Sin duda alguna esta ha sido la semana de Morante de la Puebla. Su retirada, el pasado 12 de octubre. En Las Ventas, por sorpresa, tras cortar las dos orejas de su segundo toro de la tarde, Morante se quitó la castañeta con sus propias manos. La noticia de la retirada de Morante ha acaparado las redes, en España y posiblemente en Hispanoamérica, muy por encima de la de los acuerdos de paz para Gaza y de la concesión del Premio Planeta. Lo siento por el ministro Urtasun, pero es lo que hay.
Con su retirada, Morante, lejos de dejarnos huérfanos, ha dejado claro que la afición taurina está más viva que nunca y que, entre a otras razones, esa viveza se le debe a él. Morante no solo tiene partidarios, Morante ha creado afición, como no podía ser menos tratándose del mejor torero del siglo XX y hasta el momento del XXI. ¿Exagero? Para nada, vean los videos de las corridas de Morante y ya hablamos. El cigarrero es un torero único, genial, un torero de esos pocos que incluso teniendo una tarde mala, está bien. Solo con verle hacer el paseíllo ya merecía la pena ir a la plaza. Morante, como todo artista, cuida al detalle cada cosa, empezando por el vestir. Vamos a echar de menos hasta sus vestidos de torear. ¿Volverá Morante? Creo que no, pero vaya usted a saber, lo mismo me equivoco, aunque sí creo que será posible verle en algún festival que lo merezca.
Otra de las noticias de la semana, a nivel internacional, ha sido ese acuerdo de paz firmado en Egipto, acuerdo que a mi modo de ver, no solucionará el conflicto palestino, a menos que se acabe con Hamás y de paso con la Autoridad Palestina. Ya se verá que pasa.
Volviendo a la actualidad española, lo del poeta viudo atacando a RAE, diciendo que su presidente, Santiago Muñoz Machado, no tiene nivel cultural suficiente para el cargo, por ser catedrático de Derecho administrativo y abogado, a mi me da mucha risa; el viudito piensa que los catedráticos de Derecho y los abogados no saben leer ni escribir. ¡Qué cosas! No se pierdan lo que le ha contestado, magníficamente, al viudito el escritor Álvaro Pombo.
De la literatura y para terminar el repaso de la semana, voy a hablar un poquito de, Juan Romero, pintor sevillano, nacido en 1932, que en estos días y hasta el 25 de este mes de octubre, expone sus obras en la galería Birimbao. Juan Romero, a sus 93 años sigue pintando – el dice que pinta, que no trabaja – como viene haciendo desde su juventud. Romero, tras licenciarse en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla vivió en Paris, del 59 al 72, año en el que vuelve a España instalándose en Madrid. De aquellos años son una serie de cuadros de, ¨Monstruos¨, caras grises con fondos negros, donde a pesar de la negrura ya se atisbaban en esos fondos, minuciosos redondelitos, estrellas y florecillas que de aquellos fondos se fueron extendiendo hasta las cabelleras y vestimentas, de unos personajes, imaginados o soñados que nos miraban como perplejos y con cierto aire de ironía. De aquellos divertidos monstruos, Romero pasó a pintar, pájaros, peces, flores, tiovivos, mariposas, circos y todo ese mundo luminoso, casi infantil, pero no naif, nada de naif. Romero no es un pintor naif, Romero estudio siete años en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, ganando la por entonces codiciada beca de paisajes, del Paular; eso de calificarlo como naif lo han hecho algunos indocumentados que van de expertos.
Romero es un pintor fuera de serie, cosa esta de la que me di cuenta en 1968, hace cincuenta y siete años, cuando a mis quince años vi una exposición suya en la galería La Pasarela. Por aquel entonces los modernitos sevillanos veían la pintura de Romero, peyorativamente, como pintura decorativa, ornamental. A ellos les daba igual que Romero hubiera ganado el premio de la crítica en la Bienal de París de 1967 y a Romero siempre le ha dado igual esta chorrada de los modernitos, es más, en varias entrevistas, ha dejado claro que le gusta que digan que su pintura es ornamental, le encanta que le digan que sus cuadros son bonitos. La tendencia actual en el mundo del arte es alabar lo feo, lo desagradable, lo descompuesto y Romero no sigue tendencia alguna, Romero pinta lo que quiere, lo que se le ocurre y pinta todos los días, porque la pintura para él no es un trabajo, es un forma de vida. No se pierdan la exposición de Juan Romero, merece la pena verla y seguro que les alegra la vida, aunque solo sea por un rato.
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