importante de esta labor, las víctimas pasaron a ser el centro de la política antiterrorista, a las que se les devolvió la dignidad, pasando el importe total de las indemnizaciones de 2.35 a 19.8 millones de euros, nueve veces más, de hecho, Mayor Oreja decía que las víctimas siempre tienen razón.
La prosperidad económica dio a España prestigio internacional, convirtiéndose en un actor decisivo en el tablero mundial, llevando a cabo Aznar una política exterior basada en la defensa de los intereses nacionales, de hecho, cabe destacar aquella frase del presidente que decía que España no debía perder el tren de la Historia, ya que había llegado tarde a la ONU, la OTAN y la Unión Europea, pero había sido socio fundador del euro. España había salido del aislamiento que arrastraba desde el Congreso de Viena de 1815, que había quedado al margen de las grandes decisiones, y pese a ser muy criticada, la Cumbre de las Azores retrata a España por primera vez desde el siglo XVI en primer plano de política exterior, teniendo como aliado a la primera potencia mundial y a su principal socio europeo, no a dictadores tercermundistas y déspotas bananeros como Castro y Chávez en la era ZP.
Con Aznar, España participó en la cumbre del G-8 y estuvo cerca de entrar en tan selecto grupo, estaba en el puesto de mando de la Unión Europea, forjando una alianza con Reino Unido e Italia que actuase como contrapeso al eje franco-alemán, y al estar la CDU alemana en la oposición, el PP español se convirtió en el principal referente de la derecha europea, liderando un proceso de agregación en el Partido Popular Europeo, que anteriormente sólo representaba a la Democracia Cristiana y ahora se abría a otras familias de la derecha, con el PSD portugués, Nueva Democracia griega, Forza Italia y los gaullistas franceses.
Otros logros de Aznar en el panorama internacional fueron la defensa de la soberanía española en zonas estratégicas como Perejil, donde Marruecos lanzó un pulso a sólo cuatro kilómetros de Ceuta y Melilla para medir la fortaleza del gobierno, logrando que Estados Unidos se alinease con España y no con Marruecos, que había sido su aliado en la zona, se construyó un gaseoducto con Argelia para reducir la dependencia energética de Rusia, que ha tendido a utilizar los recursos naturales como arma de presión geopolítica, cortando el grifo del gas a Europa cuando contraviene sus intereses, por lo que se ven especialmente afectados Alemania, Estonia, Letonia y Lituania, impulsó la posición común de la Unión Europea contra Cuba, donde se proscribía toda apertura hacia la isla mientras no se produjeran avances en materia de libertades y Derechos Humanos, luchó sin éxito para que la Constitución Europea recogiera una referencia a las raíces cristianas de Europa, fue el gobernante que desde Franco estuvo más cerca de recuperar Gibraltar, planteando el propio Tony Blair la soberanía compartida y logró 49.000 millones de euros en la negociación de los Fondos Estructurales tras 14 horas de negociación, mientras que en 2007, Zapatero perdió el 80 % del saldo logrado por Aznar.
El ex presidente arrinconó todos los clichés sobre la derecha adelantando a la izquierda por la autopista de la modernidad, ya que acabó con la peseta, los gobernadores civiles, el parque móvil del Ministerio y el servicio militar obligatorio, creó el Ministerio de Medio Ambiente y garantizó las pensiones, estableciendo por ley su revalorización anual mientras que Felipe González dejó el sistema de pensiones en suspensión de pagos y el gobierno del PP tuvo que pedir un préstamo a los bancos en Septiembre de 1996 para poder pagarlas, creando el Fondo de Reserva de la Seguridad Social (la “hucha de las pensiones”), con un saldo de 12.000 millones de euros al dejar el gobierno. Afianzó el Estado del Bienestar al generar los ingresos suficientes para financiarlo, de modo que la derecha ganaba a la izquierda en aquel campo que se atribuía como propio al hacerlo sostenible, y en este sentido, por citar un ejemplo, durante el primer gobierno del PP, el gasto total en educación pasó de 25.000 a 40.000 millones de euros.
En el Ejecutivo de Aznar las mujeres ocuparon puestos de responsabilidad sin necesidad de cuotas, con ministerios importantes como Justicia, Agricultura o Educación, con la primera mujer presidenta del Congreso (Luisa Fernanda Rudi), la primera presidenta del Senado y la primeria presidenta electa una comunidad autónoma (Esperanza Aguirre), así como la primera vicepresidenta de la Comisión Europea (Loyola de Palacio).
Se podrían citar otros logros de su ejecutoria como haber llevado a cabo una política de cohesión nacional a través del Plan Hidrológico Nacional, que habría acabado con los problemas hídricos de España al transferir a las zonas más secas de España los excedentes de caudal que se pierden en el mar, lo que partía de la concepción de que el agua no es de una región sino de todos los españoles. En otro orden, cabe decir que se potenciaron los juicios rápidos para descongestionar la justicia, que pasaron de 6000 a 100.000, se pasó de tres a 25 convenios de repatriación, ya que como consecuencia de la bonanza económica, España pasó de ser un país de emigrar a un país de inmigración, se llevó a cabo el mayor Plan de Infraestructuras de la democracia, muchas de las cuales se atribuyó la incompetente Magdalena Álvarez. Aznar fue el presidente con el que se firmaron más acuerdos sociales, logrando la paz social que el PSOE de Felipe González había sido incapaz de conseguir, y de hecho, pese a contar con mayoría absoluta, en su segunda legislatura se firmaron más acuerdos que en la primera, tal es el caso del Pacto Antiterrorista y el Pacto sobre la Justicia, y cabe añadir algún logro más como el testamento vital, un avance en la autonomía y la libertad personal del paciente.
En el plano político-partidista, Aznar supo de hacer del PP un partido de amplia base liberal y nacional, logrando que todo aquel que no era de izquierdas se identificase con el PP, uniendo a toda la derecha en un único núcleo político, algo que tenía consecuencias igualmente positivas y negativas: las positivas son que un centro-derecha unido logra mayoría absoluta en España y desbanca al PSOE, algo que logró el propio Aznar en 2000, Rajoy en 2011 y ya en la Segunda República, la CEDA y el Partido Republicano Radical en 1933. Por contra, en el lado negativo, jugar a la empresa de la concentración conlleva graves riesgos, ya que al carecer de un socio en la derecha con el que pactar, el PP necesita mayoría absoluta para gobernar, mientras que si el PSOE no tiene mayoría absoluta, gobierna igualmente la izquierda, como se vio en Andalucía en 2012, donde PSOE e IU desbancaron al PP, la fuerza más votada. Otro efecto indeseable de la concentración del voto es que el PP se puede permitir (como ha sucedido hasta la aparición de VOX) traicionar a sus votantes girando a la izquierda para ensanchar sus caladeros electorales sin que por ello reciba un merecido castigo electoral.
Por otro lado, Aznar marcó tendencia en la clase política española con un gesto inequívocamente liberal de renuncia del poder, ya que antes de llegar al gobierno se comprometió a no estar más de ocho años en él y cumplió su palabra, a diferencia de los caudillos como Felipe González que creen que lo que prevalece es la persona y no el proyecto o de Zapatero, que renunció a un tercer mandato por lo mal que le iba en las encuestas. Desde entonces ha sentado cátedra con una limitación voluntaria de mandatos que pretende emular a Estados Unidos y que otros como Esperanza Aguirre han seguido, aunque desafortunadamente nombró a dedo a su sucesor, con unas consecuencias que siguen pagando los votantes del PP y el conjunto de los españoles.
Una vez reseñados el conjunto de los logros de Aznar, que sin duda ha sido el mejor gobernante que ha dado la derecha democrática en España desde Cánovas, cabe aludir a los aspectos negativos del balance, ya que en materia nacional, en su segunda legislatura se mostró combativo contra el nacionalismo vasco, apostando por derrotarlo en las urnas de la mano de Mayor Oreja, intentando desalojar al PNV de Ajuria Enea, muy cercanos políticamente PP y PSOE en la defensa de la vida, la libertad, la Constitución y la Nación española, de hecho, fue con Aznar cuando los nacionalistas recibieron en democracia la primera oposición neta del Estado, cuando frenó el Plan Ibarretxe castigando con penas de cárcel los referendos ilegales. Por el contrario, esa contundencia que mostró contra el nacionalismo vasco no se vio en el caso del catalán, ya que les cedió la gestión del 30 % del IRPF mientras que Felipe González les había cedido el 15 %, les cedió la gestión de los puertos, las competencias de tráfico, sacando a la Guardia Civil de las carreteras catalanas y retirando al Estado en un área, decapitó políticamente a Vidal-Quadras y le entregó a Pujol su propio partido en Cataluña, que desde entonces no ha vuelto a levantar cabeza, a lo que hay que añadir, que en 1998 presionó al Defensor del Pueblo para que no recurriera la Ley de Discriminación lingüística de Pujol, que comenzó con las multas por rotular los comercios en español, que luego se recrudecieron con el tripartito. Para colmo, en su segunda legislatura, ya con mayoría absoluta, lejos de corregir su error, profundizó en él al apoyar a Convergencia en Cataluña sin necesitarla en Madrid para gobernar, llegando a ofrecerle a Pujol ser ministro en su gobierno y disolver el PP en la región para convertir a CIU en su marca, una especie de UPN catalana, de hecho, el otrora “molt honorable” dice en sus memorias que Aznar le consultaba los nombramientos en el PP catalán, que culminó con la designación del criptonacionalista Josep Piqué, lo que podía interpretarse como un intento de apaciguar a Pujol y utilizarle como un elemento moderador frente a las pulsiones separatistas de ERC.
Aznar no sólo cesó a Vidal-Quadras (su mayor obsequio político al nacionalismo), sino que también hizo lo propio con Esperanza Aguirre como ministra de Educación cuando planteó una reforma de las Humanidades para que los nacionalistas no manipulasen la Historia de España, del mismo modo que bajo su gobierno no hizo cumplir la Ley de Banderas, con muchos ayuntamientos catalanes que ondeaban la estelada y no la bandera española. Otro aspecto menos conocido de sus pactos con Pujol es que extendía sus tentáculos más allá de Cataluña, llegando a Valencia, donde Zaplana creó la Academia Valenciana de la Lengua, de mayoría catalanista, que llegó a reconocer la unidad del valenciano y el catalán, algo que Camps asumió como propio en 2005.
En el plano nacional, Aznar continuó con la senda de sus antecesores de traspasos de competencias, transfiriendo algunas tan importantes como la Sanidad, de hecho, no hay más que recordar a Arzalluz diciendo en 1996 que le había sacado a Aznar en catorce días más que a Felipe González en catorce años, y aunque a diferencia de sus predecesores trató de fomentar el espíritu nacional, esté fue de forma muy atenuada, basado en un acomplejado “patriotismo constitucional” para que no se vinculase la idea de España con el Franquismo, cuando la Nación española es anterior a la Constitución y no surge con ésta, naciendo la Constitución para un Estado preexistente, por lo que es absurdo actuar como si España hubiese nacido con la Carta Magna, que precisamente se fundamenta en la indisoluble unidad de la Patria.
En otros órdenes, el PP de Aznar dejó de dar la batalla en cuestiones morales, de hecho, renunciaba a denominarse de derechas y asumía la etiqueta vergonzante del centro, abriéndose paso la tecnocracia como única ideología oficial del PP, que ya era el partido de Arriola y Celia Villalobos, y prueba de ello es que dejó de ser inequívocamente pro-vida para asumir como posición oficial una Ley del Aborto con tres supuestos, incrementándose en un 60 % las cifras de aborto durante el aznarismo, con un total de 511.429, más de medio millón, del mismo modo que no se hizo nada por derogar o modificar la Ley del Divorcio, avanzando en la ingeniería social progre al legalizar la píldora abortiva RU-486 y la experimentación con embriones. En aquella época los complejos de la derecha eran visibles cuando Aznar reivindicaba a Azaña y el PP concedía la nacionalidad española a las Brigadas Internacionales (enviadas por Stalin a matar españoles) a la par que condenaba el 18 de Julio como un “golpe de estado militar fascista” sin exigir a la izquierda una idéntica condena por sus crímenes durante la guerra, del mismo modo que votaban en contra de la Ley Corcuera desde postulados liberales, alineándose con Izquierda Unida y contra la mayoría de sus propios votantes, a lo que cabe añadir la imagen de Aznar acudiendo a un congreso de UGT. Todas estas traiciones ideológicas dieron lugar a la escisión del PADE, que tenía mucha razón en sus planteamientos.
En materia de regeneración democrática, no se despolitizó la Justicia ni las cajas de ahorro, a lo que hay que sumar que el PP carecía de toda democracia interna, no se desclasificaron los papeles del CESID, negándose el Ejecutivo de Aznar a colaborar con la Justicia, ya que implicaban penalmente a Felipe González, lo cual puede tener varias explicaciones: que el gobierno popular entendiera las dificultades en la lucha contra el terrorismo a las que se enfrentaron los socialistas, que tuvieron que recurrir a la guerra sucia para forzar a Francia a colaborar y evitar de ese modo un enfrentamiento civil de los partidarios y detractores de González en la calle o que el propio Aznar quisiera evitar ser procesado si tuviera que recurrir a actuaciones de ese tipo. En la misma línea, no ejecutó la sentencia del antenicidio, consecuencia de la compra ilegal de Antena 3 Radio (la única emisora de radio crítica contra el felipismo) por parte de PRISA (brazo mediático de los socialistas) a través del Grupo Zeta, a lo que hay que sumar que Rato concedió el monopolio de la televisión de pago a Polanco, un favor que PRISA le devolvió proporcionándole apoyo mediático como sucesor de Aznar, que no había llevado a la práctica buena parte de sus promesas sobre regeneración, para lo que hubiese necesitado una tercera legislatura, y es posible que no las aplicase por dos motivos: o bien porque no las consideró necesarias de cara a la opinión pública o por el contrario consideró que lo haría sus sucesor.
Se ha tendido en los últimos años a vincular, en no pocos casos injustamente, la corrupción del PP con la etapa de Aznar, a lo que hay que recordar que estando al frente del partido se mostró contundente con la misma, ya que en 1995 cesó a Cañellas, entonces presidente balear, cuando fue imputado, mientras que Rajoy no hizo lo propio con Camps en 2011, avalando que se presentara con una lista con ocho imputados. Con Aznar, la corrupción no estaba entre las cincuenta primeras preocupaciones de los españoles, reduciéndose sustancialmente la corrupción en el gobierno central con respecto a la etapa de Felipe González, con escándalos que afectaban a todas las instancias de poder: de la directora del BOE al gobernador del Banco de España pasando por el director general de la Guardia Civil, el vicepresidente Guerra y el ministro del Interior, siendo especialmente ominosa la imagen de Felipe González acompañando a Barrionuevo y Vera a la puerta de la cárcel, de hecho, la percepción de la corrupción alcanzó máximos históricos tras la fuga de Roldán en 1994, con Aznar se mantuvo bajo mínimos y creció un 20 % en 2013 como consecuencia del Caso Bárcenas, convirtiéndose en el segundo problema de los españoles tras el paro. Se podrá alegar que muchos que fueron ministros de Aznar han acabado manchados por la corrupción, tal es el caso de Rato o Matas, pero han sido imputados o condenados por hechos posteriores a su etapa de gobierno, por lo que Aznar no ha incurrido en responsabilidad política.
El PP de Rajoy trató de desviar las culpas de la corrupción del partido hacia el pasado, es decir, a su expresidente, pero puestos a culpar a Aznar, cabría recordar que Rajoy fue vicepresidente de su gobierno, porque no es menos cierto que fue Rajoy quien ascendió a Bárcenas en el escalafón del PP y le nombró tesorero, y en un claro gesto de connivencia le envió un SMS de apoyo al conocerse su cuenta en Suiza con 48 millones de euros, que nombró ministra a Ana Mato después de que se conociera que encontró un Jaguar en el garaje y que la Gürtel le pagaba los viajes y las fiestas de cumpleaños de sus hijos, la misma Gürtel que operaba en la Comunidad Valenciana de Camps, uno de los grandes apoyos internos de Rajoy, que luego le respaldó tras su imputación, y para más inri, las empresas de Correa le pagaron al propio Rajoy su viaje a Canarias en 2004, porque a Aznar no consta que le hayan pagado nada. Por otro lado, fue Rajoy quien confirmó a Matas como candidato en 2007, quien figura como receptor de sobres en los papeles de Bárcenas, siendo el segundo que más recibió después de Álvarez-Cascos, mientras que Aznar no figura en esa lista, ya que en el peor de los casos los consintió. Fue con Rajoy como presidente cuando se pagó la reforma de la sede del PP con 1.7 millones de euros en dinero negro, se destruyeron pruebas policiales como los discos duros y la Policía registró todas las plantas de Génova durante 14 horas. Fue el actual líder del PP (que figura como avalista en la cuenta de 22 millones de euros que Bárcenas tenía en el Dressner Bank de Suiza), quien compró el silencio del ex tesorero con la supuesta “indemnización en diferido”, con 13.800 euros al mes (el sueldo más alto del partido), despacho y coche oficial, quien blindó a Rita Barberá en la Diputación Permanente del Senado y quien incurrió en muchas de las responsabilidades políticas en torno a Rato, de quien debe recordarse que muchos de los delitos que cometió están relacionados con su etapa como presidente de Cajamadrid y Bankia, donde fue nombrado en base a un pacto entre Zapatero y Rajoy, y para colmo, De Guindos, en un intento de aminorar el escándalo de las tarjetas black, le dio la posibilidad de devolver el dinero del que se había apropiado antes de hacerlo público.
Para concluir el lado negativo del balance, cabe añadir otros errores no menores cometidos por Aznar como la Ley del Menor, que aunque tuvo la valentía de regular la delincuencia juvenil cuando ningún político quería hacerlo por lo impopular que era, fue una ley bastante defectuosa que partía de muchos de los presupuestos ideológicos de la izquierda, ya que no prevé penas sino medidas de seguridad, siendo las mismas con independencia del crimen cometido cuando desde la Fiscalía General del Estado se ha apostado por rebajar la edad penal a los 14 años. Se retiró la reforma laboral de 2002 pese a ganarle a los sindicatos el pulso en la calle, de modo que en sus dos últimos años, decidió no reformar más y el PP mutó en el plano económico de una derecha liberal a un centro democratacristiano. Durante su etapa comenzó la inmigración masiva, un fenómeno que se analizó desde postulados economicistas y no políticos, señalando que los inmigrantes “pagarían las pensiones”, de hecho, con su gobierno, se regularizaba con una rueda de bicicleta o un bonobús, y ya con Zapatero se llegaba a regularizar con una orden de expulsión, y a partir de 2002, Aznar estaba ebrio de poder, incurriendo en la confusión de lo público y lo privado propia del felipismo, marcando el final de una época, algo que es especialmente visible en la boda de su hija en el Escorial, propia de un emperador y que reunía a toda la élite político-económica de España.
Con sus luces y sus sombras, sus aciertos y sus omisiones, la etapa de Aznar fue en términos generales muy positiva, y tal y como dice Vargas Llosa, de él se puede decir lo mejor que se puede afirmar de un gobernante: que dejó un país mejor del que encontró.





