El buffet libre es uno de los escenarios en los que más fácilmente podemos terminar comiendo por encima de nuestras necesidades. Una mayor variedad de alimentos, la disponibilidad constante y la facilidad para acceder a ellos pueden hacer que sigamos comiendo incluso cuando la sensación de hambre ya ha desaparecido.
“Frente a un buffet no solamente comemos con el estómago, también intervienen mecanismos cerebrales relacionados con la recompensa, la atención y la búsqueda de alimentos”, explica Miguel Ducrós, nutricionista de Monarka Clinic.
En este contexto, comprender cómo responde nuestro cerebro ante la abundancia puede ayudar a disfrutar de las vacaciones sin convertir cada comida en un ejercicio de restricción.
Durante buena parte de la evolución humana, encontrar alimentos abundantes y energéticos no era algo garantizado. Aprovechar una oportunidad alimentaria podía tener un valor importante en un entorno marcado por la escasez y la incertidumbre. Aunque el contexto ha cambiado radicalmente, algunos de los mecanismos biológicos relacionados con el apetito y los sistemas de recompensa tienen un origen evolutivo.
Un cerebro diseñado para aprovechar las oportunidades
A veces esta predisposición se explica de forma coloquial mediante conceptos como el “gen glotón” o el “gen ahorrador”. Sin embargo, no existe un único gen responsable de que comamos más o de nuestra relación con la comida. La conducta alimentaria y la obesidad responden a una combinación mucho más compleja de factores genéticos, fisiológicos, ambientales y conductuales.
La hipótesis del denominado “genotipo ahorrador” plantea que, en un contexto en el que la disponibilidad de alimentos era irregular, determinadas características relacionadas con la capacidad de almacenar y aprovechar energía podían resultar ventajosas. Hoy, sin embargo, vivimos rodeados de alimentos y con un acceso prácticamente ilimitado a ellos.
“Podemos imaginar a uno de nuestros antepasados encontrando un árbol cargado de fruta madura. Aprovechar esa oportunidad podía tener sentido porque no había ninguna garantía de que al día siguiente siguiera disponible. El problema es que hoy nuestro cerebro se encuentra con algo parecido, pero a una escala completamente diferente: un ‘árbol de fruta’ que nunca se acaba”, señala Ducrós.
En un buffet, además, apenas existe fricción entre el deseo de comer y el acceso al alimento. Una vez terminamos nuestro plato, podemos levantarnos y volver a servirnos inmediatamente. La comida permanece visible, disponible y al alcance durante toda la comida, convirtiéndose en un estímulo constante.
La variedad puede hacer que vuelva el apetito
A este fenómeno se suma otro mecanismo especialmente relevante: la saciedad sensorial específica. Cuando consumimos repetidamente un mismo alimento, su atractivo suele disminuir progresivamente. Sin embargo, la aparición de un sabor, olor, textura o temperatura diferente puede volver a despertar nuestro interés por comer.
Esto ayuda a explicar una situación habitual en los buffets: podemos sentirnos llenos después de terminar el plato principal y, pocos minutos después, encontrar apetecible un postre. No necesariamente hemos vuelto a tener hambre; simplemente ha aparecido un estímulo diferente.
“La variedad puede hacer que un alimento que ya hemos consumido pierda atractivo y que, cuando aparece otro diferente, vuelva a despertarse el interés por comer. Por eso podemos pensar que estamos llenos y, de repente, encontrar un hueco para el postre”, explica el nutricionista de Monarka Clinic.
Seleccionar en lugar de acumular
Ante un buffet, la estrategia no pasa por restringir alimentos, sino por observar primero, seleccionar después y comer de forma consciente. Recorrer todas las opciones antes de servirse ayuda a evitar que el plato se construya por acumulación y permite priorizar alimentos saciantes como proteínas, frutas, verduras, legumbres o alimentos ricos en fibra.
“No hace falta prohibirse aquello que realmente nos gusta. Si hay algo que queremos disfrutar, podemos elegirlo y comerlo con tranquilidad. Lo que probablemente no necesitamos es consumirlo todo simplemente porque está disponible”, apunta Ducrós.
También puede ayudar servirse una cantidad razonable, recordar que siempre podemos repetir y esperar unos minutos antes de volver al buffet.
“Antes de levantarnos para repetir, podemos preguntarnos si sigo teniendo hambre o simplemente sigo teniendo comida delante. No se trata de comer menos por obligación, sino de reconocer por qué seguimos comiendo”, concluye el nutricionista de Monarka Clinic.





