Hola amigos. Aquí me tenéis de nuevo.
Os anuncio que a partir de ahora y por consejo de mi psiquiatra, me limitaré a escribir en mi diario solo una vez por semana y hoy es cuando toca.
Os cuento la última peripecia de ayer en el casoplón.
Yo ya me había retirado a mi descanso nocturno (con somníferos, eso sí) cuando sobre la una de la madrugada me despertó un alarido bestial.
Era la señora que a los pies de mi lecho gritaba:
“NIKOLÍN, DESPIERTEEEEE, LA PANTERA NEGRA QUE TODOS BUSCAN ESTÁ EN NUESTRO JARDÍN DE ROSALES HACIENDO POSTURAS RARAS Y PROFIRIENDO RUGIDOS…”
Me puse en pie rápidamente y cogí la escopeta de caza mayor.
Me dirigí al ventanal seguido de la señora y el tío Nike, que nos acompañaba en su carricoche vestido con un pijama rojo en el que se podía leer «I AM SILLY FULL», mientras tocaba la bocina alegremente hasta que la señora le calló de un manotazo.
Comencé a mirar por el ventanal hasta que divisé algo como un bulto negro que se movía y gruñía entre las plantas de la rosaleda.
Rápidamente encaré la escopeta cargada con dos cartuchos de posta lobera, y apuntando a la bestia negra, pegué un tiro al aire y el otro dirigido a lo que me pareció la nalga de la bestia.
Por el alarido que soltó, supe que la había herido.
La señora y el tío Nike me felicitaron efusivamente y ahora solo nos quedaba acercarnos a la fiera negra y capturarla con una gran red…
En ese momento la casa se convirtió en una especie de safari, con un servidor de cazador y los demás de ayudantes de batida.
La señora, tío Nike… y todo el servicio en pleno, me seguían con la red tomada entre todos mientras yo portaba una linterna alumbrando al mínimo… y así con el mayor sigilo entre todos le pudiéramos echar encima la red a aquella peluda bestia negra.
Así nos fuimos acercando casi en total oscuridad hasta llegar a la pantera.
Mientras todos se afanaban en echarle encima la enorme red y apresar a la bestia, la señora de repente gritó:
«YA TE TENGO MAL BICHO…»
En ese momento fue cuando se oyó:
«Irinaaaa, y yo me cago en tu presunto padre… ¡Ay, ay , ay…!»
Entonces enfoqué a la bestia con la linterna a máxima luz y mis peores sospechas se vieron confirmadas; era el señor, que con el trasero hecho una pena por el tiro, se retorcía de dolor mientras nombraba a todos nuestros ancestros.
Al no poder conciliar el sueño por sus múltiples líos judiciales, por lo visto decidió tomar el fresco y había salido al jardín con su maillot negro para hacer meditación y relajarse.
Bueno, y el resto… ya lo sabéis.
Os dejo hasta otro momento porque tras las primeras curas en urgencias, ahora está sentado sobre un flotador y de un mal humor de auténtica bestia negra.
(¡Cómo estará que no ha consentido ni que su suegra le haga el moño!)
En fin… Hasta otro momento, amigos.





