Queridos compatriotas:
En estos momentos de incertidumbre los españoles tenemos que estar más unidos que nunca, en esta gran nación que es España (artículo 2). Nos une no solo una larga y gloriosa historia común, sino también la lengua española (artículo 3) que todos tenemos el deber de conocer y el derecho a usar en cualquier rincón de nuestro territorio. Una unión cuyo símbolo visible es nuestra bandera (artículo 3), que representa también a la Constitución española y a los valores que ésta encarna. Una unión que respeta el pluralismo de nuestra gran nación, pero que debe ser barrera infranqueable para cualquier intento de división entre nosotros.
En los tiempos convulsos que hoy vivimos, debemos fortalecer y defender nuestra democracia (artículo 1) y los principios y valores plasmados en la Carta Magna. Una defensa que corresponde no solo a todos y cada uno de los ciudadanos, sino también, y especialmente, a nuestras instituciones. Como portador del mando supremo de las fuerzas armadas (artículo 62) debo trasmitiros confianza en que éstas cumplirán su mandato constitucional de garantizar la soberanía e independencia de España, su integridad territorial, y también la integridad de nuestro ordenamiento constitucional (artículo 8). Un ordenamiento que debe garantizar los derechos y libertades de los españoles. Como es la igualdad de los españoles ante la ley, sin discriminación alguna por cuestión de raza, sexo, opinión o cualquier otra condición o circunstancia personal o social (artículo 14), o la presunción de inocencia de todos y cada uno de sus ciudadanos, que no podrán ser condenados por un tribunal si no se demuestra de manera fehaciente y sin ningún género de duda su culpabilidad (artículo 24). Es por ello que la Constitución prevé la necesidad de jueces y magistrados independientes (artículo 117), que administren la justicia emanada del pueblo de acuerdo a los principios rectores de nuestro estado de derecho, para que ningún delito quede impune, pero para que tampoco, y sobre todo, ningún inocente sea condenado injustamente.
Los españoles tenemos el derecho constitucional a recibir una información veraz (artículo 20), y especialmente en tiempos de excepcionalidad vital como los que ahora acontecen. Y, sobre todo, la recibida desde las instituciones públicas, que deben garantizar la libertad y la seguridad de los ciudadanos con una total transparencia informativa. Pues aquellas se hallan al servicio de éstos, y no a la inversa. Los ciudadanos tenemos el derecho y el deber, de defender España y su orden constitucional (artículo 30). Por eso, como Jefe del Estado (artículo 56), soy el primero de todos en asumir tan honrosa y crucial tarea. No deben los españoles albergar duda alguna acerca de que su Rey estará a la altura que las circunstancias exijan en la defensa de España y de los españoles. Feliz navidad a todos.
Nota: este discurso no excede la literalidad constitucional, cuyos artículos se enumeran junto al texto a que hacen referencia. La Constitución por sí misma no ejerce de contrapoder, hace falta quién la defienda. Y no es licito invocarla tan solo por interés particular. Eso es lo que hacen, precisamente, aquellos que quieren destruirla.





