Éramos unos niños cuando, poco después de aprobarse la Constitución en 1978, mis amigas Patri y Lily y un servidor fundamos la «ASOCIACIÓN VECINAL DEL BARRIO DE NERVIÓN, INFANTIL, ADOLESCENTE, JUVENIL, CULTURAL, DEPORTIVA, SCOUT, MONTAÑERA Y SOLIDARIA«.
Su larguísimo nombre evidenciaba nuestra inocencia de críos. Intuíamos que la Constitución abría una ilusionante etapa, de modo que, sin saber de la Misa la media, nos aventuramos en la odisea de crear una asociación, convencidos de que así participábamos en la construcción de un sistema de derechos y libertades en nuestro barrio.
Recuerdo que nos temblaba la mano al escribir a boli los estatutos. En nuestras mentes infantiles veníamos a ser los redactores de la Declaración de 1776 de independencia de las trece colonias de América con respecto a Inglaterra. Luchando por nuestro barrio de Nervión.
Tuvimos nuestra biblioteca en un trastero. Nuestro equipo de fútbol ( el «Sporting de Nervión«, je, je …). Nuestra sede en la mismísima casa abandonada del Marqués de Nervión, de quien toma su nombre el barrio. Nuestra cuota asociativa (100 pesetas al año que se redondeó a 1 euro mucho después).
Y, sobre todo, teníamos la profunda convicción de que la democracia requiere de la formación del pueblo. Respetuosos debates sobre algún tema que afectaba a Nervión; iniciativas para resolverlo; decisión por mayoría y traslado al Distrito, con la esperanza de que el Ayuntamiento actuase.
Me asombra que la asociación siga vivita y coleando desde 1979, que ya ha llovido. Entre los chavales que en ella participábamos recuerdo especialmente a Fran Caballero, un chico estupendo y alegre de Condes de Bustillo, fallecido en 2023. Porque supongo que a nuestra asociación le ha ocurrido como a las comunidades de frailes, que se robustecen cuando uno de ellos marcha al cielo. ¿Verdad amigo Fran?
Con pocos abriles un menda fue elegido «Coordinador de niños, adolescentes y jóvenes«. Me fueron revalidando en esa responsabilidad hasta que, por un elemental sentido de la vergüenza, me di de baja en ese cargo con treinta y tantos tacos de almanaque: uno no era niño, ni adolescente, ni tan joven. Ya le tocaba a otro colega, con menos edad, asumir esa función.
Poco a poco, al irme metiendo en otras guerras de trabajo y de hipoteca, al casarme y nacer mi hijo, fui minorando mi presencia. No tenía tiempo. Pero sigo pagando religiosamente mi cuota, asistiendo a las asambleas y ayudando en papeleo y demás.
Por eso me río ahora. Ahora que me queda un cuarto hora para cumplir sesenta, porque acabo de recibir un email de la nueva junta directiva en el que acuerdan darnos de baja en la asociación a Patri, a Lily y a servidor por nuestra «falta de implicación«.
Me carcajeo a mandíbula batiente porque entiendo el inglés y las malas artes de quienes actúan manu militari en el tejido asociativo.
Provienen de las juventudes de cualquier partido con representación en el Ayuntamiento y desembarcan de pronto una docena de ellos en la asociación. Hablan de lo mucho que les duele el barrio y tal, bla, bla, bla. Siguiendo un guión dictatorial y diciendo «sí bwana» a las voces de sus amos, convocan una asamblea el 1 de agosto (joh, casualidad!), cuando no hay ni un carmen en Sevilla. Se votan entre ellos y acceden a la junta directiva. Y acto seguido eliminan cualquier atisbo de democracia. En este caso los fundadores: Patri, Lily y quien suscribe.
Me río de veras porque, con agostosidad y alevosía, nos conceden un plazo por si queremos alegar que coincide (joh, casualidad!) con el mes de agosto, para dejarnos fuera de juego. Me río porque deben pensar que la Patri, la Lily y este Pepe nos hemos caído de un guindo, cuando lo cierto es que cuando a estos aprendices de dictadores les estaban cambiando los pañales, nosotros tres ya teníamos más mili hecha en participación vecinal que el Cabo Machicaco. De modo que acepto el reto y recojo el guante. Y hago públicas estas alegaciones mías, salga el Sol por Antequera.
Y les advierto de la iniciativa que la Patri, la Lily y servidor vamos a llevar a la próxima asamblea: modificar el nombre de la asociación. No, no lo vamos a poner más breve. Lo vamos a ampliar. Más largo todavía de lo que ya es. A la denominación de la asociación como vecinal, infantil, adolescente, juvenil, cultural, deportiva, scout, etc… queremos añadir: «Y DEMOCRÁTICA«.
Precisamente por eso, porque creemos en la democracia. Y ahí tienen la puerta quienes vengan a medrar políticamente y no lo sean. Vamos a cambiar el nombre para subrayar nuestra DEMOCRACIA. Mal que les pese a quienes quieren dejarla hecha unos zorros. Así, como suena: «Y DEMOCRACIA«. Por todo el morrazo.
(Dedicado a los miembros de la «ASOCIACIÓN SENTIDO COMÚN», que tanto me enseñan con su ejemplo y de quienes tan orgulloso me siento de considerarme su amigo).
Pepe Rodríguez Hervella: perrogrifon1965@gmail.com





