Hoy es un día triste para mí.
Me acaba de llegar esta mañana una carta de Londres, de la residencia donde iba a ser contratado próximamente y dice en un correcto español lo siguiente:
“No se te ocurra poner los pies aquí después de haber trabajado en esa casa de locos, degenerado.
Y ándate con mucho ojo que te tenemos calado…”
Tras el gran disgusto recibido, no me queda más remedio que continuar prestando mis servicios en este jodido manicomio.
Así pues, aquí me encuentro, narrando en mi diario lo acontecido ayer tarde.
Estaba la señora muy afanada merendando sus galletas María (tal como a ella le gustan, desmigadas en chocolate de la marca Guarrefour) cuando en estas le trajo el mayordomo una carta certificada con matasellos de Barcelona.
La señora, que últimamente está con las cartas más resabiada que un gato viendo una manguera y una pastilla de jabón, con su mirada más inquisidora le dijo al mayordomo:
“BEBE , BÉEME BA CAFBA NO VAYA A DEF ODRA DE AFGUNA HIBA DE DA GRAF BUDA.”
(Es que le pilló con la boca llena de galletas migás…)
El mayordomo, bastante temeroso y oliéndose otra tostada como en días anteriores, entre temblores de cuerpo que se le notaban en la voz, comenzó a leer la carta que decía así.
[ Muy señora suya: No me es grato en absoluto dirigirme a usted, ya que como usted recordará, nuestra pasada amistad acabó a farolazos.
El motivo de ésta no es otro que exponerle mis más sentidas quejas, así como mi mayor repugnancia y malestar por las cartas recibidas últimamente con matasellos de Galapagar, en las que se me hacen abiertas proposiciones de carácter sexual.
Tengo fundadas sospechas de la identidad del remitente de dichas cartas, ya que en una de ellas, entre otras muchas frases llenas de lascivia me escribió cosas como estas:
“Vuelve junto a mí, Leona del Tibidabo.”
“Cuando pienso en ti, mi carricoche se inunda de fluido corporal amoroso…”
Transcribo lo más elegante de esas cartas porque el resto es absolutamente repugnante y le advierto por su bien para que solucione el asunto de inmediato.
Como usted sabe, debido a mi físico más que exuberante y mi gran atractivo sexual, he sido siempre una mujer muy deseada por muchos hombres y terriblemente acosada por el maldito heteropatriarcado, y precisamente por ello no pienso tolerar más ataques de esa índole.
Esperando que tome medidas de inmediato, o que se atenga entonces a las consecuencias,
se despide de usted
Ada Cola-Cau. ]
La señora entonces espurreó como un aspersor las galletas que estaba merendando y gritó:
«NIIIIIKEEEE: ¿Dónde te escondes sabandija…?»
Tío Nike, apareció entonces vestido de pastorcilla con una peluca de tirabuzones y la señora, para no perder la costumbre, le persiguió por todo el jardín dándole sombrillazos hasta que se le cansaron los brazos y volvió a tomar asiento.
Bueno, os tengo que dejar, que estoy sintiendo una gran algarabía en el casoplón.
Hasta otro momento.





