El desperdicio alimentario es uno de los grandes desafíos sociales, económicos y ambientales de nuestro tiempo. Tirar comida no solo implica una pérdida directa de recursos económicos, sino también un uso ineficiente de agua, energía, suelo y trabajo humano. España no es ajena a este problema y, aunque en los últimos años se han logrado avances significativos, los datos siguen reflejando una realidad preocupante.
La ley 1/2025 viene a legislar sobre este tema.
Cifras actuales en España
Según los últimos datos oficiales del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación, en 2024 se desperdiciaron 1.125 millones de kilos o litros de alimentos y bebidas en España, lo que supone una reducción del 4,4 % respecto al año anterior.
Este descenso confirma una tendencia acumulada a la baja del 20 % desde 2020, lo que sitúa a España en su nivel más bajo de desperdicio desde que existen registros.
El desperdicio per cápita se redujo hasta 24,38 kilos por persona al año, mientras que la tasa global de desperdicio fue del 3,7 % de los alimentos adquiridos: es decir, de cada 100 kilos comprados, casi 4 acaban en la basura.
¿Dónde se desperdicia más?
El análisis distingue entre dos grandes ámbitos:
Hogares (97,5 % del total)
Los hogares españoles siguen siendo el principal foco del problema, generando 1.097 millones de kilos de desperdicio en 2024.
El 77,6 % corresponde a alimentos sin utilizar, sobre todo frutas (32,4 %) y verduras (13,8 %). El 22,4 % son platos ya cocinados que terminan desechándose, especialmente ensaladas y recetas con legumbres.
Aun así, en este ámbito se ha logrado una reducción del 19,5 % respecto a 2020, lo que indica una mayor concienciación y mejores hábitos de consumo.
Restauración y hostelería (2,5 % del total)
En bares, restaurantes y comedores colectivos se desperdiciaron 28 millones de kilos, lo que representa una caída del 8,8 % respecto a 2023.
Aunque el volumen es mucho menor que en los hogares, aquí las prácticas de gestión y el cumplimiento de la normativa son clave, ya que afectan a grandes volúmenes de comida servida diariamente.
La entrada en vigor de la Ley 1/2025 de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario marca un nuevo horizonte regulador, obligando a productores, distribuidores y hostelería a adoptar planes de prevención, fomentar la donación y ofrecer alternativas al desecho.
Esta ley entrará a pleno derecho el año que viene, y el sector de la empresa alimentaria deberá controlar por medio de estados de prevención y una exhaustiva auditoría de sus pérdidas de alimentos.
Indicando dichos estudios las soluciones que se implanten en dichas empresas para evitar o reducir en gran medida esas pérdidas alimentarias.
Combatir el desperdicio alimentario en España exige una combinación de políticas públicas, innovación empresarial y responsabilidad individual. Solo así será posible transformar un problema en una oportunidad para avanzar hacia un sistema alimentario más justo y sostenible.
En próximos artículos, iré desgranando esta nueva Ley (1/2025), que me parece que es tan importante como para dedicarle varias entregas: Buenas prácticas, prevenciones, soluciones, multas, donaciones…





