
No soy mucho de concursos. O mejor dicho, nada. Aunque algunas veces haya participado como jurado en concursos de flamenco, insensatez de juventud, en alguno de la Federación Provincial de Sevilla de Entidades Flamencas o en el de Mairena del Alcor, que una vez delegué en mi amigo Antonio Torres, siempre recordado.
Pero no soy de participar en concursos. Literarios, nunca, jamás de los jamases. Y no por no gustarme participar sino porque soy consciente de antemano de que soy víctima, perdedor. Porque jugar y perder son sinónimos en esta vida.
Pues la Bienal de Flamenco, en sus comienzos, se basó fundamentalmente en los concursos. Requeteconocida es la historia del primer Giraldillo del cante, cuando las peñas flamencas eligieron a seis cantaores para participar: Fosforito, José Menese, José de la Tomasa, Juan Peña Lebrijano, Luis de Córdoba y Curro Malena. A última hora, y por “disparidad de criterios hacia el contexto y objetivos” se apeó del concurso el rubio de Lebrija y por él entró el mairenero y mairenista Calixto Sánchez, que acabó alzándose con el Giraldillo, siendo los miembros del jurado Manuel Herrera Rodas, Luis Caballero, Manuel Rodríguez Granados, Agustín Gómez y Paco Vallecillo. Las cosas de la vida… Conocido, y reconocido y recordado, es también el cante por seguiriyas que se marcó un joven de Paradas, Miguel Vargas, que desde el escenario del Teatro Lope de Vega llegó a imprescindible en los carteles de los festivales veraniegos.
Menos conocida es, y por eso me apetece traérsela hoy a ustedes, la historia del Primer Concurso de Ensayo y Letras Flamencas, enmarcado en la I Bienal de Flamenco Ciudad de Sevilla, donde ganaron, casi ná, el jiennense Manuel Urbano (q.e.p.d) en la categoría de ensayo; el de las coplas de cinco versos fue para José Capdevilla Orozco (q.e.p.d); Javier Salvago fue el ganador en la de tres versos (“A las claritas del día / el sol por los olivares / y tus manos ya tan frías…”); en las coplas de cuatro versos José Luis Blanco Garza, poeta fundamental en las letras del flamenco, y José Luis Rodríguez Ojeda en el género de seguiriyas (“A las siete fui a buscarte / y a las siete me enteré / que se había secao la fuente / y era tarde pa bebé”).
La poesía es piedra filosofal en el arte flamenco. Sin poesía, en su más amplio sentido, no habría cante. Así de claro. ¿Qué contarían los artistas si no existieran versos flamencos que llevarse a la boca? Ni siquiera toque, que las seis cuerdas de la guitarra tienen que ir bien cuadrás como vuelan las décimas o los sonetos. Ni siquiera el baile, que el un dos tres, un dos tres, me suena a ir contando las sílabas del verso. Ni compás, que es la regla primigenia de la poesía. Ya lo dejó escrito Manuel Machado: “Vino, sentimiento, guitara y poesía / hacen los cantares de la patria mía. / Cantares… / Quien dice cantares dice Andalucía”.
No sería mala idea, creo, recuperar este tipo de concursos literarios, señor director de la Bienal, dicho sea con el mayor de los respetos. Y si no como concurso, sí en otro formato. Pero sí es importante que la creación literaria forme parte de la programación de un festival flamenco de la categoría y la repercusión de la Bienal. Y en nuestra tierra estamos preñados de poetas y escritores de primer nivel, que podrían aportar sus formas y sus maneras al mundo del flamenco desde la palabra, desde la voz desnuda.
Si me hicieran caso —que no lo creo, pero dicho queda— y se volviera a organizar un concurso de poesía flamenco, y si yo fuera poeta, tampoco participaría en este tipo de certámenes. Por miedo a perder y a no dar la talla, por supuesto. Torero que es uno. ¿Qué le vamos a hacer? Pero la creación literaria si debería tener su sitio en la programación de la Bienal de Flamenco, aunque solo sea un rinconcito mu oscuro.






3 Comments
El escritor Eduardo J. Pastor evoca como reclamo para el arte flamenco los «concursos literarios». Valorando a Manuel Machado: «Quien dice cantares dice Andalucía», recuerdo que las palabras son la esencia del pensamiento. En nuestro actual confundido Mundo Occidental obrarían como «el faro» hacia superador porvenir.
Adhiero y felicito el pedido del autor.
Así debería ser. Pero… saludos.
Agradezco su atención. Amigo Eduardo J. Pastor, le recuerdo «Que no está muerto quién pelea». Abrazo al sensato escritor.
Claudio