Este muchacho, el David Uclés, es un campeón. Pero un campeón de los grandes. No solo por lo requetebién que escribe— que hasta ha ganado el Premio Nadal—, que compone, que traduce y que dibuja, sino por lo tolerante que es. En un acto de total coherencia ha decidido no participar en unas jornadas culturales sobre la guerra incivil porque en los carteles también están anunciados José María Aznar y Espinosa de los Monteros. Ahí, con dos cojines para el tresillo eskay. Lo que cantaba Juana Reina, Reina de la copla, en su espectáculo “Solera de España nº 3” de… “En los carteles han puesto un nombre que no lo quiero mirar…”. Pues lo mismo ha hecho el ubetense Uclés, pero sin compás, sin la gracia de la del barrio de la Macarena y sin Quintero, León y Quiroga. Y muy bien hecho, sí señor.
El otro día estábamos en la taberna de palique y yo me levanté y me fui porque hablábamos de pelota. Y como había uno que no era de mi equipo, lo dejé con la palabra en la boca y la copa de manzanilla en la mano. Que no es de hombres hablar con alguien que no sea de tu equipo.
Sin ir más lejos, hace poco, esperando mi turno en la barbería me tuve que salir a la puerta de la calle porque había allí uno dale que te dale con que si su hermandad esto o lo otro. Y como yo no soy de esa cofradía, pues nada: chitón y me voy.
Eso de hablar con alguien que no piense como tú está muy antiguo y muy pasado de moda. Ahora lo que se lleva es hablar solo con los de tu cuerda, para tocarnos las palmitas el uno al otro. ¿Pero discrepar? Eso está ya más antiguo que la tos, más viejo que el hilo negro.





