¿Es el comunismo científico? Los comunistas dicen que sí, pero teniendo en cuenta que la ciencia se basa en la experimentación, la observación de los hechos, y el análisis de los resultados como paso previo a la redacción de las conclusiones, leyes, y teorías, el comunismo -junto con lo que su teoría establece como su antesala: el socialismo- es profundamente anticientífico, porque cada vez que lo han puesto en práctica ha demostrado con creces que no funciona. En todo caso sería un dogma de fe completamente alejado de lo científico. El problema radica en la distopia oscurantista que la izquierda quiere imponer: que sí funciona, a pesar de que el resultado en todos los países donde ha habido dictaduras socialistas, o comunistas, demuestra lo contrario.
La explicación, desde que salí de Cuba hace 30 años, que me vienen dando las personas defensoras de ese sistema (tanto en México como en España que son los dos países donde he vivido mi exilio), cada vez que he tenido un encontronazo sobre la materia es: “El Hombre no está suficientemente cultivado, ni apto, para construir el comunismo”. Repito, según la teoría comunista, el socialismo es la antesala del comunismo, es decir, va en el paquete; entiéndase también que obra social, y Socialismo, no son la misma cosa. Esto nos lleva a lo siguiente: Si el Hombre no está a la altura para construir el Comunismo, entonces ¿quién lo está? De la respuesta se deriva lo que está haciendo la izquierda desde hace muchos años, en cuya traca final nos encontramos desde hace al menos 12 (tomando los períodos presidenciales de Obama y Trump, como referencia temporal): deconstruir al Hombre para conseguir el Hombre Nuevo. Esto ya se intentó en todos los países con dictaduras socialistas y comunistas (China lo llamó Revolución Cultural), y el resultado ha sido siempre el mismo: desastre. El precepto fundamental en que se basa el Comunismo es la lucha de clases, como estas a lo largo del siglo pasado y del presente, se han ido desdibujando hasta su mínima expresión, han tenido que sustituir dicha lucha por otros objetivos, y cuál mejor, que atacar al núcleo mínimo de cualquier sociedad, el individuo. Parte de esa estrategia actualmente se basa en la Teoría de la identidad de género, que pretende borrar la biología más elemental, los sexos varón y hembra, estableciendo que la identidad de género es un constructo social. Es decir, “nadie es lo que es biológicamente al nacer, sino aquello que percibe ser, por cuenta de la influencia sociocultural del entorno en que ha nacido”. Un planteamiento “espiritual” que rechaza la materia, lo concreto, elevando a categoría de verdad única lo abstracto, lo inmaterial, que contrariamente a lo que pretenden sus propios defensores, no solo niega la heterosexualidad, también la homosexualidad, y hasta la transexualidad, puesto que, si varón y hembra no existen más que como constructo social, entonces la búsqueda identitaria de una persona transexual, de llegar a ser físicamente del sexo distinto a aquel con el que nació, tampoco tendría sentido. ¿Cómo lo están consiguiendo? Haciéndose, mediante el método Gramscista, con la educación, los medios, y la cultura. Curiosamente hasta hace muy poco, las dictaduras socialistas y comunistas del mundo incluían a la homosexualidad en la categoría de “viejo vicio burgués”, y practicaron la homofobia de la peor y más cruel manera (campos de concentración, trabajos forzados, campos de reeducación, cárcel); y en Cuba, que aún hoy es para la izquierda y los lgtb un “faro de dignidad”, ni la constitución ni las leyes, reconocen derecho alguno a la comunidad homosexual, incluyendo el del matrimonio o unión civil. Las comunidades lgbt de Europa y América no solo guardan un reverencial silencio respecto a este tema en Cuba, sino que además le han dado premios por su supuesta defensa de los derechos de la comunidad lgbt -cosa que nunca ha hecho en la práctica-, a la representante del único gobierno en la historia de Cuba, que creó -hace no mucho- campos de concentración para homosexuales, y que hasta los 90’s incluía la homosexualidad como delito, en su código penal, Mariela Castro.
Permear y pervertir el lenguaje ha sido y es, también de interés vital para esa izquierda, en la demolición de la sociedad como la conocemos, y el tránsito a la diseñada por ellos. Por ejemplo, es casi imposible separar la palabra “social”, de “socialismo” en el ideario popular, esto les sirve para dar tintes izquierdistas a toda la obra social y de caridad que llevan a cabo instituciones religiosas y privadas, que nada tienen que ver con la ideología de izquierda. En lo económico la labor de perversión de conceptos no ha sido menor, verdades tan de Perogrullo como que, para poder dar, antes hay que tener, pretenden ser -y son- ignoradas por ellos. Incluso el Socialismo social no marxista, es decir, el que se ha practicado en Europa, donde países con economías capitalistas, a través de su fiscalidad, y de sus mecanismos estatales llevan a cabo ingentes obras de ayuda social, están como hipnotizados por los cantos de sirenas marxistas, y cada vez más se están convirtiendo a la vieja idea del socialismo primigenio soviético. Por un lado, están acrecentando su aparato gubernamental, a la vez que la carga impositiva, para poder mantenerlo, con el tramposo eslogan “que paguen más los que más tienen”, cuyo resultado al final es el conocido: quien acaba pagando, es la clase media desde el estrato más modesto, hasta el más alto. Lo curioso es que cuando hablas con alguien de izquierda, parece estar de acuerdo con esto último respecto a los impuestos, pero de todos modos vuelven a votar por sus partidos, que en la práctica y a título personal, por lo bajini, critican. Una vez más, si esto es ciencia, por qué insistimos en ir hacia el mismo resultado que ya sabemos cuál es.
La labor de acoso y derribo de la izquierda contra todo el que disienta de sus nuevas corrientes ideológicas (identidad de género, ecología, economía, y hasta veganismo ya que estamos), se parece mucho a las cacerías y quemas de brujas del medioevo. Facebook, Twiter, Youtube, Amazon, es decir, las llamadas Big Tech, todas en manos de la ultraizquierda más absolutamente dogmática que se ha visto en las últimas décadas, están llevando a cabo una labor de identificación del disidente, censura, y desaparición de este, que son idénticas a la represión física practicada todos los países donde ha habido dictaduras de izquierda o de derecha en el pasado reciente. En estos momentos el ataque es directo y abierto: si no eres de izquierda, y osas criticarlos o publicar sus verdades: se te bloquea el perfil, y tu producto deja de venderse (Amazon).
Hasta hace poco me intrigaba qué habrán sentido los cubanos no castristas que vivieron el nacimiento de esa dictadura hace 62 años. Un día cerraron los periódicos, que inmediatamente se convirtieron en Granma, Juventud Rebelde, Trabajadores; al siguiente nacionalizaron desde las peluquerías y los puestos de fruta, hasta las grandes industrias transnacionales (que nunca fueron tantas como la dictadura dice, más del 70 por ciento de la industria cubana estaba en manos de cubanos); al día siguiente hicieron la “reforma urbana”, es decir, les quitaron las propiedades de los inmuebles a sus dueños -sin derecho a indemnización-, y las transfirieron a sus inquilinos; después prohibieron la libre salida del país; inmediatamente crearon los temibles Comités de Defensa de la Revolución, encargados de la vigilancia y la delación a nivel vecinal, y así, rápidamente en apenas 5 años, Cuba se convirtió en una dictadura socialista, gobernada por el PCC, que desde entonces metió al país en una lenta agonía que ya dura 62 años. Los mitos sobre la educación y la salud cubanas merecen artículo aparte. En el presente, ya no me intriga más qué sintieron mis compatriotas entonces (yo no había nacido), estoy viviendo día con día cómo la Libertad de Expresión es arrinconada por la izquierda, la libertad para producir (en Barcelona, la alcaldesa Ada Colau tiene una guerra a tumba abierta contra el pequeño empresario y los emprendedores), el actual gobierno español lucha contra la propiedad privada (las nuevas regulaciones estatales que ha promovido el representante de la ortodoxia comunista en España, Pablo Iglesias, dan derechos inmediatos a los ocupas), en fin… que científico el comunismo no es, pero como dogma de fe parece ser invencible.
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7 Comments
Este texto tiene algunos errores fundamentales. Sugeriría al autor que estudie un poco sobre los temas sobre los que decide escribir, para que el texto comience a tener algún significado.
Creo que sería más práctico que Vd. dijera donde encuentra esos «errores fundamentales» para que todos entendamos su posición.
¿Seguro de lo que dices?, en qué te basas, para afirmar tal cosa, porque que yo sepa el autor puede darte cátedra, lo vivió, y seguro tú eres un izquierdista de panfleto, de mesa, de café de Starbucks , pero tampoco lo aseguro eh, igual sólo eres un fanático, lo que si es seguro es que no has vivido en un infierno comunista como el de Cuba.
Estoy perfectamente de acuerdo con el autor, y el que no vea que es la realidad que estamos viviendo pienso que está enajenado de la vida social actual. La izquierda trabaja cada día para destruir y separar cualquier núcleo de la sociedad, llámese “familia” o “individuo”. Sembrar odio y división entre todos les ha funcionado siempre y aún se continúan persistiendo. Enhorabuena al autor por su lucidez y su valentía!
Es un texto valiente y perfecto. El que quiera leer otro texto que lo escriba él, no sin antes vivir las experiencias que ha vivido el autor. Gracias.
Estoy de acuerdo con Zoe ..el que quiera otro texto que lo escriba el.
Sin antes pasar por la experiencia de vivir en un país Comunista …y sufrir hasta la máxima consecuencia todo el dolor de nacer en esa isla y pensar diferente
Daniel R.Batista, está claro que tú debes disfrutar enormemente de los placeres social comunistas para afirmar tal cosa. Te recomiendo una rápida mudanza hacia algunos de esos países en los que no vives pero que tanto idólatras. Nos harías un gran favor a los demás …