Aquí me encuentro de nuevo un día más dispuesto a escribir en mi diario desde el invernadero, y les cuento para que juzguen ustedes mismos, si en esta puñetera casa hay algún habitante que conserve algo de cordura…
Esta mañana a las siete, la señora nos convocó a todo el servicio para anunciarnos la inminente visita del colectivo indigenista boliviano que se llama «Ama a la llama».
Remigia la cocinera, que con tanto sobresalto está un poco tocada de los nervios la pobre mujer, se arrodilló al escuchar la noticia en mitad de la enorme cocina y con los brazos en cruz y mirando al cielo, exclamó llorosa:
“¡Ay, San Lorenzo bendito, un grupo de pirómanos!… ¡Lo que nos faltaba…!”
La señora entonces emitió un alarido gutural y con el ceño fruncido de ira gritó:
«REMIGIA, COÑO: ¿QUÉ ESTÁS DICIENDO?… SON UN GRUPO DE AMIGOS INDIGENISTAS, SON AMANTES DE LAS LLAMAS ANDINAS, UNOS ANIMALITOS PRECIOSOS DE LOS ANDES…
¡AY!… SI NO FUERA POR LO BIEN QUE LE PREPARAS LOS HUEVOS CON PIMIENTA AL SEÑOR.”
A lo que Remigia añadió: “Y con talco, señora… y con talco.”
Se hizo entonces un silencio incómodo y la cosa por suerte no fue a más.
Sobre las ocho de la mañana vimos llegar a la puerta un autocar, acompañado de un enorme camión de esos para el transporte de ganado.
Del autocar bajó Eugenio Condori, presidente del colectivo indigenista, acompañado por un séquito de lo más pintoresco, con sus trajes típicos del altiplano y sus graciosos sombreritos.
Y del camión bajó un numeroso grupo de llamas escupiendo a discreción y que a mí, más bien me parecieron parientas del tío Nike, con su misma cara pero sin gafas ni carromato.
Parece ser que Eugenio Condori venía con la intención de firmar un convenio de colaboración con España, para la importación a gran escala de baba de llama, que según las revistas que lee esta gente, parece ser que es un potente afrodisíaco…
Las llamas fueron recogidas en un recinto vallado al fondo de la parcela, después el invitado Eugenio Condori pasó al despacho junto al señor para hablar de sus cosas, mientras que el resto de acompañantes fueron agasajados durante toda la jornada con una fiesta en los jardines, amenizada por un grupo de música y baile andino que formaba parte del séquito.
Carnavalito, El pajarito azul, La colegiala, Chogüí… y la favorita de la señora: El cóndor pasa.
Todo transcurría dentro de cierta normalidad hasta que poco a poco, algunos de los invitados comenzaron a soltar unas carcajadas impropias de ellos y a lanzarse desnudos a la piscina… cuando de repente, el rebaño de llamas rompió el corralito y todas se esparcieron por el jardín para acabar haciéndose sus necesidades en los arriates de tulipanes de la señora, mientras escupían a diestro y siniestro a toda la concurrencia.
Dos llamas hembra acosaron, persiguieron y acorralaron a tío Nike. Lo pusieron perdido de escupitajos y babas sin que él opusiera resistencia o manifestara al menos un poco de asco.
Al contrario, el muy cabritillo parecía más bien complacido mientras las llamas le escupían, le mostraban sus ancas y le invitaban al apareo.
Con este alboroto y algarabía, el señor y Eugenio Condori acabaron saliendo al jardín a ver qué pasaba y al contemplar el espectáculo comenzaron a proferir unas enormes carcajadas.
La señora entonces salió de la piscina totalmente afectada, y muy eufórica le dijo a Condori:
“¡Me encanta el tema que suena; EL CÓNDOR PASSSSSA… ¿BAILAMOS?”
Condori, que para entonces ya iba algo más que colocado, le respondió a la señora:
“El condón tenía que haber pasado por aquí hace unos años y ahora mismo no estaríamos teniendo que aguantar a sus niños… ¡Qué malos son los tres josdelagranp…!”
A punto estaban ya de llegar a las manos los invitados con los señores, cuando irrumpió la fuerza pública… (otra vez) y se llevaron a toda la concurrencia… (otra vez)… todos metidos en furgones… (otra vez)… para declarar en comisaría.
Tío Nike ha vuelto a hacer de las suyas con los pebeteros del jardín y la grifa de Ceuta…
En fin… hasta otro rato, señores.





