La obsesión woke contra el catolicismo es el reflejo de su obsesión por imponer una moral, por imponer una dominación. Para la pujante ideología de género en España, el objetivo a destruir no es ya la menguante iglesia católica, sino el catolicismo mismo, una moral fuertemente arraigada en la población española, y último bastión de una ética que ha sido definitivamente abandonada por los actores políticos e institucionales encargados legalmente de su custodia. Pues lo católico es el fundamento de la ética occidental y de los Derechos Humanos, que no surgen sino de la secularización de los valores cristianos. Paradójicamente, la teología woke de género no carga contra el Islam, brutalmente opuesto a sus premisas. Pero no es solo por miedo, sobre todo es porque la teología de “género” aspira a ser teocracia, aspira a una dominación política, y debe priorizar la eliminación de cualquier competencia interna que cuestione su moral de diseño político y electoral. Lo católico es quizás la última barrera que se opone a la pulsión woke -término norteamericano relativo a las políticas identitarias- de sustituir lo humano por lo identitario, y los derechos humanos por los de los grupos de identidad, la famosa “ampliación de derechos” de Zapatero. Una pulsión revanchista que persigue in extremis la destrucción de la familia heterosexual, de la intimidad heterosexual, y de los derechos fundamentales de la mitad de la población por cuestión de sexo, en base a su premisa teológica de la sexualidad del bien y del mal, que ya conocerán ustedes de sobra.
En este contexto, lo católico es un escollo, pues sus valores humanistas son incompatibles con los valores woke fundados en las guerras de identidades -el sexo, la lengua, el territorio…-; y son incompatibles con la entronización de la diferencia, frente a lo humano que nos une. Por eso el ataque a lo católico es furibundo, y total. Con el objetivo de dejar a la sociedad sin referente moral, para imponernos el suyo. Este ataque total contra lo católico implica desvirtuar todos y cada uno de sus conceptos fundacionales, su simbología, y su prestigio. De ese empeño surgen tanto los bautizos laicos, como el falso debate del matrimonio gay, un debate lingüístico para arrebatarle la palabra “matrimonio” al catolicismo y desvirtuar uno de sus ritos fundacionales. Y por eso mismo las FEMEN solo irrumpen en tetas en las iglesias católicas, nunca en las mezquitas, y los pederastas son siempre los curas, mientras no se demuestre lo contrario. Y ahora el cuadrito de la Semana Santa de Sevilla de 2024.
Este pintor sevillano es un listo que ha buscado rentabilizar el acoso woke al catolicismo. Llamó a la Sexta, y le organizaron un debate para hablar de su cuadro. Que por cierto le ha encantado a Rufián. A mí, personalmente, este Cristo woke insinuante y de morfología andrógina, recopiado de una foto, no me trasmitiría nada en particular. Siempre que no pretendiera suplantar a la ética milenaria de la civilización que fundó el humanismo. Frivolizar la figura del mayor revolucionario de la historia, que respondió a la violencia con amor y a la incomprensión con comprensión, hasta dar su vida por ello, me parece una canallada. Pero el mensaje del pintor es aún más explícito. El modelo es su propio hijo, auto declarado “no binario”. No es solo frivolizar un símbolo. Se trata de arrebatárselo al catolicismo para entregárselo al colectivo woke, como se hizo con la palabra matrimonio. Este cuadro del hijo del pintor disfrazado de Jesucristo estaría muy bien en cualquier lugar, pero no en el cartel que representa un sentimiento colectivo tan medular para Sevilla, y unos valores tan esenciales para nuestra civilización en los tiempos oscuros que se ciernen. Las imágenes icónicas no admiten, por definición, interpretaciones. Resulta de una macabra ironía desvirtuar el mayor símbolo humanista que primero habló de igualdad y del intrínseco valor de lo humano -el alma- reduciéndolo a la más fútil de las particularidades. Nuestra complacencia es un triste signo de lo que nos viene sucediendo. Y solo cuando hayamos, al fin, vaciado de contenido todos nuestros símbolos sagrados, comprenderemos el abismo al que nos encaminábamos.






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me gustaría saber quien ha elegido a este señor para hacer el cartel, pues se veía venir, y si lo han elegido los mismos que decidían hace 1,2,o 5 años quien hacía este cartel/publicidad.