Una de las frases que más escuchamos en estos primeros días de septiembre es la de “Volvemos a la rutina”, que suele ir acompañada unas veces de un tono nostálgico por las vacaciones dejadas atrás, y otras de un leve suspiro, como el que exhalamos cuando decimos aquello de “Hogar, dulce hogar”, tras una estancia fuera de casa que nos ha hecho apreciar lo que tenemos y no valoramos.
La voz ‘rutina’ que el español tomó del francés ‘routine’ (mediados del XVI) tiene como raíz ‘route’ (del latín ‘ruta’). La ‘rutina’ es el camino trillado, aquello que se nos hace fácil de seguir y que ciertamente aporta cierto sosiego, de ahí la expresión “La santa rutina”, cuando acometemos tareas por la costumbre adquirida de hacer las cosas por mera práctica y de manera más o menos automática, o conjunto de hábitos que nos protege de los embates del tiempo.
La Inteligencia Artificial (IA) y la digitalización están alumbrando una realidad nueva donde muchas tareas rutinarias que llevan a cabo las personas físicas, van a ser ejecutadas por herramientas que obligarán a los trabajadores a reinventarse y acometer nuevas ocupaciones. Se dice que muchos de los actuales estudiantes realizarán ocupaciones que todavía no existen.
Este cambio de modelo que ya empieza a implementarse, afectará a muchos trabajos, y no solamente mecánicos. Pensemos en un analista de inversiones, con una formación en Finanzas y Contabilidad, y que hasta ahora requería de una titulación superior: las ratios y demás parámetros que manejaba, serán previamente introducidos en el programa en cuestión y nos darán un resultado que será aparentemente más objetivo, pero que tendrá los sesgos introducidos por el programador.
Es muy revelador el índice de rutinización (RTI), que mide el riesgo de que una ocupación sea reemplazada por la tecnología debido a sus tareas rutinarias. De acuerdo con el estudio ‘La Demanda de Educación Superior ante el Cambio Tecnológico y la Inteligencia Artificial’, elaborado por Fedea (Fundación de Estudios de Economía Aplicada), las carreras universitarias más amenazadas por la tecnología son: Historia; Información y Documentación; Ciencias del mar; Lenguas Modernas y Aplicadas; Criminología; Humanidades; Nutrición Humana y Dietética; Bellas Artes; Ciencias del Trabajo; Geografía; Ingeniería, Horticultura y Jardinería: Náutica y Transporte Marítimo; Historia del Arte; Finanzas y Contabilidad; Gestión y Administración Pública; y Turismo. ¡Casi termino antes relacionando las que no lo están!
El estudio destaca que estas carreras están formando trabajadores en ocupaciones con un alto porcentaje de tareas rutinarias, por lo que corren un mayor riesgo de ser reemplazadas por la tecnología. Es decir, las ocupaciones a las que suelen dar salida, corren un mayor riesgo de quedar obsoletas por acabar siendo llevadas a cabo por máquinas. En el otro lado de la balanza se encuentran carreras como Matemáticas, Física o Arquitectura. De acuerdo con el mencionado estudio, estas disciplinas están formando trabajadores en ocupación con un porcentaje bajo de tareas rutinarias y, por lo tanto, corren menos riesgo de desaparecer o sufrir cambios drásticos por el avance de la tecnología. Entre las titulaciones con valores bajos de los índices de exposición a la tecnología se encuentran las carreras relacionadas con la Educación; Humanidades; Protocolo y Eventos; Música y Artes Escénicas; y Arqueología.
Ello nos lleva a preguntarnos si sigue valiendo la pena el coste y el esfuerzo de obtener un título universitario (España es el país de Europa con mayor número de graduados universitarios en relación con su población total), y eso que en nuestro país el coste de las matrículas universitarias es la décima parte que la de una universidad norteamericana. ¿Resulta útil el tradicional modelo de grados, másteres y doctorados de cara a la preparación para acceder al mundo laboral? Recientemente nos llegaba la noticia de la alta demanda en el presente curso para matricularse en grados de Formación Profesional.
Probablemente la respuesta está en la potenciación de las llamadas soft skills o habilidades blandas, es decir, aquellas que aún en las que la IA todavía suspende: la empatía (capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos), el pensamiento crítico (el que te lleva a desear la búsqueda de la verdad, la paciencia para dudar, la afición de meditar, la lentitud para afirmar, la disposición para considerar), la capacidad de negociación (esa habilidad interpersonal que te ayuda a interactuar con los demás), la habilidad para resolver conflictos, la tolerancia al estrés…
No hay planes de estudio que contemplen asignaturas con estos títulos, pero a medio y largo plazo van a marcar la diferencia para el acceso y mantenimiento de un puesto de trabajo. Por favor, mentalicemos a los profesores y estos a sus alumnos, que no todo viene en los manuales de las materias de las que tienen que examinarse en sus carreras.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






2 Comments
Certera exposición del economista Alberto Tobaja refiriendo a «Rutinización e Inteligencia Artificial (IA)». Es verdad que esta revolución cultural cambia el modo de vida, pero la esencia del saber siempre se distribuye entre «Ciencia, Tecnología y arte». Un buen profesional, artesano o artista, deberá siempre combinar estas capacidades. Seguramente el futuro diseñará la medida de estas aplicaciones.
Cordial saludo al autor.
dónde puedo encontrar el índice?