¿Qué abarca el derecho? ¿Quién está capacitado para limitar su aplicación? ¿Quién decide por los que no pueden decidir?
Hace unos años, no muchos, el concepto «ser humano» se nos aplicaba con pinceladas científicas para definirnos como una especie más. Estábamos los humanos (sutilmente enmarcados en animales mamíferos), los animales y las plantas. Cada uno en su parcela y Dios, como Creador, en la de todos.
Y de un tiempo a esta parte, como cualquier especie, los bípedopensantes (palabra creada por mí para la posteridad) hemos evolucionado, pero de forma vertiginosa. Nuestro antepasado más primate tardó años, siglos, en descubrir el hierro, la rueda, el fuego… Nosotros, en poco tiempo, hemos descubierto que un Tesla puede volar o que un hombre puede ser mujer y viceversa… Podemos perforar montañas, desviar ríos, hablar bajito con alguien con kilómetros de distancia por medio.
Podemos construir edificios de altura interminable, volar durante horas, ver en directo lo que pasa a miles de kilómetros de nosotros. Podemos crear una ciudad y también destruirla en un segundo con solo apretar un botón. Somos capaces de amar y también matar porque los límites de esas capacidades los establecemos nosotros.
Es como si anduviésemos ordenadamente hacia un túnel por cuya boca no cabemos todos, pero allá vamos, a entrar con calzador en una meta mal diseñada. Y lo preocupante es que ese camino lo hemos trazado nosotros, los bípedopensantes, los que seguimos aplastando nuestra evolución para decir que los animales son mejores que los humanos. Los mismos capaces de defender al toro bravo y paradójicamente matarnos por ello.
El derecho a la vida no nos cuadra si se aplica a un bípedopensante que nos incomoda incluso antes de nacer. Es el más terrible magnicidio de la humanidad. No son cunetas para la memoria, pero nuestra historia está plagada de niños olvidados a los que su propia especie, disfrazada de madre, a golpe de bisturí ha decidido rescindirles el contrato de vivir.
Es aberrante. Es demoledor. Millones de bebés asesinados, pero nos preocupa Palestina. Millones de bebés descuartizados, pero nos preocupa la tauromaquia. Millones de bebés eliminados, pero nos preocupa la caza… ¿Será verdad que los animales son mejores que nosotros?





