La campaña electoral andaluza nos muestra un cambio drástico antes inimaginable en una región que históricamente ha sido joya de la corona socialista, hasta el extremo de que los más jóvenes dábamos por hecho que moriríamos sin ver gobernar a otro partido, y en este contexto, todo indica que el PSOE va a empeorar los que fueron sus peores resultados electores, de la mano de Espadas, que supone volver a los cuarenta funestos años de ruina y corrupción socialista, con una esposa enchufada en la Faffe y un pasado codo con codo con los condenados judicialmente Chaves y Griñán, en cuyos gobiernos fue consejero de Vivienda, que luego apoyó a Susana Díaz y después se convirtió al sanchismo en aras de su propia supervivencia política, purgando a los susanistas del Ayuntamiento de Sevilla.
La debacle del PSOE no se debe sólo (que también) al aumento de la abstención de sus propios votantes por el descontento con Sánchez sino a un trasvase de votos de su electorado moderado de centro-izquierda, que no se ven reflejados en un presidente sin escrúpulos ni límites morales que gobierna de la mano de extrema-izquierda, golpistas y filoterroristas, algo que es aún más intolerable desde Andalucía, una región tan española como leal a la Constitución, sin pulsiones nacionalistas, motivo por el que ahora se decantan por PP y VOX.
Un elemento positivo del nuevo mapa electoral que presenta Andalucía es la división de la ultraizquierda, ya que aquello que antes estaba unido en torno a Podemos en un único núcleo político ahora son dos al sumarse la escisión nacionalista de la neocomunista Teresa Rodríguez y tres si se cuenta el ridículo como minúsculo intento de Andaluces Levantaos, que trata de resucitar al ala izquierda del viejo PA de Pedro Pacheco y de ganar notoriedad a costa de Macarena Olona, pero Adelante Andalucía les ha quitado su potencial espacio político en el nacionalismo de izquierdas porque como dice Aznar, en una carrera entre radicales, ganan los más radicales, a lo que se suman los personalismos, pues Teresa Rodríguez es una figura conocida que ha tenido mucho peso en Podemos y presencia institucional tras su abandono de la formación morada.
Recientemente, Vidal-Quadras denunciaba que el Parlamento Andaluz había aprobado celebrar el Orgullo Gay en los colegios, una propuesta que ha contado con los votos a favor de PSOE, Podemos y Ciudadanos, la oposición de VOX y la abstención cómplice del PP, que de ese modo ha permitido que se aprobase, evidenciando que son el mal menor porque están dentro del mal mientras que VOX es el bien posible al oponerse a un adoctrinamiento político propio de regímenes totalitarios, donde las mentes de los niños están en poder del Estado, que pasa por encima de los padres.
Es evidente que Moreno y Olona no son compatibles sino todo lo contrario, entendiéndose a la perfección con un oportunista camaleónico como Marín, que ha pasado por cuatro partidos políticos y que se ha mimetizado con los gobiernos a los que sostenía: primero, del PSOE y después, del PP.
VOX cuenta con la ventaja de que tiene mucho voto oculto por la antidemocrática estigmatización a la que están sometidos sus votantes, pero han cometido un importante error estratégico al venirse arriba, marcándose como objetivo que Olona sea tras estos comicios la próxima presidenta de la Junta, cuando no van a ser ni la segunda sino la tercera fuerza política pese a su gran subida, y para acabar con la destrucción de la economía y las libertades que representa el sanchismo, PP y VOX deben entenderse, porque como dice Mayor Oreja, para disgusto del PP, VOX no va a desaparecer y para disgusto de VOX, no van a superar electoralmente al PP.
Moreno trata de erigirse como el Macron andaluz, ya que se ha presentado como el “voto útil para frenar a VOX” y crecer por el centro y el centro-izquierda a costa del PSOE y Ciudadanos, es sí, pretendiendo mantener a su votante tradicional del centro-derecha, algo que se antoja imposible al girar a la izquierda en sus políticas en aras de fidelizar a sus nuevos electores, por lo que el votante clásico del PP debe tener presente la disyuntiva que le ha señalado Luis del Pino al decir que aquellos que quieren que el PP gobierne pensando en sus propios votantes, tienen que votar a VOX, mientras que el PP neo-rajoyano y sorayesco de Feijóo y Moreno apelan a los votantes del PSOE para que VOX no entre en el gobierno.
El PP, con Feijóo y Moreno, acelera su deriva progre, pasando a ser como Ciudadanos o el ala moderada del PSOE, dando sólo la batalla para que se pague algo menos de impuestos mientras dejan intacta una Administración elefantiásica, una política socioliberal en el mejor de los casos, de modo que aquellos liberales, conservadores, democratacristianos o que simplemente son de derechas a los que el PP va a dar definitivamente la espalda, tendrán su hogar en VOX al ver que no es el ogro que su viejo partido (en consonancia con la izquierda) les trata de representar sino que es a día de hoy el mejor instrumento en defensa de la Constitución y de los principios que el PP sistemáticamente ha traicionado.





