Decía Álvaro Morata hace unos días que aquí, en España, opinar es fácil y gratis. Para que mentirnos, razón no le falta… En España todos nos creemos entrenadores, políticos y ahora, en la actualidad, sanitarios e investigadores del coronavirus. Por ello, como aficionado al fútbol que me creo, me voy a permitir el lujo, ya que es fácil y gratis, de opinar.
Fue el sábado por la tarde cuando los jugadores y staff técnico de la Selección Española de Fútbol salían de su hotel de concentración de Sevilla rumbo al Estadio de la Cartuja para jugar contra Polonia. Allí, en los aledaños de la Torre Pelli, multitud de fans se agolpaban en busca de una foto, un autógrafo o incluso, por qué no, de un mero saludo o gesto de cariño por parte de uno de sus ídolos. No fue así. La actitud de los jugadores de “La Roja” dejó mucho que desear…
Todo lo contrario, pasaría el pasado martes, 13 de abril, en Marbella. Allí, la Selección Española Femenina de Fútbol se enfrentaba a México. A la salida, una niña que cumplía años se encontraba a las afueras del Estadio Municipal Antonio Lorenzo Cuevas con un balón que esperaba que fuera firmado por la mayoría de las internacionales. Salían las primeras jugadoras que, tranquilamente, paraban a firmarle a la niña y a hacerse alguna que otra foto. Fue tal el revuelo que se armó, que la seguridad allí presente decidió, por mero protocolo antiCovid, prohibir a las jugadoras cualquier tipo de acercamiento a los aficionados allí presentes.
No obstante, la niña no cesó en su empeño y, a la salida de varias jugadoras, siguió llamándolas para llevarse aquel preciado regalo por su cumpleaños. No se podía. La seguridad lo prohibía. Una seguridad que no contaba con que, si España no ha perdido ningún partido este año, ha sido, en parte, por culpa de jugadoras como Irene Paredes, Marta Corredera, Leila o Ivana. Jugadoras que, sin pensarlo dos veces, fueron a hablar con la seguridad de la Selección para explicar la situación y exponer que el balón de aquella niña tenía que quedarse firmado.
Las jugadoras iban saliendo y, una tras otra, se agolpaban sin dar crédito a lo que estaba sucediendo. Una situación que cambió tras la charla de las jugadoras antes citadas con parte del staff de la Selección. A problemas, soluciones. Así de simple. Las jugadoras iban a ir pasando una a una a firmar el balón y, tras dejar su rúbrica en el esférico, iban a lavarse las manos con el famoso gel hidroalcohólico que lleva acompañándonos desde hace ya más de un año. Simple. Pasaron todas y cada una de las jugadoras y aquella niña, gracias, entre otras, a una de las capitanas de la Selección, Irene Paredes, cumplió el sueño de irse feliz a la cama.
El sábado, Jordi Alba, nuevo capitán de la Selección Española, tenía ese papel, pero no lo cumplió. Aficionados españoles que pueden ser de cualquier rincón de España y que vienen aquí, a mi tierra, Sevilla, para llevarse un mero gesto de aquellos jugadores que ven fin de semana tras fin de semana por televisión, no lo encontraron. Ese gesto, ese detalle, no llegó.
Personalmente, esta semana he tenido que elegir entre un Real Madrid Femenino ya clasificado para Champions que jugaba a dos horas y media de mi ciudad o una Selección Española que se jugaba, en gran parte, el pase a la siguiente ronda de la Eurocopa aquí en Sevilla. Finalmente, me decanté por las chicas y, camino a Badajoz, no os voy a mentir, me pensaba, una y otra vez, si había elegido lo correcto… ¿Y si España le gana a Polonia y yo estoy en un hotel de Badajoz y mis amigos en La Cartuja disfrutando?, era la pregunta que no paraba de pulular por mi cabeza.
Ayer, conforme salía de Badajoz hacía Sevilla mientras pasaban los kilómetros y la flecha del GPS no paraba de avanzar, me reafirmaba en que había hecho lo correcto. No había pregunta que acechara mi cabeza sino un pensamiento único de haber hecho lo correcto. ¿Por qué? Porque el gesto, el detalle, por parte de alguna jugadora antes de volverme a Sevilla, había llegado.
Un simple “Adiós, Ezequiel” de Ivana fue válido para sacarme una sonrisa y saber que sí, que ese era el lugar y el momento indicado. Nuevamente, una capitana ejerciendo de capitana; una líder ejerciendo de líder dentro del campo, con sus compañeras, y fuera de él, con los aficionados. Además, no fue solo conmigo. A la salida del encuentro entre el Santa Teresa y el Real Madrid Femenino, eran multitud los aficionados que se agolpaban en busca de una firma o una foto que, prácticamente todos, consiguieron. Incluso algún que otro fan se llevaba el premio gordo: los guantes de Misa y las botas de Kaci.
Esto no va de la profesionalización del fútbol femenino, del mundo en el que viven las jugadoras y los jugadores o del número de seguidores de unas y otros. Esto va de detalles; y ya saben lo que se suele decir: los detalles son los que marcan la diferencia. Recapaciten.





