Como es habitual cuando el suceso incluye maltrato o muerte de un bebé, la noticia nos conmovió ocupando las primeras páginas: una menor de edad dio a luz en secreto, y el padre (también menor) habría arrojado al recién nacido en el río Besós de Barcelona tras un frustrado intento de enterrarlo, maniobra percibida por algún testigo que avisó a la policía.
Apenas conocidos los hechos, se activaron los dispositivos extraordinarios
Pues si ese mismo hijo «no deseado» lo hubiesen eliminado sus padres en un abortorio unas horas antes del parto, la máxima sanción que habrían recibido sería una multa, si es que su letal conducta llegara a juzgarse, superando el poderoso coro de voces progresistas que se alzaría reclamando impunidad, alegando que se trataba del ejercicio de un derecho.
Terrible signo de un inquietante progreso, cuando el derecho a vivir de un ser humano pasa a depender del deseo ajeno.






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Dando en la diana como siempre Miguel Ángel Loma.