Cada vez hay más conventos que se transforman en hoteles. Se come y se cena en mesitas dispuestas en claustros góticos. Los turistas se complacen en fotografiarse desde los púlpitos de los refectorios, allí donde antaño un monje leía en alto mientras su comunidad reparaba austeramente las fuerzas…
Cuando en los años noventa visitábamos algunas zonas de la antigua Unión Soviética, impresionaba el ver cosas como, en una iglesia lituana que se estaba restaurando, los restos de una feísima, espantosa escalera que justo procedían a demoler… Pero, ¿qué hace esta escalera gigante aquí en la nave de la iglesia? “Es que convirtieron la iglesia en un cine; ahora va a volver a ser iglesia”. ¡En un cine! La magnitud del sacrilegio realmente chocaba. Se puede construir una sala de cine en cualquier parte, pero en los tiempos soviéticos había que hacerla en una iglesia “para fastidiar”, para subrayar la prepotencia de la ideología impuesta… Un caso obvio de enemistad, machaque y ataque al cristianismo a golpe de piqueta.
Lo que ocurre ahora en Occidente es distinto. Nadie se ofende, nadie se extraña. Personas incluso cristianísimas y devotas se complacen en pasar el fin de semana en el hotel o incluso spa de lo que fue un convento. Se toman cócteles y se cena en los claustros, así sin pestañear. En el caso de la sala de cine lituana impuesta la fuerza después de destrozar arcadas y altares, se respiraba la afrenta, el agravio, la opresión. Aquí en los reconvertidos conventos nadie parece sentir nada de eso. En el caso del cine soviético, los ojos mismos contemplaban la imposición de una ideología sobre una cultura. Pero en los claustros-restaurantes, salvo algunos “locos” sueltos que ni nos atrevemos a definir lo que sentimos, nadie percibe la sustitución de una cultura por otra, nadie parece advertir nota alguna discordante. Todo se presenta de manera tan suave, tan elegante y natural.
A lo largo de la historia de la vieja Europa, las iglesias han sufrido infinidad de desmantelamientos voluntarios y expresos (es decir, aparte ya de las guerras y catástrofes), a manos de enemigos del cristianismo o de pretendidas nuevas versiones del mismo. Destrozos, eliminación de altares y adornos de modo completo y sistemático… Es curioso contemplar, por ejemplo en Escocia, esos esqueletos de catedrales, simples pilares sobre la hierba, y enterarse de que su destrucción no fue obra de un pueblo enemigo, o de un terremoto (allí, difícil), sino simplemente obra de ellos mismos, en su convicción de que así le devolvían su pureza al cristianismo. (La “pureza” era quitar las estatuas de Cristo y de la Virgen, y luego con el correr del tiempo, por pura ley de la naturaleza humana, pues se levantan estatuas del mismo que había proclamado que el culto debía hacerse sin ellas; así, la de John Knox preside la necrópolis de Glasgow – como si fuera un Cristo de las Mieles en el cementerio de Sevilla. De esta paradoja se dan infinitos ejemplos – como una sórdida vidriera de ¡Lutero!, en una iglesia alemana, hecha después de destrozar las de la Edad Media, siguiendo las consignas anti-imágenes del propio Lutero).
Pero decíamos: en el pasado, el cambio en las ideas, en el modo de concebir la fe o la falta de ella, esto llevaba aparejado el destruir los símbolos del modo de pensar anterior. Hoy esto no se hace. Nos parece barbarie. Consideramos que el claustro gótico, la arcada barroca, el ángel policromado, eso es valiosísimo por sí mismo, es “cultura”, hay que mantenerlo, y aun restaurarlo y cuidarlo muchísimo. Hasta ahí todos estaremos de acuerdo. Pero el siguiente paso, que es convertir esa enorme cantidad de iglesias y conventos sin uso en hoteles y restaurantes y salas de conciertos (¡y Parlamentos autonómicos!), y que los altares barrocos y las nervaduras góticas sirvan de fondo al ratito de bebida y música, pues eso…
Eso hiere a pocos, muy pocos. La mayoría lo acepta encantadísima, incluyendo, como decía, a personas devotas.
¿Cómo protestar? ¿Qué decir?
¿Cómo responder a la idea vigente de que: “Algo hay que hacer con esos espacios, si funcionan como hoteles y bares y parlamentos pues así se mantienen y se conservan, y se preservan… pues eso es lo importante, conservarlos, conservarlos, así no se pierde nada”?
Además, si protestamos parecería que despreciamos “el arte” (precisamente los que no hemos dedicado la vida a otra cosa). No se sabe ni qué pensar.
Y de repente, unas líneas de un libro que dábamos por leído (¡siempre se escapan líneas reveladoras en los grandes libros! No hay nada como las relecturas en el momento justo), pues proporciona la respuesta. En “El tiempo recobrado”, el último tomo de la gran obra de Proust, hay un diálogo, con alusiones a la Gran Guerra entonces en curso, en el que alguien dice, refiriéndose al parteluz de la catedral de Amiens:
-“No sé si a estas horas habrán roto el brazo levantado de San Fermín. En ese caso ha desaparecido de este mundo la más alta afirmación de la fe y de la energía”.
Y su interlocutor le responde:
-“Yo adoro como usted ciertos símbolos. Pero sería absurdo sacrificar al símbolo la realidad que simboliza. Las catedrales deben ser adoradas hasta el día en que, para preservarlas, haya que renegar de las verdades que enseñan. El brazo levantado de San Fermín, en un gesto de mando casi militar decía: Seamos destruidos si el honor lo exige. No sacrifiquéis hombres a unas piedras cuya belleza procede precisamente de haber fijado un día verdades humanas”.
No vamos a decir: “Pues destruyan las iglesias antes que darles un uso mundano”; no. Pero hay que reconocer que alguna ventaja sí que tenía la “barbarie” de otros tiempos, cuando al prohibir la práctica de una fe, destruían también sus símbolos. Horroroso, bárbaro y tremendo, sí. Pero a lo mejor no era tan malo para el equilibrio mental de los perseguidos. En realidad eso preservaba el valor de los símbolos. (Claro que pocos añorarán esas épocas más coherentes. Es demasiado agradable el tomarse un cóctel en un claustro gótico al atardecer)
“Las catedrales deben ser adoradas hasta el día en que, para preservarlas, haya que renegar de las verdades que enseñan”…





