Tras la lectura del artículo de la semana anterior, cabría concluir que al poder (sea del signo que sea) le interesa una población ignorante y acrítica, y al mercado laboral unos trabajadores que antepongan los conocimientos tecnológicos a una formación que les haga sentirse seres humanos. Probablemente, la única salida a esta situación sea la de convertirnos todos en autodidactas, y guardar como un tesoro los textos clásicos como hacían los gobernantes de la novela “Un mundo feliz”, de Aldous Huxley.
Algo parecido ocurrió durante la Edad Media, cuando los conventos y los monasterios hicieron de “cajas fuertes” de todo el saber clásico, hasta que irrumpió el Renacimiento, propiciado por mecenas y poderes económicos y espirituales que divulgaron el saber de la Antigüedad.
En estas consideraciones me encontraba cuando descubrí la expresión “Humanidades digitales” (HD), área múltiple de investigación instrumental, aplicaciones y construcción digital en la que converge el uso de la informática con las ciencias humanas.
Enfocadas a intervenir sobre la diversidad de campos propios de este saber, tienen como herramienta principal las nuevas tecnologías, así como la utilización de plataformas, desarrollos de software y, en general, medios digitales. Pueden reorganizar datos e información a gran escala, lo cual permite el acceso a una visión global del objeto de estudio.
Las humanidades digitales son una forma de re-imaginarlas, retomando el objetivo de estudiar el desarrollo del ser humano en relación con su historia y su cultura, con las nuevas posibilidades de creación y difusión del conocimiento. Son una oportunidad de devolverles su importancia social. Anteriormente conocida en el ámbito hispánico como informática humanística, ha cambiado su nombre en varias lenguas y regiones, permitiendo una mayor conexión entre la cultura y la tecnología.
Me sorprendí al enterarme de que estamos ante una disciplina nacida en los años cuarenta del pasado siglo, y de que fuera precisamente un jesuita su impulsor, el padre Roberto Busa, italiano, el fundador de las Humanidades digitales por su uso del ordenador para realizar la lematización de las obras de santo Tomás de Aquino. Ya desde entonces, el trabajo con corpus lingüísticos constituye una de sus áreas más destacadas.
Hasta mediados de 2000 la disciplina se llamó Humanities Computing. En España, durante los primeros años del siglo XXI, en ocasiones se utilizó la expresión «Informática humanística» siguiendo el modelo italiano. A partir de 2003 se pueden encontrar los primeros usos de la expresión «Humanidades digitales» en trabajos académicos publicados en lengua española.
Son dos sus objetivos principales: La creación de bases de datos a partir de recursos digitales para el desarrollo de nuevas estrategias de trabajo que permitan crear, organizar y analizar información, con el fin de generar conocimiento que facilite el avance en el estudio de las Humanidades, y, en segundo lugar, la transformación de lo humanísticamente tangible al mundo digital, para su preservación y difusión.
¿Dónde se utilizan más? En bibliotecas, para acoplar y brindar la información necesaria que requiera un investigador y si eso se cumple, se llega a tener más acceso a una gran cantidad de información en diferentes versiones; en museos, para crear diferentes colecciones digitales; gracias a la tecnología se ha realizado un trabajo colaborativo en los Museos digitales (esto aumenta las posibilidades de intervención, conservación, interpretación y conocimiento sobre el artista); en la promoción de la lectura: mediante el diseño digital de libros, folletos y otros materiales promocionales, listas de lecturas digitales; además, la digitalización del contenido humanístico hace del ciberespacio un lugar de encuentro y diálogo entre lectores-lectores y lectores-autores que se reúnen a tratar una gran diversidad de temas: libros que leen, autores favoritos y sugerencia de lecturas; en la docencia y la educación: enseñar y aprender humanidades ya no solo es tener el conocimiento de la asignatura; implica ahora saber trasmitirlo, utilizando las herramientas actuales (TIC y HD), aprender y enseñar a encontrar en los sitios web correctos, analizar esta información y convertirla en competencias para su desarrollo.
En esta línea lleva trabajando años el Foro “I+D+C – Artes y Humanidades”, organizado por el Círculo de Bellas Artes de Madrid, que ha puesto de manifiesto con sus encuentros que esta rama del conocimiento enseña a pensar, que provee de herramientas para encontrar respuestas a preguntas (incluso para cuestiones que creíamos resueltas) y que casa bien con el uso de las nuevas tecnologías y la Inteligencia Artificial (IA).
No deben estar presentes sólo en las aulas, sino también en las actividades extracurriculares y en proyectos transversales de distintas materias, pues está más que demostrado que la exposición al hecho artístico mejora la creatividad y, por tanto, abre vías para una mejor disposición de la innovación, que no puede limitarse a la tecnología.
En definitiva, Humanidades e Innovación/tecnología son dos de los pilares en los que, cualquier persona que aspire a alcanzar un puesto de responsabilidad en la gestión de personas, debe formarse para tomar decisiones que vayan en beneficio de todos.
Alberto Amador Tobaja: aapic1956@gmail.com






1 Comment
Realmente desolador el panorama descrito en el primer artículo de este interesante tema. Por comentar, recuerdo que en clase de latín el inolvidable profesor Luis Arguelles nos decía que entonces con 15 años que teníamos nos preguntábamos ¿ Para qué sirve el latín ?. Nos decía que en ese momento, sólo servía para aprobar y pasar de curso, pero que con el tiempo, la experiencia y el estudio entenderemos que también sirve para «comprender » el mundo del que procedemos, al igual que la Historia. En efecto, también la filosofía, básicamente nos ayuda a pensar, el lenguaje y la literatura a expresarnos, etc etc Me congratula saber que no está todo perdido y que la tecnología ayudará a evitar la debacle humanista. La tecnología, informática, internet, etc que muchas veces criticamos por el mal uso que hacemos ( me incluyo ), está claro que, bien utilizadas deben servir para avanzar en el conocimiento y sostener la cultura en vez de destruirla.