Ser un buen profesor es ciertamente algo difícil de conseguir en los tiempos actuales, tanto en Primaria como en Secundaria, y también en la Universidad. Ya no basta con transmitir conocimientos, sino que además se les exige ser psicólogos, asistentes sociales, policías, cumplimentadores de tediosos impresos para evadir una asfixiante burocracia, … Además, se les critica por sus extensas vacaciones, se les resta autoridad y, para colmo, en muchas ocasiones no cuentan con los medios necesarios para realizar su tarea.
Es por ello por lo que leí con interés un reciente reportaje de Carlos Manuel Sánchez sobre tres docentes que habían sido galardonados por el buen hacer en sus respectivos campos: uno de un colegio público de Murcia, otra, extremeña de nacimiento, de un instituto de secundaria en Virginia (Estados Unidos), y finalmente un catedrático de Universidad de Granada.
Toni García, profesor y director de un colegio público en San Javier (Murcia) ponía el acento en el respeto a las normas de convivencia: la educación (el saludo, los modales, el saber estar) comienza en casa, pero no todos la traen de la misma forma, y hemos de homogeneizarla en clase (por ejemplo: los alumnos deben saber que las faltas graves tienen consecuencias); en la huida de la endogamia (es vital el fomento de la relación entre todos ellos, buscando fórmulas que les hagan abrirse al contacto con todos sus compañeros) y en la disponibilidad del profesor: es básico que el alumno te vea como alguien próximo, en quien puede confiar porque lo va a entender.
Debemos ser conscientes de que el cerebro de nuestros alumnos ha cambiado: estamos en la era del clic, y ya no sirven las largas explicaciones magistrales, la curva de atención decae más rápida que antes, y es imprescindible hacerles atractiva la lectura, que se hace difícil en un mundo de imágenes cambiantes.
En la medida en que ellos ven que que lo que aprenden tiene conexión con el mundo real, se interesan por la materia; las herramientas son para hacer un buen uso de ellas: mejor que les enseñemos a utilizar bien ChatGPT, que lo manejen de mala manera, pues la ética y la transmisión de los valores debe empezar con el ejemplo personal. Este profesor conectaba todos los lunes a las once con el Aula Hospitalaria de Cartagena, para sensibilizar a los niños de que había otros en una situación peor que la suya.
Finalmente, educar en la frustración es fundamental. La existencia no es un camino de rosas, y la fortaleza es una virtud cardinal que nos viene bien a todos para estar preparados ante lo que nos espera en la vida.
Ana Muñoz es profesora de Química en un instituto de Virginia, y ha sido reconocida como mejor educadora bilingüe de los Estados Unidos, fomenta la interacción entre los alumnos en clase y fuera de ella. Como la mejor manera de aprender es enseñando, destina los alumnos sobresalientes a enseñar a los más atrasados. Establece como grupo de control aquellos que muestran más aversión por la materia, porque si ellos van bien y avanzan, los demás lo están haciendo.
A diferencia de España, en Estados Unidos se potencian las presentaciones verbales desde pequeños (en Italia la mitad de los exámenes son orales), y ello hace que adquieran unas habilidades que les van a ser útiles más adelante. El fomento de la responsabilidad (ellos son responsables de su aprendizaje) es básico en su formación.
Por último, hay que enseñarles a pensar de forma crítica, como científicos, también fuera de clase, combatiendo bulos y contrastando fuentes.
Daniel Arias Aranda, catedrático de la Universidad de Granada fue premio a la Excelencia docente en 2011 y escribió una carta en 2023 sobre el sistema universitario que se hizo viral. Los estudiantes llegan a la Universidad con carencias (la selectividad, con un 94 % de aprobados, es un mero trámite), incapaces de comprender un texto, falla la lectura comprensiva. Entona el mea culpa cuando afirma que los profesores nos hemos ido adaptando a un nivel menguante, bajando el listón: la universidad no puede ser una mera prolongación del instituto donde algunos llegan a revisión del examen con sus padres.
El conocimiento profesor – alumno ha disminuido desde 2009 con la entrada del Plan Bolonia, al pasar de ser asignaturas anuales, a materias cuatrimestrales, y nos encontramos con que se hacen dos parciales (¡algunos de tres temas!) liberatorios, para evitar los exámenes de final de cuatrimestre donde ¡se suspenden las clases durante tres semanas!
Los jóvenes estudian con los power points que los profesores diseñan, no con los manuales, lo cual les ahorra el hacer resúmenes, y no cultivan la capacidad de síntesis, con lo que colaboran en su afán por aprobar con el mínimo esfuerzo, pero al final se dan de bruces con la realidad cuando tras realizar un doble grado tienen que hacer un máster para poder encontrar trabajo.
En definitiva, el diagnóstico, una vez más, parece compartido, pero encauzar la situación para mejorar la educación va a ser tarea de titanes.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






1 Comment
Alberto Tobaja nos habla de que «para mejorar la educación va a ser tarea de titanes». Es cierto, desde que la falla comienza en «la familia» virtualmente inexistente, continúa en «la comunidad» cada vez más contracultural y se potencia en el empleo, trabajo o emprendimiento personal de modo injusto (premios y castigos no resultan acordes a esfuerzos o mala voluntad).
Vaya mi reconocimiento y estímulo para «el buen profesor» (aquel que logra enseñar que lo difícil resulte fácil).
Felicitación por el artículo y mi cordial saludo al autor.