Otra vez me encuentro en el invernadero escribiendo.
Esta vez tengo novedades que contar.
Esta mañana a primera hora la señora me llamó para comunicarme la noticia.
Los señores se compran una nueva casa y la señora me ha propuesto marcharme con ellos como jardinero… pero me da la impresión que continuaré mi vida en otro lado que nada tiene que ver con este manicomio.
He recibido una propuesta de don Santiago para prestar servicios en su domicilio y me lo estoy pensando, aunque poco hay que pensar.
Un sueldo mucho mejor, un ambiente mucho más señorial, menos trabajo, tres pagas extras al año y cotización en régimen general.
¡En fin!… ¿Qué os voy a contar?…
Es la diferencia entre trabajar para un “defensor de los derechos de los trabajadores”… o trabajar para los de la temida «ultra derecha».
Mi incorporación ha de ser inmediata el primer día de Septiembre y llevo dos días aplicándome pomada antiinflamatoria en el antebrazo, para el corte de manga monumental que le voy a dar a estos dos chavales antes de marcharme el lunes por la tarde de esta casa.
A mi señora y mi cuñada también las ha contratado don Santiago y ambas al igual que un servidor, están preparando sigilosamente el equipaje. Muchos serán los cambios en esta familia a partir del lunes.
Como sabéis, este chiringuito se hunde. Y por aquello de que las ratas son siempre las primeras en abandonar el barco, tío Nike ha sido el primero en comunicar que va a tomar los hábitos de una orden religiosa, pero no para ponérselos, no… sino para venderlos en mercadillos…
¡Qué jolagranputa es…!
Aquí dejo muchos malos recuerdos de un verano inenarrable que espero os haya entretenido con tantos despropósitos.
Esto no es una despedida sino un hasta otra.
Puede que volváis a saber de mí, con otros temas, otros jardines, otras casas y otras cosas.
El tiempo y Dios mandarán.
Me despido por ahora, esperando volver a encontrarme con vosotros y deseando que hayáis tenido un verano mejor que el mío.
Cordialmente,
El jardinero de Galapagar.





