BOCA PRESTADA
A la hora de redactar estas líneas, todos los premios gordos de los nombramientos de nuevos ministerios han ido cayendo casi con la misma cadencia musical que lo hace el sorteo navideño por antonomasia. Faltando la pedrea de secretarios de estado y subsecretarios, puede decirse que la lotería de cargos ha salido bastante repartida. Cataluña, Andalucía, País Vasco… Todos, eso sí, con un denominador común además de la natural e inevitable condición progresista de salón de té: la estética. Podemos decir sin temor a equivocarnos que por primera vez en muchos años no tenemos ni una papada ministerial. Es un gobierno muy presentable para los cánones mediáticos que rigen hoy día, otra cosa bien distinta será su eficacia; algo secundario según esos mismos cánones. Ahora que lo pienso, no tenemos tampoco ni un calvo; bueno, está Carmen Calvo, pero ella no computa. Como calva, digo. Ni que decir tiene que es un gobierno paritario o si me lo permiten, trinitario, habida cuenta de la condición declarada del ministro Grande Marlaska. Por tener, tenemos hasta un astronauta, Pedro Duque, algo que quedará muy vistoso en cualquier acto y dará su toque emocionante cuando, a las primeras de cambio, los socios de la moción de censura enseñen la patita y sea el cosmonauta el que diga “Moncloa, tenemos un problema”. Hay uno que no se de qué, pero me suena de haberlo visto en la televisión… ¿En la tertulia del corazón de Ana Rosa Quintana quizás? Yendo al ministerio de cultura con Pedro Sánchez y descartado Sergio Ramos por su españolismo, solo podría venir de un programa rosa de la caja tonta. De esa otra caja lista que es la Cuatro (junto a la Sexta), viene uno que era locutor. Mira qué bien, como la reina. En realidad, Pedro Sánchez se ha hecho un gabinete a juego consigo mismo, como si fuera un traje. Un consejo de ministros que perfectamente podría desfilar por la alfombra roja de los Goya o configurar el casting de la última película de Almodóvar. Hasta se ha llevado a la consejera de asuntos varios de la Junta que era María Jesús Montero. Un ejemplo de eficacia no se puede decir que sea, teniendo en cuenta que somos la última comunidad europea en casi todo menos en paro; pero es agraciada, cosa que, junto a la cuota genérica, le ha valido para llevarse esa otra cartera -es un decir- de todos nosotros que es hacienda. Hay una ministra con muy buena carta de presentación que se llama Nadia, nada mas y nada menos, como si de un augur de la longevidad de la legislatura se tratara. También hay una ecologista al frente del ministerio llamado de transición energética y medioambiental, que suena como a ropa de entretiempo. Y luego está Pepe Borrell (cuidado con él) que, aunque tuviera que dimitir por las salpicaduras de un caso de corrupción, con chale pirenaico incluido, ahí está el tío en un gobierno nacido de una moción de censura al mangazo. Nadie puede con estos mimbres negar que Sánchez no haya hecho un gobierno bonito, otra cosa será que sirva a la Nación, que sea bueno. Aunque yo a estas alturas con lo único que me conformo es con que sea un gobierno barato. Porque toda esta gente tan mona y tan ‘cuqui’ al final nos cuestan un maizal a los de siempre. Ya verán.





