Aquí me ando en el invernadero… y no, nadie se piense que estoy orinando en los rosales.
Aquí me ando en mi descanso con mi diario a punto de narrar lo que aconteció ayer tarde.
La señora, ayer sobre las siete de la tarde, convocó a todo el servicio en el jardín para anunciarnos la inminente llegada para la hora de la cena de su preparador físico de pilates, el Granmaestro Kapa Shao con todo su séquito de acólitos alucinados, que vienen a pasar unos días en el casoplón.
Anda la señora muy alterada y al parecer le ha dolido bastante la irónica coplilla que hace unos días le dedicó Tío Nike:
«Omo ieres é tengas elo en er moño, si tás sempre ‘abreada omo un emonio…»
¡Dicho y hecho!
A eso de las siete y media de la tarde se escuchó un ruido en la puerta de entrada.
A mí no me sonó a autocar precisamente…
Tras abrir el gran portón, contemplé atónito que en la puerta había un enorme camión de transporte de ganado, del cual bajó el conductor, un tipo duro y fuerte que encandiló a la señora con sus músculos y unos penetrantes ojos azules, que a la señora preguntó:
“¿Esta carga es para vosotros?…”
La señora se asomó y al ver a su maestro y todo el grupo de pilates hacinados en la parte trasera del transporte de ganado, profirió un tremendo grito y comenzó a rascarse compulsivamente sus partes…
Una vez que el fornido conductor del transporte abrió los pesados pestillos de la puerta trasera, todos comenzaron a saltar al exterior como terneros con sus enormes pelotas.
(esto… me refiero a las pelotas de pilates, claro…)
Cuando el camión ya estuvo desalojado y el chófer se disponía a subir a la cabina para marcharse, la señora dejó por un momento de rascarse y le dijo con voz insinuante:
“Caballero: ¿Desea usted refrescarse y pasar aquí la noche…?”
El hombre se excusó diciendo que debía partir a por otra carga.
Y en esto que Tío Nike, que había presenciado toda la escena desde el porche le coreó:
«tan plantáo , tan plantáo, porque tenes el nejo eláo…»
A continuación todos se instalaron en el jardín alineados en filas de a tres frente al maestro que los dirigía. Después de unas cuantas mojigangas se pusieron todos a la vez con algo que se llama la «Danza de la grulla en celo…»
(Que a mí me pareció más bien la del mono borracho, pero en fin)
Tío Nike mientras, desde su silleta les contemplaba sonriente, pues se estaba fumando un porro como el cuello de una farola.
Cómo sería el olor y la calidad del truja, que a todos los presentes se les puso el cuerpo caliente y la risa tonta, para acabar en una orgía que ríanse ustedes de los romanos…
Cuando ya estaban liados todas con todos (y “todis” con “todes”)… la cosa se interrumpió de golpe al sonar un gran estruendo en el portón de entrada.
Diez furgones de la policía con una orden judicial para llevárselos a todos por la denuncia de varios vecinos. Al parecer, el tufo a “maría” se olía por toda la urbanización.
Llevan detenidos toda la noche, pero el abogado de la señora nos acaba de anunciar que han vuelto a ser liberados los señores y el tío Nike, y que los tres vienen de camino.
¡Qué poquito dura el bienestar en Galapagar…!
Hasta otro momento.





