En economía se suele decir que los tres grandes factores de producción son la tierra, el trabajo y el capital. Tradicionalmente la fisonomía económica de un país está marcada por la abundancia de algunos de estos factores, un país rico en recursos naturales como el petróleo tiene una economía definida por este factor.
En la actualidad y después de los cambios habidos en las últimas décadas, el recurso que mejor explica el bienestar de un país es el factor trabajo, o dicho de otro modo el capital humano. Esto es algo que no ocurría en épocas anteriores, la economía digital se ha impuesto y necesita de personas especialmente bien formadas.
Existe hoy en día una estrecha relación entre los niveles de formación de la población de un país y el nivel de bienestar. Así, países con escasos recursos naturales, y con una población especialmente bien formada, están entre los de mayor bienestar económico, no hace falta pensar en Singapur, en Europa tenemos a Irlanda, un país que ha invertido especialmente en formación y cuenta con pocos recursos naturales.
Por eso parece adecuado resaltar que es especialmente importante cuidar durante la pandemia todo aquello que tenga que ver con la formación, nos jugamos mucho, el futuro de generaciones y su bienestar.
Los esfuerzos por mantener y mejorar la formación, aún con las dificultades que impone la pandemia, tendrán importancia para el futuro de todos. En situaciones especiales como las que vivimos, es difícil centrarse y pensar en el largo plazo, por eso debemos ver la formación como una prioridad, aunque nos pueda parecer que ahora lo más urgente se impone y la formación pasa a un segundo plano.
Para aplicar los avances tecnológicos se necesitan personas con cada vez mejor formación, personas que además de contribuir a la riqueza de un país estarán bien remuneradas.
J.J. Rousseau





