El titular del artículo que leí hace unas semanas me llamó poderosamente la atención: “Deep plane, la cirugía que todos quieren… por medio millón de dólares”. En él se comentaba que Kris Jenner, de 70 años, y matriarca del clan Kardashian, había puesto de moda entre los megarricos estrenar nueva cara gracias a un lifting profundo.
Este procedimiento médico estético de lujo, Deep plane facelift, cuya traducción al español viene a ser lifting en plano profundo, consiste en reposicionar la capa muscular y de tejido conectivo subyacente, conocida como el SMAS (Superficial Musculoaponeurotic System), repartir la grasa y alterar los ligamentos de la cara. Las incisiones son mínimas (en la oreja o en la línea del pelo) y deja menos hematomas que el lifting tradicional, que solo tensa la piel, y lo que nos suele mostrar es un rostro «estirado», poco natural.
Con esta técnica, en lugar de simplemente despegar la piel y luego tirar del SMAS, el cirujano manipula el tejido que hay debajo de este, lo que permite liberar y elevar los ligamentos de retención facial que se han aflojado con el tiempo. Al liberar estos ligamentos y mover la musculatura y la grasa como una unidad, el lifting consigue un efecto de elevación y reposicionamiento mucho más natural y duradero, se corrige la flacidez en la línea de la mandíbula, la papada y la parte media del rostro, y resulta muy efectivo para pacientes con una blandura facial significativa, proporcionando una solución más completa que los minilifts o técnicas superficiales.
No sé si algún lector que haya llegado hasta aquí está dispuesto a pagar los 250.000 dólares que cuesta la intervención de unas cinco horas, a lo que hay que añadir las consultas (a 5.000 dólares cada una) y posteriores tratamientos (una vez hecha la cara, se sigue con el cuello, el escote…) En Sevilla contamos con una autoridad a nivel nacional en esta materia como es la Doctora Lagüens Cobo, a quien me remito.
Me parece terrible la presión a la que se ven sometidas algunas personas para llegar a desembolsar estas cantidades con el fin de evitar algo tan natural como el envejecimiento de nuestra cara, y me llama la atención el pago de estas cifras por estos potentados en un mundo tan necesitado de una mejor distribución de la riqueza, pero no quiero entrar en juicios. Es como si una mujer (las mejores clientes de estos tratamientos) le dijera a otra: “No eres fea, eres pobre”.
Al fondo de todo, hay una cuestión que ha ocupado siempre la mente del ser humano: “saber envejecer”, un concepto filosófico, cultural y psicológico. Recurro a una de mis lecturas favoritas al respecto: “De senectute” (Sobre la vejez) de Marco Tulio Cicerón, en la que el gran orador romano refuta las cuatro principales quejas o motivos de desdicha que se suelen atribuir a la vejez:
- La vejez no es un impedimento para la actividad, ya que esta se realiza con la mente, la experiencia y la autoridad, más que con la fuerza física.
- La vida no debe valorarse solo por la fuerza: el ejercicio intelectual la mantiene vigorosa.
- La privación de los placeres físicos es una bendición, pues estos tiranizan al hombre, siendo sustituidos por el gozo del estudio y el servicio.
- Finalmente, aborda la cercanía de la muerte, afirmando que es un acto natural y que, si el alma es inmortal, es una liberación, y si no, no hay nada que temer.
La expresión «saber envejecer» o el arte del ars vivendi en la vejez, trasciende la apariencia física. Se refiere a la aceptación (reconciliar la imagen interna de uno mismo con la realidad externa de un cuerpo que cambia), la adaptación (redefinir el rol, por ejemplo, pasar de ser el líder en el trabajo a ser un mentor, o de ser el cuidador a ser la persona cuidada) y la valoración de las etapas tardías de la vida (manteniéndonos activos y con propósito, a pesar de los inevitables cambios biológicos y sociales).
Leon Trotsky dejo escrito en su “Diario en el exilio” que «La vejez es la más inesperada de todas las cosas que le pueden pasar al hombre», pero es de sabios asumirla y vivirla con naturalidad. La paz y el bienestar que se asocian con un envejecimiento exitoso (o «saber envejecer») son, en última instancia, un trabajo interno que ninguna intervención quirúrgica puede lograr por sí misma. Es la integración de un cuerpo, que cambia, con un espíritu, que evoluciona.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






2 Comments
Aportando a saber envejecer, tratado por Alberto Amador Tobaja y dispuesto a evitar los trastornos de turnos, consultas, cirujas y costos, he querido revalorizar un ancestral refrán hispano como consuelo al inevitable tema: «Más sabe el diablo por viejo que por diablo».
Felicito y saludo cordialmente al autor.
Estimado Alberto , gracias por tu mención .
Te diré que en primer lugar , respetamos mucho lopps riesgos en salud que pudiera tener un tratamiento estético . Y dicho esto, la estética entendida como bienestar , la podemos indicar en los siguientes casos :
• Prevenir el envejecimiento acelerado
• Corregir signos visibles que afectan al bienestar del paciente
• Restaurar proporciones naturales
• Mejorar la autoestima y calidad de vida
Entendidas las intervenciones estéticas como resolución de una necesidad , tienen su cabida en cuanto a mantener un aspecto físico saludable en un periodo activo de nuestra vida y con un estado aceptable de salud y un estilo de vida saludable .
Todo tiene su momento. Ni los excesos son buenos ni la falta de necesidad.
Gracias por tu artículo , recibe un cordial saludo