Seguro que lo recuerdan: agosto de 2007. Estadio Ramón Sánchez Pizjuán, primer partido de liga, Sevilla FC – Getafe. Antonio Puerta, un joven canterano del equipo local se echa al suelo tras la línea de portería de Gol Sur y un compañero lo reanima tras aplicarle unos masajes, pero a los pocos minutos se ve obligado a retirarse; el resto ya lo conocen. Al concluir el encuentro un periodista le pregunta al compañero que lo había atendido si tenía conocimientos médicos o había estudiado enfermería. Dragutinovic le contesta: “No, pero es que en Serbia teníamos como actividad extra escolar primeros auxilios”.
La pregunta que me hice en aquel momento fue ¿Y por qué algo tan necesario no se incluye en la formación de la enseñanza media? Y qué decir de la ignorancia en Derecho común de tantos y tantos españoles, que desconocen lo más elemental de un contrato, las cláusulas de un testamento o la diferencia entre los distintos regímenes matrimoniales. En estas disquisiciones me encontraba cuando me vino a la memoria el recuerdo del prólogo escrito por José Luis Sampedro al libro de Estructura Económica que estudié en la carrera, y que venía a decir que el alumno español de bachillerato terminaba conociendo la composición cristalográfica de la calcopirita, pero que ignoraba el funcionamiento de una cuenta corriente. Difícilmente daría con un trozo de calcopirita en su vida, pero seguro que se abriría, si no la tenía ya, una cuenta corriente.
A lo largo de mis años de trabajo en una entidad bancaria fui testigo de hechos que pueden sorprender a cualquiera, pero de los que doy fe: el cliente indignado de haber entrado en el fichero de ASNEF (morosos) porque él lo pagaba todo y que desconocía que cuando un préstamos entra en mora, tanto el prestatario como el avalista, en su caso, figuran como morosos; el ahorrador que esperaba a que cerrara la oficina y a quien el director le mostraba “su millón de pesetas” en un rincón de la caja fuerte porque no se sentía tranquilo si no le echaba un vistazo de vez en cuando o, finalmente, el solicitante de préstamo que se extrañaba de que le pidiera el banco un avalista si él era un marido ejemplar y un buen padre de familia.
Organismos públicos, como el Banco de España y la Comisión Nacional del Mercado de Valores; Entidades Financieras, como OVB, CaixaBank, Unicaja, BBV o Santander; Instituciones Educativas, desde unos años para acá se incluye la Economía General y la Economía de la Empresa como asignaturas optativas en cuarto de ESO y Bachillerato, y las Facultades de Económicas de toda España fomentan Olimpiadas de Economía; y, finalmente, otras instituciones, como el Consejo General de Economistas, que organiza un torneo de debates económicos con alumnos de bachillerato y grado medio de Formación Profesional, la OCU y ADICAE (Asociación de Consumidores y Usuarios de Bancos, Cajas, Productos Financieros y de Seguros) se han puesto manos a la obra para mejorar la cultura financiera de los españoles, más aún si cabe con la digitalización que nos ha cambiado los hábitos de vida a todos.
¿De quién hemos tomado nuestros hábitos de gasto y ahorro? ¿Vimos en nuestros padres la importancia de respetar un presupuesto y de no incurrir en dispendios innecesarios? ¿Le damos la importancia debida a atender los pagos a los que nos hemos comprometido en su fecha? ¿Conocen nuestros hijos el conjunto de las facturas domésticas y sus importes: comunidad de propietarios, luz, agua, gas, teléfono, seguros de hogar y de autos? ¿Se plantean las parejas las distintas cuestiones económicas que entraña el vivir juntos antes de dar ese paso?
Extender esta formación básica a toda la población es también un desafío social urgente, para hacer frente a los retos económicos (sobreendeudamiento, alzas de tipos de interés en préstamos referenciados a EURIBOR, atención a imprevistos, …), amortiguar el impacto de eventuales crisis (regulaciones de empleo inesperadas, tratamientos médicos, desastres naturales, …) y “shocks” económicos (conflictos bélicos, sequías prolongadas, pandemias, …).
Resulta llamativo observar cómo se está produciendo en el terreno individual un cruce entre el campo sanitario y el financiero, y hace tiempo que se viene hablando de “salud financiera”, cuando se supera el estrés, la ansiedad o la depresión motivada por una mala toma de decisiones que afectan al bienestar personal y/o familiar, y cómo también la conducta financiera (behavioural finance) es un campo de estudio a caballo entre la Psicología y las Finanzas con numerosos trabajos publicados: la aversión o propensión al riesgo, las compras razonadas o por impulso, la tendencia a comprar cuando algo sube de precio y a vender si se observa una bajada, etc.
Les invito a entrar en internet y bucear en webs que nos ayudan en el plano financiero, como “Finanzas para todos” (web patrocinada por el Banco de España y la CNMV), “Conectando a mayores” (con Secot), “Me Apptualizo” con Emancipatic) porque en tiempos convulsos en el plano económico, como los que estamos viviendo, se hace más necesaria que nunca la educación financiera como un pilar básico de la formación personal.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com





