
Este nuevo personaje que hoy os presento, estimados lectores, muy interesante; además de militar y marino, fue un eminente científico, un ilustrado, la única personalidad científica de altura internacional de Sevilla en el siglo XVIII, siendo, además, no sólo el mayor y más completo científico de España, sino uno de los mejores y más completos del mundo, equiparable a los más insignes representantes de la ciencia de Europa, con un saber fecundo y útil para la humanidad, honrando a su siglo y a España, y, destacando, entre otros logros, el descubrimiento del platino. Sevillano célebre, su casa natal se conserva en la actualidad, y está retratado en un cuadro perteneciente a la colección Montpensier, ubicado en la casa consistorial del Ayuntamiento de Sevilla. Su dilatada vida abarcó cinco reinados de monarcas de la dinastía Borbón (Felipe V, Luís I -muy breve reinado-, Fernando VI, Carlos III, y los primeros años del reinado de Carlos IV), y casi todo el siglo XVIII, muriendo con casi 80 años.
Antonio de Ullloa y de la Torre-Guiral nació el 12 de enero de 1716 en Sevilla, en la antigua calle del Clavel (actualmente Almirante Ulloa) y era segundón de una familia de la pequeña nobleza. Hijo del economista mercantilista y regidor-veinticuatro Bernardo de Ulloa, fue bautizado en la iglesia de San Vicente (donde se guarda su fe de bautismo). Recibió una esmerada educación, aprendiendo las primeras letras en el hogar familiar, inculcándole sus padres, desde muy joven, el amor por las matemáticas y la náutica. Deseoso de estudiar, continuó su formación en el Colegio de Dominicos de Santo Tomás donde empezó a aprender matemáticas, y, además, latín, gramática, retórica, geografía, historia, y religión católica. A los trece años su familia lo envió a Cádiz para que estudiara la carrera naval en la Real Compañía o Colegio -la Academia o Escuela de entonces- de Guardiamarinas. Ulloa, al ser segundón, estaba privado del mayorazgo que recaía en el primogénito de sus hermanos, por lo que la milicia le evitaba entrar en la carrera eclesiástica para subsistir. Solicitó el ingreso en la Academia, pero, al no haber plaza vacante en ese momento, debido a su espíritu inquieto y a sus ansias de navegar, y para aprovechar el tiempo, se enroló voluntariamente como grumete de la Armada( al parecer, también con el visto bueno de su padre, al ser de constitución débil y enfermiza, para que mejorara y se fortaleciera con el cambio de aires y de vida, a base de ejercicio y de contacto con la brisa marina ), sin paga y a su costa, en el navío San Luís, la nao capitana de la Flota de Tierra Firme, al mando del almirante López Pintado, íntimo amigo de su padre, que zarpó de Cádiz rumbo a las Antillas y a Cartagena de Indias el 26 de junio de 1730, adquiriendo grandes conocimientos teóricos y prácticos, experiencia como marino y méritos para acceder a sus estudios militares.
En este viaje adquirió Ulloa una fortísima vinculación con el mar y con todo lo relacionado con la navegación, iniciándose ahí su verdadera formación, y además con ello cumplió por adelantado con los obligatorios períodos de embarque exigidos a los cadetes. Poseía firmeza de carácter, se había curtido en la navegación a vela, había soportado duros temporales y sabía afrontar con ánimo cualquier peligro, todo lo cual le sirvió, a su regreso a Cádiz, tras visitar los puertos de Portobelo y de La Habana el 29 se septiembre de 1732, para presentarse a las pruebas de admisión como cadete en la Academia. Su experiencia práctica, sus conocimientos y el más que seguro contacto con los profesores y con los libros de la Academia le llevaron al éxito en los exámenes de ingreso, causando una excelente impresión a los miembros del tribunal encargados de examinar a los aspirantes, consiguiendo finalmente plaza el 18 de noviembre de 1733, tras obtener una calificación de sobresaliente, pues aprendía con facilidad. Estaba convencido de que su profesión debía de ser la de servir al Rey en su Armada. En la Academia de Guardiamarinas había un ambicioso plan de estudios con el que se pretendía enseñar a los futuros oficiales de la Armada los conocimientos náuticos que la Casa de Contratación había exigido a los pilotos de la carrera de Indias desde el siglo XVI en adelante y proporcionar a los miembros de la pequeña nobleza una profesión militar digna de su rango, distribuyendo la enseñanza en dos períodos semestrales, y, una vez superado este período académico, los cadetes debían embarcar para ejercitarse en el pilotaje y hacer prácticas ( construir la rosa de los vientos, formar el diario de navegación, observaciones astronómicas para establecer la máxima altura del Sol sobre el horizonte, y usar la corredera y las cartas de navegación ) . Ello permitía a los cadetes aprender a dirigir y maniobrar los navíos, las fragatas y demás barcos de guerra de la época para defender a España y a la Monarquía en el mar, donde las potencias europeas luchaban por la hegemonía fundamentalmente.
En la biblioteca había muchos libros extranjeros, lo cual permitía a los cadetes enterarse de los avances científicos de los que España había permanecido aislada desde finales del siglo XVI y asimilar las teorías físicas y astronómicas de la revolución científica de la Europa de los siglos XVI y XVII. Los cadetes , y Ulloa entre ellos, estudiaban muy variadas asignaturas ( aritmética, geometría elemental, trigonometría plana, esférica, y aplicada a la navegación, conceptos básicos de astronomía, cosmografía, náutica, construcción y manejo de instrumentos náuticos, artillería, fortificación, armamento, manejo de armas, construcción naval, maniobra de navíos, etc…) , y además, se les enseñaba a pensar lógicamente y a resolver problemas con la aplicación de los métodos de navegación astronómica para conocer así la posición geográfica de su buque en cualquier momento. Ulloa era un alumno aventajado, brillante y autodidacta; al parecer, debió recibir en Sevilla una completa preparación académica porque en la Academia estudió con facilidad las materias necesarias para convertirse en oficial de la Real Armada, obteniendo excelentes calificaciones, sobre todo en matemáticas ,y además, los profesores de la Academia valoraron positivamente su preparación teórica, siendo Ulloa dispensado de cursar los dos primeros semestres de la formación académica en ella impartida, para pasar directamente a un destino embarcado.
La biblioteca de la Academia le permitió a Ulloa ampliar gran parte de sus conocimientos previos y completarlos, consultando, entre otros, libros de matemáticas, náutica y astronomía, así como de arquitectura militar, artillería y construcción naval, aficionándose allí a la astronomía. Por ello, su etapa de estudios en la Academia fue muy breve. Al poco tiempo de su ingreso consiguió un destino en un viaje de instrucción como guardiamarina en prácticas en el navío Santa Teresa, el cual, junto a otros buques, zarpó de Barcelona dando escolta a un convoy que transportaba tropas de infantería y de artillería con el fin de recuperar Nápoles para el infante don Carlos que aspiraba a reinar allí ( futuro Carlos III de España ), ya que España en ese momento se encontraba en guerra con el Imperio Austríaco por el dominio de las posesiones italianas. Durante la travesía la flota española venció a una flotilla austríaca, regresando parte del convoy una vez dominada la situación con éxito. En dicho navío iba también otro guardiamarina en prácticas, Jorge Juan y Santacilia, al que Ulloa había conocido en la Academia y con el que hizo amistad, y además, también era aficionado a las matemáticas. Ambos se dedicaban en sus ratos libres de servicio a estudiar juntos, concienzudamente, los límites territoriales entre los imperios español y portugués en América, ( un problema que les pareció tan interesante como patriótico ) que en aquel momento aún estaban algo imprecisos, sin delimitar definitivamente, con zonas de fricción entre ambas potencias , y descubrieron que las cartas holandesas de 1682, tenidas como ciertas hasta entonces, eran erróneas, ya que habían calculado mal los límites del Tratado de Tordesillas, habiendo un error de más de un grado. Ello causó sensación entre el profesorado de la Academia y trascendió a la Armada española -dichos límites quedarían precisados definitivamente por diversos Tratados firmados a lo largo del siglo XVIII por España y Portugal-. Ulloa, al no haber estudiado en la Universidad, se libró del pétreo escolasticismo arraigado en España en sus centros académicos, de espalda a la ciencia y a la experimentación; él tenía un enorme sentido de la curiosidad y de la observación, poseía una gran inquietud cultural, era amante de los libros, de las humanidades y de la ciencia, deseoso de adquirir conocimientos científicos y técnicos, defendía el reformismo, pero sin cuestionar el orden establecido, y conservando su fe católica, que hacía compatible con la investigación científica.
La semana próxima continuaremos con este personaje de tal importancia en nuestra historia, estimados lectores.





