Los partidos independentistas catalanes y el gobierno de Sánchez se apresuran con alevosía estival a rematar sus acuerdos, que han permitido dos investiduras: la de Sánchez como presidente del gobierno de España, y la del también socialista Salvador Illa, como presidente de la generalidad catalana. Investiduras que no han sido gratis.
El primer pago al independentismo por la investidura de Sánchez fue la inconstitucional amnistía, blanqueada por Conde Pumpido, junto a la despenalización de los delitos de malversación de fondos públicos. Luego, a mediados de julio, la comisión bilateral gobierno- generalidad catalana, acordó, a espaldas del Parlamento, formalizar el pago por la Investidura de Illa: lo llaman “financiación singular para Cataluña”. Un eufemismo que esconde la clonación del cupo vasco y navarro, es decir, privilegios territoriales para los más ricos, a costa de los menos ricos, por no mentar a los pobres. La gran ausente en ese acuerdo para la cesión del 100% del IRPF a la Hacienda Catalana fue, precisamente, la ministra de Hacienda, María Jesús Montero; que anda desaparecida, por no salir en la foto de ese acuerdo infame, que inmortalizaría su alta traición a Andalucía con una sola imagen, de más valor que las mil mentiras que su lengua montaraz es capaz de urdir para intentar confundirnos. Según el imprescindible libro de los economistas Francisco de la Torre y Jesús Fernández Villaverde, con esta “financiación singular” Cataluña dispondrá de 18.000 millones de euros anuales más; y Andalucía, la más perjudicada de todas las regiones con este sistema, perdería 14.500 millones de euros. Esto de quitárselo a los pobres para dárselo a los ricos le parece genial a esta izquierda impostada y traidora, que obvia que los territorios no son sujetos de derechos, sino que cuando hablamos de territorios estamos hablando de personas, con nombre y apellidos. Tomen nota los andaluces.
Andalucía, última CCAA de España en gasto por habitante -para sanidad, educación, servicios sociales y todas las competencias transferidas- será aún más pobre cuando se aplique el cupo catalán. Esa misma Andalucía que hoy gasta menos de la mitad por habitante de lo que se gasta en Navarra, y dónde una familia media de 4 miembros dispone de casi 15.000 euros anuales menos que una vasca. Pero esta Andalucía de pandereta no se entera, porque todos se callan lo esencial. ¿Qué dice el PP? Nada, porque, ¿quién sabe?, quizás mañana necesite los votos de JUNTS y del PNV para no tener que pactar con VOX, como ya están insinuando. Mientras el presi Bonilla hace aspavientos de salón, con su banderita de papel cuché, Feijoó, su jefe, lanza un órdago desde Barcelona al independentismo: “Sé que Cataluña necesita más financiación, y la tendrá en una mesa dónde nos pondremos de acuerdo.” ¿Y qué dice VOX? Tampoco dice nada, en su ideario no existe el estado de las autonomías, por lo que obvian el estado autonómico asimétrico que padecemos; sus catorce diputados en el Parlamento andaluz equivalen a cero, en lo que a denuncia del agravio se refiere. De la izquierda y la ultraizquierda, ni hablamos, hace años que se vendieron a los nacionalismos ricos del norte y a todos los ismos posmodernos de los grupos enfrentados por falsas identidades.
Con estos pactos inmundos, inconstitucionales -el artículo 138 de la Constitución prohíbe los privilegios económicos entre CCAA-, e incluso prevaricadores -usar medios públicos para alcanzar fines partidistas privados- finalmente es el Estado de derecho español el que se degrada, incapaz de defender el derecho fundamental más importante de todos, que sustenta a los demás: la igualdad. Si un Estado no puede garantizar la ciudadanía plena a todos por igual, deja ipso facto de serlo. Pero, tanto los enemigos declarados de España, como sus falsos salvadores, permiten estos agravios entre ciudadanos, y colaboran así a la degradación de toda España. Mientras tanto, Andalucía sigue sin voz ni voto ¿Qué necesita Andalucía -y España- de nuevo y con urgencia? Respóndanse ustedes mismos. Yo creo que hoy se llama @poder.andaluz





