Cuando se acercaban las fiestas de Navidad y Reyes, Luís F. Rull y yo solíamos recomendarnos libros recien descubiertos, casi siempre para alimentar nuestros debates. Hoy le recomendaría los «Diarios» completos en cuatro tomos de André Gide, un autor de dudosas ideas, resplandeciente lucidez literaria y que escribe sobre todo lo divino y lo humano.
Para Gide todo aquello que no pueda ser comprendido por la razón no existe o es fruto de la mentira; por eso mismo se lo habría recomendado al profesor Rull, un físico de alto rango, enamorado de las matemáticas que como científico sostenía la realidad demostrada de fenómenos incomprensibles para la razón humana: determinados aspectos de la Relatividad de Einstein y de la mecánica cuántica. Según él -que no era precisamente un meapilas- hay preguntas que el cerebro del hombre no podrá responder jamás: ¿Quién apretó el botón del Big Bang? ¿Qué es la nada?
Un divulgador científico de corte materialista, aprovechando la Navidad explica en televisión que sí, que de la nada pudo surgir el cosmos pues existen hipótesis científicas (no demostradas) sobre «ondas» (¿eternas en origen?) que estallaron en un determinado momento fechado. Muy convincente para las multitudes teleadictas, pero una tremenda contradicción lógica que hace más difícil aún entender el gran estallido originario.
Una «onda» que se mueve y ese movimiento «crea» por fuerza el «tiempo»; conceptos incompatibles con la nada. Y siguen las incompatibilidades, pues un movimiento (de la supuesta onda) que «procede» del «infinito» no puede nunca recorrer el tiempo y la distancia hasta llegar al punto (hace unos trece mil millones de años) del estallido cosmológico. La aporía de Aquiles y la tortuga. Demasiado fácil y contradictorio el razonamiento de Gide como para convencer a la razón.
Sobre tales cosas -y casi nunca estábamos de acuerdo- discutíamos el pasado año Luís Rull y yo. Discusiones civilizadas y llenas de amistad desde ángulos muy distintos del conocimiento.





