«…porque el día que estén encima de la Ley, los jueces no podrán hacer su trabajo, nadie estará a salvo de la arbitrariedad del Gobierno y nadie podrá estar seguro de lo que le podrá hacer su vecino». Así lo dijo, en perfecto castellano, el consumado tramposo Josep Borrell, ese mismo comisario de Exteriores de la UE al que la vicepresidenta del Parlamento, la checa Dita Charanzová, le tiene cogida la medida exacta de sus dilaciones y embustes a favor de todos los regímenes miserables del socialismo latinoamericano y que le persigue a gorrazos a cada nueva tropelía perpetrada con el desmayo del supremacismo catalanista que le envuelve.
Aquel día del «Tots som Catalunya», el 29 de octubre de 2017, dos días después de la declaración de independencia ilegal que duró 5 segundos, nadie debió permitir que Borrell se saliera con la suya de pudrir todos los discursos previos y hasta el espíritu de la convocatoria con una proclama europeísta que, a mi entender ya entonces, fue un ejercicio falsario, prolegómeno de todas las mentiras y extorsiones a las que desde entonces el PSOE de los Illa, Iceta y, sobre todo, Sánchez, vienen ejecutando con el descaro y la desvergüenza de los grandes fulleros.
En «El golpe», la película de Robert Redford y Paul Newman, o viceversa, dos consumados tahúres perpetran todas sus fullerías con tal finura que los espectadores sonríen cuando descubren cada nueva estafa porque el guionista logra engañarnos en cada escena. Pero lo de Pedro Sánchez y su banda no tiene ni la menor gracia, no sólo porque se les ve venir desde lejos, sino porque nos jugamos la vida de nuestra patria en lugar de los dólares de unos pardillos y aquí las pedradas, el acoso y los incendios no tienen vuelta atrás como es el caso la salsa de tomate convertida en sangre para el maquillaje.
En apenas cuatro años hemos conocido ya a un precandidato que apoyó la aplicación del artículo 155 para Catalumnia, cosa que atribuye ahora al gobierno de Rajoy en solitario; de ahí hemos pasado luego a un candidato que prometía el endurecimiento de las penas por sedición y la promesa firme de que jamás concedería indultos a los golpistas; y ahora tenemos a un presidente de gobierno que justifica sus ofensas y ataques al Poder Judicial en aras de la convivencia por no decir que lo que busca es sostenerse como sea dando vueltas en el Falcon. Y los tres se llaman Pedro Sánchez Pérez-Castejón. Y los tres dirigen el Partido Socialista.
Si eso es lo que ustedes le han visto decir y hacer, ¿cómo se atreve nadie a jurar por sus niños, se llamen Fernández-Vara o García-Page, cuál es el verdadero propósito infame de ese tipo?
Creo que nadie arriesga el juicio si sospecha que tampoco en esta ocasión Sánchez está diciendo la verdad de sus intenciones ni los motivos para conceder la gracia, porque resulta muy alicorto creer que los indultos surtirán algún efecto benéfico para la convivencia si los indultados le abuchean en el mismo acto en el que lo anuncia.
Aquel mismo día del «Tots som Catalunya», Borrell, representando el papel del salvapatrias irritado y con un público entregado, reclamó tomar medidas contra los medios de comunicación públicos de Cataluña porque, según dijo, exaltado, «¡Son una vergonha!», a la vez que envolvió toda su palabrería presuntamente unionista en «nostra estelada», que para el caso era la bandera europea que sostenía en las manos en aquel momento.
En las emisoras públicas hoy día puedes escuchar a personajes que aseguran que quienes se oponen a los indultos es porque desean sacar los tanques a la calle, pero está prohibido, y te expulsan, decir que hay mujeres que matan a sus maridos y a sus hijos. Por mí como si se pudren en su salsa de falsedades, porque la realidad no va a cambiar por eso.
Es cierto que Borrell inició aquel discurso diciendo que venía de pasar el fin de semana en la montaña, donde ya con el otoño las hojas de los árboles pintaban rojas y amarillas, lo que a él le recordaba al color de las banderas de España y Cataluña, pero ni una concesión más a la unidad y a la pertenencia a España..
Melifluos o embusteros, como prefieran, pero esta gente sólo encuentra la respuesta que merecen en la contundencia de los grandes liberales, desde Churchill a la Thatcher, desde Reagan a Trump, desde Dita Charanzová a Viktor Orban o desde Alejandro Fernández a Macarena Olona. Todo lo demás es pasteleo o ganas de engañarse.
He dicho.





